De régimen (III)

1 de agosto 2018
(110,3kg)
 
He engordado 200gr respecto de ayer?
O como no he cagado todavía me puedo hacer trampas?
También es verdad que elegí el verano para el régimen como alternativa a lo de la gimnasia, para sudar como un cerdo, pero como tenemos el aire acondicionado todo el día en marcha…
 
Hace unas semanas, en una oferta puntual del súper de debajo de casa vi unos sobres de infusión que rezaban:
SACIANTE
(ayuda natural al control de peso)
 
Ni me lo pensé. Compré dos cajas. Como llevo años tomando “aguarretas” varias, (te rojo, blanco, verde, infusión de tomillo, mezclas varias de sabores clorofilados, cola de caballo con naranja … Primero con miel, luego con azúcar morena, ahora sin nada. Me dije:
 
– Otra para la colección. Algo hará!
 
Tras infusionarme media caja, una mañana me vi reflejado en la vitrocerámica con la taza de SACIANTE y las capsulas de papel de cuatro magdalenas recién engullidas.
Me sentí ridículo (una vez más), cómo coño vas a adelgazar?
Cuántas calorías aporta una magdalena?
Automáticamente miré la bolsa y:
 
– Hostiaputajoder!! 144 calorías cada magdalena de 34gr. Las del tamaño que caben enteras en la boca (si no te asfixias)
 
600 calorías intentado no trabarse esófago abajo con el inútil SACIANTE ayudando a bajarlas.
 
En fin, ya se las comerá mi mujer.
 
Moral ALTA.

De régimen (II)

31 de julio 2018
(Peso 110,1kg)
Si sigo así, para fin de mes peso menos que cuando hice la mili!!
En serio, en el capítulo once de la segunda temporada de “Casual” (de HBO), hay una escena en la que una de las protagonistas se esconde en el coche, coloca sobre tres servilletas un Donut, lo que parece una ensaimada y un Dunkin Donut de esos rosas con Lacasitos por encima.
Por supuesto se decide por el primero, un Donut glacè (de azúcar que decimos en España), todo naranja y reluciente él, se lo ha comido en tres bocados!!
-Cómo me he sentido reflejado…El primer mordisco, cómplice, como cuando sabes que estás haciendo algo mal, algo prohibido. El segundo bocado rápido, como para mitigar la sensación de error. El tercer bocado (casi medio Donut), raudo y veloz, apenas empujando un poco con el dedo índice, para poder chuparte los dedos impregnados de azúcar y LIMPIO! Ya no necesito servilleta (ni Pepito Grillo que me recuerde la culpa latente)
Los motivos, completamente distintos a los míos, me han hecho sonreir
En la siguiente escena se ve a ella (que seguro se comió los otros dos), en una sala de espera,sentada en un sofá, junto a su ya casi ex, esperando para firmar los papeles del divorcio.
Él le pregunta:
– Te has parado a comer chucherías, verdad?
Y ella, asentía cómplice.
Qué sensación. Cuándo puedes adivinar los pasos de la persona con la que convives. Esa sensación de “conocerse”, que a veces puede rayar en lo rutinario hasta aburrirnos, pero que confiere a la pareja “ese poder” de saberse ganadores.
Ayer, cuando le espeté a mi pareja mi decisión sobre hacer régimen me miró escéptica. incluso aventuró sobre que había dejado de prepararme platos menos calóricos la última vez que decidí hacer régimen, dada la poca implicación con que me lo tomé.
Con lo buenas que estaban las alcachofas!!
En fin, intentaré estar a la altura esta vez.

En verano y, de régimen!

30 de julio 2018
 
Hoy me he propuesto hacer régimen.
(Peso 111kg)
 
Curiosamente, mientras veía una serie de tv (una interesante, no como la mayoría).. He sentido la necesidad imperiosa de ponerla en pausa para buscar un chisme que tengo para rasurar los pelos de la nariz.
 
Una vez encontrado -y antes de usarlo-, he preferido relatarlo aquí, en Word.
 
(No es eso lo que hacemos?)

