Como dijo aquel…l(a) Operación Turrón.

Llego.
Tarde.
Tengo hambre.
Paso por el super,
y mientras pienso:
<podías ir al chino a pillar un menú barato y de paso comes alguna verdurita>
Saludo a uno u a otra aquí o allá…
(Relativas ventajas de que tu pareja trabaje en el super de debajo de casa…)
Miro verduritas congeladas-precocinadas,
miro los helados…
cojo el pan y,
tras mucho mirar y calcular les escasas ganas de cocinar que tengo, agarro un blister de panceta (ibérica) para hacerla a la plancha…
Subo a la casa,
enciendo el fuego y…
Mientras me recrimino el… “lo del colesterol”,
pongo las tiras de panceta a freír.
Un pellizco de pan..
Llaman por teléfono..
Atiendo.
-Un momento, que le doy la vuelta a lo de la sartén-,
sigo hablando.
Un pellizquito de pan.
(Otro)
jijijaja…
Otro pellizquito de pan… Más tarde. Cuelgo.
La comida se ha quemado. Que alegría!!
No me subirá el colesterol.
Sigo con hambre media barra después..
Y me pongo a escribirlo para engañar a la puta tripa.
  • Qué asco de vida..!!

Y


de postre un polvorón de la cesta de Navidad. y a la familia en Nochebuena.. ya le cantaremos:

“… una libra de clavo y un formón.
una libra de clavo.. y un formón.
L


a gata me mira como diciendo:

  • Este cada vez está más pallá. Aunque, a mi, mientras me de mi pienso.. Que cante lo que quiera.

La voz de una de mis hermanas, aun resuena en mi cabeza:

  • Ojito con los polvorones de Nochebuena hermano!!!!!

Asco de tía, oye.

Tras la “llamadica” hija…
No veas la decepción en los ojos con que contemplaba el desaguisado.
Donde antes me reconcomía con un:

<< Joder, todo es grasa. Cómo son capaces de vender ésto..?? marditos roedores>>

Ahora mi Karma satisfecho se relamía con un:

<<Veslo.. La justicia divina a obrado para desfacer entuertos>>

Gordi, ayer cuando volví del curro. Tan ufano con mi lote de Navidad, lo primero que mi mujer dijo fue:

  • Las figuritas de mazapán para mi, que no te gustan.
  • No me gustan?
  • Calla. Recuerda el año pasado… Me entró la risa con un polvoron en la boca ¡¡¡¡ Y casi estoy plantando malvas ¡¡¡ Dicen que estaba morada.
  • Si. De comer polvorones!!

Luis Tosar (Frases de actores que ayudan a reflexionar)

“Sueño que estoy en pelotas y que todo el mundo me mira”
Luis Tosar.

Yo, con frecuencia, sueño lo mismo. Y además, cagando. La sensación de no saber bien qué cara poner, es terrible.
(Con los años, el sueño es el mismo… Pero he aprendido a saber explicar que sólo es un sueño y que en realidad no me ven)
Supongo que he desarrollado una extraña capacidad de autocrítica…

Nunca me funciona.

  • Mira hermano, yo soñé esa situación (sin cagar) durante algún tiempo, la sensación de vergüenza y ridículo era angustiosa. Pero desde hace un tiempo (en el sueño) comencé a pasar de la vergüenza y el ridículo, y me paseaba por el sueño completamente desnudo sin preocuparme ni avergonzarme lo mas minimo. De momento nunca mas se ha repetido el sueño.

Igual somos demasiado previsibles, no?

Nostalgia de padre.

