Con el sol en la nuca.

Hoy me he sentado en una terraza.

(tampoco me apetecía nada.. pero el calorcito en la nuca invitaba a sentarse de riñones al sol)

Leía un cómic, ya contaré mañana cuál, que me transportó hacia mi niñez. Relamiéndome en verificar que lo cotidiano de mis recuerdos aparecía en un buen guión de cómic..

No sé qué tiempo habrá pasado (15 o 20 minutos), leo despacio, no veo, me distraigo…

Allí no ha venido nadie.

Cuando ha caído el sol de tarde entre los dos edificios, me he levantado y me he ido.

Cada vez reniego más, lo sé. Lo siento. (miento)

Pero por qué no estuvo el camarero al loro para sacarme una consumición..??

Esas cosas me pueden..!!

Un golpe a la inteligencia?

El pasado lunes bajé a mi provincia natal, Barcelona. Además del desasosiego que me produce cada vez que he de volver al bullicio de la gran ciudad, -yo hace años que resido en un municipio de apenas veinte mil habitantes, y se nota-, en esta ocasión debía realizar un maratón de médicos con mi madre. Lo cual no es ni cómodo, ni alentador.

El miércoles, cansado de arrastrar la silla de ruedas por las distintas calles de la ciudad y, a modo de descanso, me permití dejarla en casa de una amiga y hacer lo mismo yo, visitar a una antigua amistad de infancia. Lo redescubrí hace poco a través de Facebook y ya conocéis el cuento:

  • Qué es de tu vida? Qué tal andas? Trabajas? Hijos? A ver si nos vemos un día..

Dicho y hecho, a la primera ocasión que he tenido, he sentido la necesidad de darle un abrazo.

Que decepción!! Me he encontrado con un tipo aburrido, amargado por una enfermedad que le dejó una pequeña pensión, un tipo que despotrica continuamente de su pareja y su hija. No se parece en nada al chaval inseparable con el crecí.

A la media hora ya sentí el regusto de la ansiedad por largarme de su casa. Tal vez mi madre hubiera tenido mejor suerte y podría saludar también yo a alguna de sus amistades y quedar como un señor.

Al poco de planificar mis cábalas -siempre dentro de mi sesera-, Jorge, que así se llama el referido compañero, me cuenta -exultante-, sobre cómo ha escrito un cartel y lo ha puesto en el ascensor de su casa para quejarse a los vecinos (desde el anonimato plural que representa ser uno de los vocales que se cuida de los asuntos de la comunidad de vecinos.

Hasta me acompañó, solícito, hasta el ascensor, para enseñarme, -orgulloso-, su obra .

  • Qué? Qué te parece?

cartel-escalera-vecinos

Asentí sin convicción. Me despedí de él, -mintiendo-, asegurándole que mantendríamos el contacto y que a ver si para la próxima vez… Hacíamos coincidir a nuestras esposas.

Cuando estaba a punto de salir del ascensor, -dolido por cómo la vida a veces nos juega malas pasadas, convirtiendo los recuerdos en mierda-, le hice una foto al mencionado cartel.

No sé que me ha dolido más: Si las faltas de ortografía de un escrito realizado por alguien que cursó Universidad (yo no estudié prácticamente nada), o el crudo mensaje del cartel o el regusto agrio de la bilis dando vueltas en mi estómago por la mala experiencia Facebookera.

 

GLORIA.

Hoy me he enterado de la muerte de una amiga, de una amiga de mi mujer para ser exacto.

Al margen del hecho en sí, perdóname Romà, no es mi intención banalizar tu dolor, me ha dado mucho en qué pensar.

Hace siete años, no sabía nada de Facebook. No sabía de sus posibilidades para reencontrar/acercar/compartir/crear  nuevas y/o viejas amistades.

No sabía, ni me importaba (prácticamente), las razones por las que la gente moría…

Si tenías suerte, algún amigo te comentaba por la calle… Te llamaba por teléfono en el mejor de los casos, y te jodía el día con un:

  • Sabes quién se ha muerto?