Envío de niños por Correo

Ayer, mientras realizaba unas compras en una gran área comercial, no pude por menos que sonreír con nostalgia al recordar algo que me explicó mi abuelo Pepe, para argumentar sobre otro tema que me había parecido anormal*
*(anormal a los ojos de un niño de los sesenta viviendo en una gran ciudad). En fin, que me pierdo..
Ayer vi un señor que llevaba a su hijo -un crío de unos dos años, por el bulto que hacía-, metido en el carrito de la compra. No en uno de esos metal con asiento de los súpers, no. En un carro de tela a cuadros con un par de rueditas minúsculas, sentado en un pack de botellas de agua y con algunas hortalizas asomando alrededor.
Como digo, la escena se me antojó familiarmente nostálgica.
Mi madre, -pobrecita, hoy en día aquejada de alzheimer-, nos contaba de pequeños (a mis hermanas y a mi), de cómo, cuando ella, su mellizo y su hermano pequeño, eran enviados en tren a pasar los veranos -de posguerra-, a la casa de unos tíos en Ávila. De cómo allí disfrutaban del verano y sobre todo, de lo bien que les alimentaban en ese breve espacio de tiempo. Seguro fueron tiempos muy duros durante y después de la Guerra Civil (más aun para los que quedaron en el bando rojo).
En fin, aparte de las recordadas “lentejas con piedras”, mi madre siempre nos relataba que su padre los llevaba a la estación, los metía en un tren, los sentaba, les decía que no se movieran y luego, sus tíos los recogían en la estación de destino.
Mi madre y su hermano mellizo debían tener unos ocho años y entre cinco y seis el hermano menor.
Se me antoja que sería un trayecto -de Zaragoza a Ávila, que a mediados de los años cuarenta, con una inevitable parada importante en Madrid, amén del rosario de estaciones y apeaderos que encontraran por el camino-, un viaje largo. Pero largo “de cojones” (que diríamos con desenfado hoy en día)
Aquello, con mi mentalidad de niño “de ciudad” de los sesenta/setenta me parecía una locura. Por supuesto, imposible levantar el tono de réplica, ni admitir mi perplejidad ante un hecho, a mis ojos, irresponsable!
– Qué pasaría si se perdían? Qué pasaría si se los llevaban? Que pasaría si alguien… (y aquí mis pensamientos se bloqueaban ante la imposibilidad de imaginar atrocidades que en realidad no conocía)
Mi abuelo, como adivinando mis pensamientos, me explicó que no hacía tantos años que los niños eran enviados por Correo, Y, con esa explicación, desviaba el curso de la conversación anterior hasta que ésta se convertía en anécdota.
Si ya, a esa edad, no podíamos creernos “lo de la cigüeña, ni lo de los niños de París”, cómo iba a colar que los niños eran enviados por Correo?
Hace un par de meses, en un programa de radio, alguien volvía con la cantinela del “envío de niños por Correo”. Consulté a San Google y, aunque me volvió a parecer una locura, no pude más que rendirme a la evidencia y a recordar con nostalgia la sonrisa de mi abuelo.

Vida (y rutina), de pareja

Conversación típica con mi mujer, en estos días de invierno:

  • Tenemos de todo?

(Yo, que he vuelto de un paseo con los perros de unos seis km y me he metido en la cama -vestido y calzado-, para reponerme…
Pregunto:

  • Qué dices?

  • Que si tenemos de todo? Velas? Velones, linternas, pilas de repuesto.. Porque esta noche va a nevar.

Mientras con el rabillo del ojo la observo apoyada en el quicio de la puerta y, sin dar crédito a sus palabras, (inconsciente de mi), entro al trapo:

  • No va a nevar.

  • Que si. Que lo han dicho en la tele.

Cuando dice ” la tele”, se refiere exclusivamente a la sección -El Temps- de TV3, donde pronostican la climatología de ésta, nuestra región.

  • No va a nevar.

Insisto yo, desde la cama, cabezón, pues me ha despertado (para nada), y… pasillo arriba, vuelvo a verla aparecer junto a la puerta con el ¿pendenciero? gesto de:

  • Qué te juegas?

Servidor, acostumbrado a perder en todo tipo de juegos a lo largo de la vida y, sin inmutarme, disfrutar, contesto impasible desde mi mortaja de edredón:

  • Lo que quieras.

Y, envalentonado además con la idea de ganar alguna vez, (aun sabiendo que mis palabras la harán enfurecer) añado:

  • Estás obsesionada con “El Temps”. Todos los días a todas horas con ” El Temps”..!!
    Pues qué tiempo quieres que haga en febrero? Frío. Que es lo lógico..

Me contesto a mi mismo sin apenas convicción de ser escuchado..

Henchida de orgullo vuelve al ataque:

  • Qué te juegas?

Y yo, sabedor de que me hará trampas.. Tal vez se quede dos horas en el balcón, muerta de frío, esperando la visión de algún minúsculo copo de nieve huérfano, cuya visión utópica dará al traste con cualquiera que fuere mi dialéctica futura, concluyo con un taimado:

  • Si nieva, pago yo la comida (que tenemos pendiente por mi cumple), y si no nieva, pagas tú.