Hola papá. Generalmente no pienso mucho en ti.
Sé que estás por ahí (tu presencia, ya sabes), muerto. Pero por ahí.
Tan sólo te recuerdo cuando visito la casa de mamá y te veo en alguna foto.
También tengo alguna yo por casa, claro. Pero siempre son las mismas.
En esa en la que sonríes y en esa otra en que estás con uno de tus nietos en brazos.
Allá donde estés.. -Tu creías en eso del cielo. Yo, ya sabes que no-, tienes Facebook o algo así..??
A ver si un día de estos me vienes a ver y hablamos..
Ya sabes.. Por lo del tiempo perdido.
H


e visto una secuencia de una película en la tv. Padre e hijo discutiendo. El padre en el hospital..
Es extraño, me ha dado la sensación de que acabaríamos igual. A voces, como siempre.
Pero me apetecía decirte.
Es raro, no..??
Voy a seguir viendo la película. Igual aprendo algo.

Nunca conseguimos ser empaticos. Fuimos cobardes. Eso es triste. Demasiadas veces miramos en direcciones contrarias.
Estoy cansado, a veces pienso que ya tengo bastante. Luego pienso en que a Itzi no le puedo hacer la misma putada. Es mi “nueva casa” respecto a mi karma lo que tengo que arreglar.

Hace años ya comprendí las del amor.
Las del respeto.
Ahora me falta ésta casa.

Me lo debo a mi mismo, para hacer las paces contigo.
  • Sigue ese camino hijo…

Los hijos nos hacen madurar papá. Sólo cuando vemos su esfuerzo, su lucha, es cuando valoramos el sufrimiento que infringimos a nuestros padres.

Recordando a Byron (¿Lord?)

Quería dedicar esta frase al día de domingo en si mismo, hoy concluiré una guardia de nueve días que me tiene destrozado.
Pero una vez más, esa bocaza mía, ha hecho que la dedique a un(a) particular, tras leer primero los comentarios pendientes. Sorry!!
  • Cuanto más conozco a los hombres, menos los quiero; si pudiese decir otro tanto de las mujeres me iría mucho mejor.
Lord Byron.

Momentos embarazosos. (maniobra de Heimlich)

Habéis sentido, -aun intentando ser amables-, que todo os sale mal y termináis haciendo algo que irremediablemente os lleva a sentir vergüenza ajena?

Hace unos días sufrí un momento verdaderamente embarazoso. Me encontraba cenando en un concurrido restaurante de mi localidad, acompañado de mi esposa y de otra pareja de amigos, cuando en la mesa de al lado un tipo se atragantó con un generoso trozo de solomillo. Enseguida mostró claros signos de asfixia con inequívocos gestos de llevarse ambas manos hacia la boca primero y hacia la garganta después para, levantándose, procede a desanudar el nudo de la corbata que portaba.

Ante la inoperancia de que ninguno de los presentes intentara ayudar al susodicho individuo. Un vejete de apariencia octogenaria, que, digo yo, podía haberse cortado los trozos de solomillo un poco más pequeños… Decidí echarle valor y, poner en práctica lo aprendido en el Curso de Primeros Auxilios, que, de forma obligatoria, nos enseñan a los que curramos en determinados puestos de vigilancia y control.

Tras ser yo mismo -servilleta aun en mano y masticando un bocado de tiramisú casero-, quien gritó aquello típico de las películas. -Hay algún médico en la sala?- Y observar en estado de pánico como todos los comensales se miraban unos a otros como escaqueando la responsabilidad, no tuve más remedio que agarrar al vejete desde atrás, colocando mis manos cruzadas sobre su estómago y haciendo fuerza con el puño invertido, practicarle la Maniobra de Heimlich.

Al margen de escuchar los estertores del improvisado compañero de baile, desde lejos escuchaba los vítores de los allí reunidos en avezada algarabía, pero sin dar muestras de cohesión al aunar sus opiniones.

  • Más arriba ese puño!!
  • No. No, que si no lo asfixiará.
  • Da igual. No ve que ya se está poniendo azul.
  • Pero si le aprieta más arriba le romperá las costillas!!

Otras voces, más comprometidas, parecían sólo ayudar a que todo se calmara:

  • Pero, apártense, no comprenden que si hacen un corrillo, el chico no puede maniobrar?