La conversación que comenzaba fría e impersonal, generalmente se tornaba frívola cuando “recordando” las aventuras del finado, éstas se mezclaban con las propias en hilarantes situaciones que acostumbraban a desterrar miedos y “yuyus” varios.

Ahora la inmediatez del día a día de cualquier Red Social, que nos mantiene atentos a las fruslerías absurdas de los copi-pegas con los que pretendemos clamar atención… Nos permite también estar al día de los males ajenos.

Yo no tengo muchas amistades virtuales (es archiconocida mi actitud castrante al respecto), sin embargo, no puedo dejar de observar como el tanto por ciento de muros fantasmas crece sin cesar.

No voy a hacer una macabra estadística de los porqués se muere la gente, pero sí creo necesario comentar que la palma se la lleva los aquejados por cánceres varios.

No soy tan mayor, 55 años tengo, quiero decir que el grueso de las amistades que conozco no excede en muchos esa edad, me parece terrible lo que esta enfermedad hace cada vez más a menudo. Generalmente son personas jóvenes, no es que merezcan morir otras mayores antes que ellas, pero se hace muy raro que esta enfermedad en concreto parezca hacer voltear sin sentido las estadísticas.

 

Donde van los ladrillos, cada uno de ellos transformado en ideas, pensamientos, dulzura, corazón… De los muros virtuales que ya nunca serán decorados por los arquitectos que los construyeron?

 

Gloria, fue un placer conocerte.

Más borde que un ocho!

Hay un refrán castizo que dice:

  • Más chulo que un ocho!

Para encontrar el origen de este modismo hay que remontarse hasta el Madrid de principios del s.XX. Por aquel entonces, el tranvía número 8 recorría la capital desde la Puerta del Sol hasta San Antonio de la Florida. Era el medio de transporte que cogían los «castizos» que querían dirigirse al baile del Parque de la Bombilla.

Especialmente, cada 15 de mayo, festividad de San Isidro, sus vagones se llenaban de «chulapos» que se desplazaban hasta la verbena. Se comenta que fueron los vecinos de Manzanares los que viendo pasar los vagones llenos de chulos acuñaron esta expresión. Comentaban que no podían haber más chulería que la de un tranvía repleto de «chulapos».

Pronto el dicho dejó de ser exclusivo de Madrid y ahora se puede escuchar en cualquier parte de España.

El tranvía por el que se utiliza ha desaparecido pero sigue habiendo gente «más chula que un ocho».

Bueno… Pues yo hoy me he levantado pletórico. Con el pie izquierdo -que se dice también-, y en mi página de Facebook he escrito lo siguiente:

 

“… Bueno… Creo que volveré a desinstalar Facebook unas semanas.

Podría ser amable y decir aquello de:

  • Me quedan tan sólo doscientas páginas del libro que estoy leyendo.

Pero es más real aquello de:

  • Seria capaz de dar doscientos euros, por tan sólo leer algo que no haya sido copiado y pegado hasta la nausea por los que dicen ser mis amigos…”

 

Joder. Cuanta mediocridad !!

 

En las primeras tres horas (daos cuenta de que ahora son las 8:30 a.m.) ya había recibido media docena larga de “Me gustas”.
Dado que cada vez tengo menos amistades en la famosa red social del Zuckerberg…

(Seguramente ya sólo van quedando los familiares y amigos directos -no menos zoquetes por ello-, que no me van a dejar por mucha resignación que necesiten)

… no acierto a comprender si tal vez entendieron el motivo del escrito.

Politiqueando…

PARECE QUE YA TENEMOS PACTO (político)

“…Que difícil es hoy en día posicionarse con “los buenos o con los malos”.

Cuando era crio y jugábamos a polis y ladrones, indios y vaqueros, etc… Estaba mejor definido.

Aunque claro, al jugar en la calle, siempre preferí estar en el bando de los cacos.
Incluso cuando jugaba con mis soldaditos en casa, los míos eran una alianza permanente de indios y vaqueros frente a los de los uniformes azules de caballería…”

A golpe de Bruce Springsteen.

Hoy he soñado la muerte de mi perro.

