Pues no salgas… No te daré galletas.

Más tonta tu..

(Y mientras, la perra paseándose).

Se asoma.. Tuerce el cuello,
y me mira, implorante:

  • Se ha ido ya la oveja..??

La “oveja” lleva tres días a mis pies. En el sofá, en el escritorio.
Un flechazo.

Que zorra..!!
Sabe que hablo de ella.
Las dos saben que hablo de ellas.
Ésta -la oveja-, se acurruca en el suelo, a los pies de la cama… La otra espera porque sabe que tengo que volver (para cerrar el grifo del agua, de donde bebe nuestra princesa)
Ahora vuelvo…

 


Bueno, esto, que a priori parece inconexo, es una conversación con mi gata.

En casa, además de los animales bípedos, conviven tres cuadrúpedos, el husky, la perra y la gata. Además, tal y como presenté el otro día, tenemos en casa a otros dos. El chiquitillo de una hermana y la perra de aguas, color chocolate  de otra de mis hermanas.

https://montxomon61.com/2016/12/25/cocinando-para-la-familia/

Ona, La color chocolate, por instinto, corre tras todo gato que ve. El canijillo también, pero por motivos obvios -de tamaño-, ya se cuidará de “enfrentarse” a mi gata.

https://montxomon61.com/2016/12/03/la-reina-de-mi-casa/?iframe=true&theme_preview=true

Mi gata, que es una marquesa mal acostumbrada, bebe agua del grifo. Primero asoma un poco una pata -como si estuviera tanteando la temperatura de la misma-, si la encuentra de su agrado, bebe. También come galletas. Y por supuesto, duerme a mis pies en la cama.

Como estos días Ona duerme a mis pies, parece que Pelusa (mi gata), parece que diga:

  • Se ha ido ya la oveja..??

 

 

Mis perros. 

Kas y Lua  (5)

Mis perros.
Los amo.

Estamos en un bar. Junto con la cerveza nos ofrecen unas aceitunas. Ya he dicho alguna vez que no son de mi agrado.
Se las voy dando a mis canes.
Una a la pequeña, otra al husky.
La primera hace “glup” mientras el segundo mordisquea y mordisquea hasta dejar el hueso.
La otra, cada vez, me mira como diciendo:

  • Ya está. Ya he tragado, dame más.

Y vuelta a empezar. Doy una a cada uno. Una traga y el otro muerde con delicadeza hasta escupir el piñol.

Invariablemente, cuando me levante a pagar, ella aprovechará para comerse todos los huesos que el otro dejó.
Un espectáculo.

Hipocresía canina?

Voy caminando con mi perro.

Cruzo por una urbanización de pijos.

Donde todos sus congéneres bien comidos, tras la siesta, pugnan por ladrarle tras sus muros.

Tenéis que ganaros vuestro pan, está claro. Pero podíais ser menos hipócritas…

Después de todo, mi perro es el único que camina libre fuera de vuestras murallas.

Tan sólo una perrita negra y vieja es capaz de salir y aventurarse a saludarle!!

Kas y Lua  (7) - copia

 

 

Han quitado el árbol que interrumpía el camino.

 

Foto árbol caído bosque

Parece ser que el verano, -los veraneantes,  una vez más-, han modificado nuestros paseos. Seguro que, los ciclistas de montaña, se han quejado de que un árbol entorpecía sus carreras rurales.

“Lástima… -parecían decirme los ojos de mi perro-, …con lo bien que servía para el alto en el camino”.

Lo miro.

  • Qué mayor te estás haciendo.

Parece que era ayer cuando trotabas por estos bosques. Siempre -incansable-, delante de mí. Descubriendo (me) juntos los paseos a la par que nos conocíamos. Siempre fiel. (Yo cargaba con el sentimiento de culpa de, a la vuelta, encadenarte a aquella caseta en la fábrica). Cómo ibas a saberlo, cada vez? Fueron unos meses de alborozo y tristeza a la vez. Luego llegaste a casa…

Hoy hemos repetido el paseo de antaño. Lorenzo nos dio un respiro y alguna nube negra presagiaba llover. Un buen día para trotar.

Has llegado, primero -aunque renqueante-, al árbol caído, desde lejos ya he percibido tu tristeza. Ya no cruzaba el camino, tronzado sobre si mismo. Ahora, tan sólo apartado al real paso humano, parecía postergado a mimetizarse con el tiempo en su entorno.

Nos hemos sentado igual. Recordando. Sintiendo el calor de su corteza. Recorriendo su sabia reseca. Los hilillos de hormigas yendo y viniendo en doble sentido recolector, parecían aconsejarnos: “largo, no interrumpan nuestra labor recolectora”. hemos aguantado estoicos. Calmando el resuello con las breves sombras del medio día.

“Lástima… -parecían decirme los ojos de mi perro-, …con lo bien que servía para el alto en el camino”.

 

Sueños vergonzosos.

Sueños vergonzosos dentro de mi sección “Me entiende mi perro?”, es un sueño que tuve ayer por la tarde durante una breve siesta con el sol dándome en la cabeza. Un horror. Lo he titulado así dado el sentimiento de culpa que percibí al despertar.

El sueño era una serie de indicaciones, miradas y conversaciones con mis canes. Si bien cuando estoy despierto ya lo hago (hablar con ellos), en el sueño no me pareció tan amable la conversación transcurrida.

 * Enseñar, a que (mi perra) vaya a pagar la cuenta en los bares en que me paro con ellos.
Va con el platillo con la nota. Se contonea. Los habituales le tiran monedas.
(mi perro) se la mira de reojo como pensando:


– De lo que eres capaz por un recorte de chorizo.


Cuando -ella- parece darse cuenta, me mira de reojo en plan:


– Tú crees que hago el ridículo?


Generalmente, la ignoro. La experiencia me reconforta a dejarla hacer. Así consigue que le den para pagar otra birra.
Luego, cuando sumisa y cabizbaja vuelve, no dejo de despreciarla con un:
* Pide aceitunas. Son gratis y a mí no me gustan.