Otros, seguían en su mundo…

  • Camarero! Tráigame la Carta de Vinos! Por favor..

Una señora bastante gruesa, al fondo de la sala, parloteaba sin parar y sin dejar de hacer aspavientos, inculcando una serie de normas de actuación sobre La Maniobra, pues según argumentaba, a voces, a ella se la habían practicado tres o cuatro veces y, eso -siempre a su juicio-, le otorgaba una inefable experiencia. Mientras, el señor con bigote y pajarita -sentado a la misma mesa-, se tapaba la cara con rubor al recordar cómo su esposa se atragantaba una y otra vez cada vez que sorbía percebes en fechas señaladas.

El Maitre, enfundando su mano izquierda en una inmaculada servilleta blanca y con un vaso de agua en la derecha, pugnaba por abrirse un hueco en el corro que se había formado a mi alrededor como si dos púgiles estuvieran combatiendo, para ofrecer, solícito, el líquido elemento para que el trozo de solomillo discurriera mejor.

A la tercera o cuarta compresión de mi puño en su estómago, el bocado de carne a medio masticar salió como volando, -ante el intenso silencio que se hizo como por arte de magia-, para caer sobre la mesa de la frenética mujer gruesa. Ésta, al ver el rojizo despojo sobre su servilleta y, levantándolo como trofeo con una cuchara de postre, comenzó a gesticular y a proferir nuevas aclaraciones acerca de los méritos propios al haber dirigido la operación de salvamento.

Las voces del ruedo, volvieron a proferir su enigmática cadencia de hipotéticos consejos:

  • Bien hecho chaval!
  • Camarero, la cuenta!!
  • Pues yo pienso que si le hubiera apretado más con el puño…
  • Ahora el viejo estaría muerto?
  • Es vd imposible. No doy crédito a sus palabras, tan sólo sugería qu…

La inexcusable voz de la gorda, concluía:

  • Pues den gracias que estaba yo…
  • No comiendo percebes?
  • Te he oído, Evaristo!

Mi esposa, la única persona que, mostrando algo de juicio tras el episodio, le acercó una silla al viejecillo, que ya daba muestras de desterrar el azulado color de su semblante, me obsequió con una flamante sonrisa. Fue el mejor (y único) de los pagos con los que fui obsequiado en aquella velada.

El viejo, una vez repuesto, y tras conseguir recuperar la voz, me increpó acerca de qué pretendía hacer con él atacándole de aquella reprobatoria manera desde atrás.

Yo, lejos de pretender un agradecimiento por -tal vez-, haberle salvado la vida, no pude por menos que intentar hacerle comprender que no pretendía atacarle. Que lo que yo había realizado era la famosa “Maniobra de Heimlich” gracias a la cual, aparentemente, debería sentirse, como mínimo agradecido.

El viejecillo, con actitud cada vez más beligerante, se encaró conmigo -ante el asombro de los comensales-, para gritándome a la cara, decirme que él era el Doctor Henry Heimlich y que de ninguna manera aquel “esbozo de comedia” -os juro que lo definió con esas palabras-, era en modo alguno su “Maniobra”.

Claro. Cómo decía al principio, y ante la sorpresa que en los clientes, la noticia, parecía despertar, comencé a sentir una vergüenza ajena que derivó en pánico escénico. No sabía qué decir en mi defensa mientras aquel energúmeno seguía insultando mi buen hacer.

Cuando algunos clientes -un camarero y la esposa de mi amigo incluidos-, pretendieron explicarle al anciano Doctor Heimlich la situación, aun fue peor. El hasta ahora sólo vociferante doctor, pasó a exponer, preso de furia y de manera descriptiva, que lo que yo había hecho con él se parecía más a un antinatural acto de sodomía que a su muy agasajada maniobra.

También, una vez que se hubo calmado un poco y recobrado la compostura, me invitó -no a una copa-, si no a que tal vez debiera practicar más “sú” maniobra -tal vez con mi esposa-, antes de volver a intentarlo en público.