Ocurrió sin más. Salíamos de cenar, la familia, -ignoro qué se celebraba-, del restaurante del puerto donde hace años trabajé. De repente, un golpe de mar entrechocaba dos bordas. Y como en un respingo supe que era él.

A pesar de los gritos de atención, me vi (en el sueño) saltando sobre proas de barcos abarloados juntos, para intentar mitigar el fuerte temporal.

En mi sueño, del que desperté de súbito, conseguía recogerlo y asistir, todavía, a sus últimos resuellos.

Me he quedado unos minutos de más tumbado en la cama. Nunca me había sentido tan lúcido tras salir de la vigilia a Morfeo. De alguna manera, evitaba levantarme para evitar la desdicha de comprobar …
Al ir a orinar, sus vigilantes ojos abiertos me resarcían la tranquilidad perturbada unos minutos antes. Todo está bien.


 

Hace ya unos meses que quiero tratar el tema “entierros”.

Sin saber bien por qué, he ido cogiendo la costumbre de asistir a los sepelios de los familiares de los compañeros de trabajo que se van sucediendo. Tampoco los lazos que me unen a dichos individuos, son tan recios como para intervenir en estos íntimos actos. Con lo que, cada uno que sucede al anterior, me vuelvo a repetir varias preguntas:

  • Qué hago yo aquí? Si apenas los conoces, por qué te atreves a acudir a los entierros del hermano de tal maquinista, o al de la madre de tal o cual encargado?

La contestación que me doy, aunque frágil, me reconforta porque el apego que “la fábrica” me ha dado en seguridad de… me decanta a pensar que soy parte de una familia de algo… Como resulta que a lo largo de mi vida, he cambiado residencia, provincias y por ende, amistades, ésta es una realidad simbólica de pertenecer a una comunidad,  estable. No se si lo he explicado bien. Ya digo que es una sensación extraña.

Hace unos meses, -ya digo-, asistí al entierro de la hermana de Eulogio. Cincuenta y tres años. Infarto. Demasiado joven -pensé mentalmente mientras cruzaba las puertas del recinto y buscaba con la mirada el consuelo, tal vez reprobatorio, de alguna cabeza conocida-. Yo tengo cincuenta y cinco y su hermano tres más que yo.

Como no me gusta molestar, mucho menos destacar ante lo irracional de hacerme un hueco protagonista, decidí asistir, de pie, en el fondo de la capilla, la conclusión de la ceremonia para luego marchar. Tampoco comprendo los porqués de estas actuaciones mías, pero siempre me digo que: Un puntual alto en el camino, como mero acto de contrición que me indique cuán ínfimos somos siempre va bien para el alma.

Estaba ensimismado en mis peroratas mentales cuando de repente percibí que quien oficiaba el evento no era el sacerdote de rigor. En su lugar, tras el atril donde en parecidas actuaciones, se leen los Evangelios, una gruesa mujer con una voz, que aunque sobria y tranquilizadora, poseía un caudal a juego con su cuerpo. Aquello me impresionó. Aquella mujer no sólo restaba importancia a un ministro de la Iglesia en sus feudos, sino que además lo hacía con un talante que la enmarcaba como auténtica ¿reina de la fiesta? Perdí el hilo de mis conjeturas y elocubré sobre cuanta empatía me aportaba ésta nueva ceremonia. En eso estaba cuando, finalizado el acto y a modo de despedida, los inconfundibles primeros acordes del Born in USA, de Bruce Springsteen, llenaban el recinto de la capilla ante los susurros y adioses a la homenajeada.

Salí de allí con un ¿buen rollo? difícil de comprender y mucho menos, asimilar.

 


Éste fin de semana, una amiga mía ha perdido a su hijo. El mar -tantas veces admirado-, se lo ha tragado. Es imposible intentar infundir palabras de consuelo a una madre que, de manera anti-natural, debe asistir al sepelio de un hijo. Nadie está preparado para semejante canallada. Lo lógico, es que sean ellos los que asistan a los nuestros (supongo que el dolor es más mitigable en ese orden).

Fiona, mi más sincero consuelo.