Como “moralmente” sé que debo pagar yo, aunque todavía no esté clara la fecha de autos, no me conlleva transigir con una mentirijilla sin recorrido…

Cuando ya conseguía recomponer el sueño, vuelvo a escuchar (cómo no? Solícito), su voz, que desde el pasillo me cuenta:

  • La cremallera que me pusiste en la chaqueta vuelve a fallar..

  • Yo te puse una cremallera?

Contesto, intentando desviar la autoría de responsabilidad contraída -sin saberlo-, cuando, desde hace años, acepté el rol de ser yo quien se encargara de tintorería, mercería, etc…

  • Bueno, tú ya me entiendes.. La cremallera no sube bien. Se engancha.

Servidor, desvelado irremediablemente y sabedor de que nieve o no nieve, deberá costear un ágape en condiciones extra sin recompensa alguna, no dudo en apostillar:

  • Si la subiéses y bajáses sin nada en las manos, igual te duraba más cada vez..

  • Que gracioso! Si no llevo nada..

  • Sin verte, me juego la comida otra vez, a doble o nada. No llevas en una mano las llaves y en la otra la bufanda?

Silencio.

Abro el ojo desde debajo del edredón y me la encuentro de nuevo en la puerta.

  • Que bien me conoces cabrito. Me sigues debiendo una comida. Dame un beso, que llego tarde al trabajo.

“No se te ocurra invitar a nadie en Navidad”.

La Navidad (que no en vano tiene las mismas letras que vanidad), es la época más hipócrita del año. Recuerdo una vez que llevé a un conocido recién separado y por lo tanto con su doble depre circunstancial, (previa consulta y permiso general de familiares), a la cena de Nochebuena.
El susodicho, que como digo, se enfrentaba a su primera Navidad sin hijos ni esposa, apenas puso apuro (aunque tampoco particular entusiasmo) cuando entre cerveza y cerveza en el bar de turno, le dije:

– “Tu tranquilo, esta Nochebuena la pasas conmigo. En familia.

A mi, en pleno periodo solidario, recién estrenado en la cincuentena, me pareció una solidaria y genial idea. Vamos… Mucho mejor esta acción para terminar un año que lo de “apuntarme a un gimnasio” como promesa de principio del nuevo.

No negaré que la idea de “pon un pobre en tu mesa” se me pasó lacónicamente por la sesera, aunque pronto la descarté por lo mezquino que me sentí.

Para no acudir solo a la fiesta, quedamos le iría a buscar, tomarnos unas cañas previas, para darse ánimos en el enfrentarse a mis familiares, a los que no veía desde hacía tres décadas. Llegamos tarde.

Mi esposa, más apremiante que solidaria, me convino a que me pusiera a “tocar el violín” y le llenara dos o tres platos de jamón para los aperitivos…
El invitado, lejos de integrarse en el cuorum familiar, prefirió darme cháchara mientras cortaba loncha tras loncha. Ellas, -madre y hermanas (3), desprovistas de sus respectivos conyugues-, acudieron a la novedad hacía tantos años ¿olvidada? y, en la cocina se plantaron a modo de melé festiva.
Juro que fui incapaz de llenar ni un sólo plato. Conforme cortaba, manos ávidas lo hacían desaparecer e ingerían antes de despegarse del cuchillo.
A media pata (ojalá hubiera sido paletilla, lo juro), aparecieron los cuñados, más atentos al caldo, o a las gambas a la plancha que solícitos en contribuir al orden….

El “pon un pobre a tu mesa” se bebió hasta el agua de los floreros. Hubo que llevarlo a su casa (tras quitarle las llaves del coche). Y el resto de la familia lleva seis años recordándome:
“No se te ocurra invitar a nadie en Navidad”.

Al cuarto timbrazo.

Qué asco le tengo a la gente que cuelga al cuarto timbrazo!!
Esa gente, -que por lo visto-, cree que todos estamos esperando a que nos llamen por teléfono.
Esa gente, incapaz de comprender que la mayoría no estamos perdiendo el tiempo, viendo tal vez Tele5 o similar.. Esperando, aburridos en un sofá, sú llamada.
Esa gente, que es incapaz de -por lo visto-, comprender, que cuando escuchamos el primer timbrazo, RING..!!, ese ruido nos sorprende con un:
– Ha sonado el teléfono?
RING..!!
(segundo timbrazo)
Te levantas, dejas lo que estás haciendo, (te secas las manos, cierras un libro..)
RING…!!
Corres por el pasillo, la mayoría de las veces pensando que tan sólo será uno de “esos” que cuelgan al cuar… RING..!! ..to..
DIGA? Consigues contestar mientras descuelgas y tropiezas con alguna cosa, justo antes de escuchar el chasquido del TU.., TU.., TU.., TU… TUUUUUUUU..!!!!
Y darte cuenta de que era otro subnormal de esos.