Mientras volvíamos a casa, la otra pareja, mi esposa y yo, nos juramos no volver más por aquel sitio.

  • Pues vaya casualidad!!
  • Para una vez que le salvas la vida a alguien y resulta que es al mismo tipo que había inventado el método!
  • También era casualidad, joder. Anda que no había restaurantes donde el sr. Heimlich podía haberse ido a atragantar!

Reían mis amigos -a mi costa-, junto con mi esposa.

Al final todo acabó bien. No precisamente en el restaurante (que hubo que pagarle cena y taxi al puñetero doctor), sino más bien en casa, donde mi esposa, -seguramente para consolarme-, me indujo a que tal vez… la maniobra del buen doctor podía acabar en cópula si nos poníamos a practicar.

Un carro en mi ascensor (2)

Hace unos días, contaba lo de mi aventura con el carrito de compra en el ascensor:

https://montxomon61.com/2016/11/25/un-carro-en-el-ascensor/

He de aclarar, que en realidad, esta historia ya la gesté hace unos años. Creo que comenzó con algo así:

– Era una apacible mañanica, antes de darle a los vidrios, (no recuerdo ahora si ya comenté sobre la indirecta ofrecida por mi esposa, acerca de un extraño juego de palabras formado por :”limpiar cristales”, “cena de navidad” y “familia”, que bien conjugado, me ofrecía con claridad meridiana, sobre quién iba a recaer el esfuerzo en la tarea), en la que imaginé mi aportación al amigo invisible comunitario. Una experiencia lúdica, solidaria y barata, de echarme unas risas en estas fechas navideñas.
Os explico:
Yo vivo en un edificio con múltiples escaleras, creo que nueve, de entre cinco y ocho pisos de altura y seis puertas por rellano. Todas ellas comunicadas por los parkings. Además, tenemos la suerte de compartir también, el parking de un supermercado.
El caos de un sábado por la mañana es espectacular para los sentidos. Todas las hormigas se mueven al unísono en perfecta armonía..
Pues el año pasado, un día de los pocos que bajé por las escaleras (yo vivo en un 5º), pude constatar una queja de la que sabía por mi mujer.
– El encargado dice que nos roban los carritos de la compra.
Yo no dije nada. Generalmente, en nuestro rellano siempre hay alguno, en ocasiones he contado hasta tres. Bajando tan ricamente por las escaleras, pude comprobar cómo había uno en el quinto, dos en el tercero, otro en el segundo, etc.. etc..
(Si sumamos las dos hileras que hay en la calle y las tres que hay en el subterráneo del parking, se pueden contar doscientos carros rápidamente), si le restas una media de ocho, por nueve escaleras, el resultado es espectacular.
Generalmente, en cada entrada de portería se forman corrillos de vecinos que se saludan, hablan, insultan o flirtean continua y simultáneamente. Comentando los chismes del entorno: “Que si le ha crecido el culo a la rubia de la peluquería de la escalera dos… “, “Que si el vecino del 3º C de la escalera siete se orinó en el rellano cuando subió borracho cuando su mujer lo echó de casa..”, “Que si la vecina de debajo mío le cuelga la ropa mojada chorreando al marroquí del primero”, “El mismo que degüella al cordero en el patio de su casa cuando están de Ramadán…”
En fin…
Bueno, al lío.
El año pasado subía yo con mi barra de pan -mirándome sin ver en el espejo del ascensor-, (un día de esos en que el bizcocho me había salido fetén) y se me ocurrió:
– Joder!! Y qué pasa si coges un carro (de esos vacíos que hay en cada rellano), y lo metes en el ascensor a su suerte..??
(aquí recomiendo leer el enlace anterior)
Y no pasó nada. Nadie respiró ni por el culo.
En eso, dándole una vuelta de tuerca más al asunto, se me ocurrió un día, forzar un poco más la historia.
– Qué pasa si dejas el carro en el ascensor con la barra de pan dentro..??
(Total.. Qué pierdes..?? Los cincuenta céntimos del carro y los treinta y cinco de la baguette..??)
El experimento te sale barato. Amen de los cincuenta minutos que espías por la mirilla -que incluso si te da hambre, puedes hacerte un bocadillo y beber unas birras-, (Desde la mía, se ve la puerta del ascensor al abrirse), y vamos, para la mierda que dan por tv… Mucho mejor este experimento voyeur.
Como ya dije:
Un éxito. La barra desapareció. El carro (con su moneda) al segundo viaje, también.
Durante un par de días.. Alguno comentó la jugada.
Este año, me apostaré en distintas escaleras, tal vez desde el parking, con paquetes de arroz, alubias, galletas…
Solidaridad…?
Se aceptan apuestas.

Problemas vecinales de Navidad.

Hoy me han detenido por la calle. Bueno, al salir de casa.
 (Hacía tropecientos años que no me cacheaban.. Casi me pongo a llorar de la emoción)
Los Mossos (nuestra policía autonómica), se me acercan, me piden la documentación, me meten en la lechera y pa comisaría.
– A las dos, tengo que poner en marcha los hornos. -Aun me he atrevido a decir, no sin cierta condescendencia-, Dese prisa. -apunto-.
 … Le digo al caporal y mientras el cabo sonríe y le da un codazo a su compañero ante tal afirmación, le aclaro que para las fechas en que andamos, no vaya a ser que por su culpa, me dejen sin los turrones de la cesta!
– Ah.. Perdone.
 (encima me tratan de Vd, tócate los cojones)
– Pues mire, le hemos traído, porque tenemos una denuncia contra Vd. Resulta que tiene un vecino que nos ha llamado porque dice que se parece Vd a un atracador que estamos buscando y ya sabe cómo se pone la gente en Navidad con lo de seguridad ciudadana.
<< me dice el caporal con mucha educación>>
 – Bueno, pues Vds me dirán cómo puedo colaborar..??
Se ponen a darle a la tecla del ordenador y al cabo de tres cuartos de hora salen -entre risas y disculpas-, a explicarme que el denunciante se ha confundido, porque me parezco a un actor de tv que le ha robado el felpudo a su mujer.
Me despiden con un Feliz Navidad y vuelvo a casa con la “alegría” de parecerme a un famosillo.
Tras este episodio, que sin duda cambiará el ritmo de las conversaciones familiares en el próximo -aunque no tan deseado-, encuentro navideño, medito mentalmente una retahíla de conjeturas (entre posibles preguntas y respuestas), para ya tener entrenadas las contestaciones para los próximos meses:
Espero no te despiertes convertido en un insecto. -Seguro me aconsejará Emilio (muy dado a leer La Metamorfosis de Kafka cada Navidad-.
Jajajajajajajajajajaja, alucinante aun me estoy descojonando, que nos cacheen a nuestra edad, casi es un piropo jajajajajajajajajajaja. (Seguro será la reacción de Luis, con su convulsiva risa floja, herencia de décadas de fumar maría)
– Monxito…  Déjate bigote para que nadie te reconozca y así no tener problemas con los Mossosss¡¡¡¡¡ (Me aconsejaría Juan, que hace un par de años que no me ve y no sabe que vuelvo a portar el bigote de alambre)
– Para una vez que no llevabas yerba… Que decepción. (Apuntaría mi hermana pequeña, siempre tan amable…)
– La hija de mi esposa. (Fiel a su determinante carácter) , Me comentaría algo parecido a:  Jejjjejjjeje joer… Tu xk t tomas todo kon muxa filosofía… A mi no m haria tanta gracia seguro, k forma + tonta de hacerte perder el tiempo grrrrr .
A la que habría contestado con idéntica sorna:
– Y qué os habría contado después… Que seguía tan ricamente en el sofá de casa, comiendo bollos y viendo tele5..??
Pues menuda emoción..!!

– Mi primo (el médico, siempre cordial), no habría perdido la oportunidad para, llevando el episodio a lo suculento, rematar:

Primo!!!!! Pero a quien te pareces???? Al Clooney?? Al Brad Pitt? A Santiago Segura?…

– Sin las rástas, al pescadero de: “Aquí no hay quien viva”. Me dijo el madero y por eso se reían.
Un cuñao, abogado, (dice él que lo es), siempre puntilloso, horadaría en la herida con un:  – El pescadero es de “La que se avecina…” Pero no te pareces a él… Él es más guapo.
Al que sin duda daría réplica en su estilo:
– Gracias abogado. Pensé en ti no creas. Recordé los tiempos de los Grises, cuando, para hacer la declaración, te hacían “chupar” la máquina de escribir..
(Pero cuando vi el teclado, con el mouse óptico, me di cuenta de que las torturas a que me podían someter, tan sólo me darían risa). Por cierto, gracias por chafarme la ilusión literaria.
Bueno socio, me marcho a pasear por los montes asturianos, que tengas un buen día (apuntará Luis -levantándose de la mesa en mitad de la cena)
 ¿Qué ilusión literaria? -El abogado. Tras apurar de un trago la copa de Rioja que su suegra ha tenido a bien comprar “para él”, no vaya a ser que le devuelva a su hija.
Gregorio Samsa. (apuntaría Emilio, con tono místico)
–  Eres bueno, cabrón. 
No recordaba ya La Metamorfosis.
No temas.. Mi padre ya murió hace años y mi deuda de cinco años hace ya, que fue saldada.
Hermana violinista tampoco tengo.
Aunque si una que canta y que curiosamente hace años te miraba con buenos ojos (sería la edad de la inocencia),
Gracias por hacerme recordar amigo. (Le contesto a Emilio, en afectuoso brindis metafísico alzando la copa para brindar con la lámpara de techo)
Que güay que te paren con nuestra edad. Yo alguna vez he hecho como Fernando Alonso; dar vueltas a una rotonda cuando veo a los Mossos, para ver si me paran para hacerme soplar. Por supuesto, previamente no he bebido nada o casi nada. (mi cuñado -el guiri-, siempre pretendiendo encender una chispa, sin comprender el sentido del humor de nuestra familia)
– Ya ves Morgan, estamos faltos de emociones.
De jóvenes nos cogía el canguelo, pero ahora nos da la risa. Por cierto, ¿Quién es Gregorio Samsa?
– Es el protagonista de La Metamorfosis. Una obra de Frank Kafka.
La leí hace muchos años y ha tenido que ser este monstruo quien me la recuerde.
ignoraba esta faceta de Emilio. Cosa que me ha hecho mucha ilusión. Hace tanto que falleció ya.
Con la madurez va a resultar que no éramos tan “kafres” como parecíamos.
– Morgan, un abrazo, menos mal que no preguntaste en qué equipo juega, jejeje. (la voz de Emilio parece venir directamente de la bombilla de bajo consumo…)
Es que yo soy de ciencias, Emilio. Más que de letras. De hecho estudié biología, y no COMO OTROSSSSS!!! ja,ja,ja; (Contesta Morgan -retórico-, en alusión al olor a marihuana que parece flotar en el ambiente)
Intentando recobrar el pulso de la conversación que mis idas y venidas siguen dando vueltas dentro de mi cabeza, consigo rematar la conversación con un:
– Pues también tenéis razón.
Estaba pensando cómo enfocar lo del amigo invisible? Para los regalos de Nochebuena (sólo de pensarlo se me saltan las lágrimas), cuando he recordado que … (mi esposa), ayer me “recordó” que habría que limpiar los cristales antes de Navidad.
Supongo que es una alternativa distraída para un sabadete por la mañana…