Mi primera puesta de sol por mar.

Hoy he visto -por primera vez-, ponerse el sol por el mar.

Siempre hay una primera vez…

Nosotros vivimos en la Costa Brava, bañada por el mar Mediterráneo, lo que obliga a amaneceres de diez. 

Todos distintos unos de otros, ninguno es igual a su salida por el Este.

Luego, en su ocaso por el Oeste, Lorenzo marcha a descansar tras montañas o bosques, y tampoco ninguno es parecido.

Hoy, le he visto sumergirse tras el océano Atlántico. Desde Oporto.

De lo mejor de Facebook…

De las cosas más fascinantes de Facebook se puede destacar:
Cuando te reencuentras con algún amigo de infancia, comprender en qué mierda se ha convertido. Cómo le debió tratar la vida. Qué sería lo que vivió para convertirse en lo que parece ser ahora. Sus formas de pensar. Sus ideales..

Sin embargo, el sentimiento que te une a ellos es tan fuerte, que de ninguna manera quieres volver a perderlo.
Dice mucho que tampoco hemos de convivir con ellos.
Estan ahí. Al otro lado de la pantalla del ordenador.
Si les llamas.. acuden.
Si te llaman.. acudimos.

Pero seguimos pensando igual.

Sobre el 1 – O

Bueno, a mi parecer, ahora que todxs consumimos Series televisivas tipo Netflix, parece que se ha completado la primera temporada de “La Amenaza Soberanista”.
Como era de esperar y, como no podía ser de otra manera, para concluir el último capítulo de esta Serie de éxito, qué menos que un episodio violento. De esos que te dejan enganchado desde el principio. Con mucha sangre y/o expectativas de ¿venganza? ¿miedo? ¿injusticia? ¿corrupción?
Los guionistas, que a todas luces tenían previstos varios finales para este capítulo final, nuevamente nos han obsequiado con escenas al más puro estilo Hollywood. Sangre en las calles. policías repartiendo estopa sin miramiento a ancianos, mujeres, niños. Enfrentamientos entre Cuerpos de Policías y Bomberos. (Eso vende siempre). También los discursos de los cabecillas de uno u otro bando al más purista estilo western clásico.
Ahora ya está todo perfecto, la productora sólo tiene que esperar a que los guionistas (auspiciados por incontables financieros publicistas), comiencen a escribir (si no lo hicieron ya hace meses) los capítulos de la siguiente temporada. El éxito está asegurado. Ya nos tienen a todos enganchados, con cada capo definido y, sin duda, con los bolsillos abiertos para pagar tanto Merchandising.
Y… Mientras tanto?
Ah, seguirán haciéndose ricos los productores mientras el público de siempre miramos hacia dónde nos dicen hemos de mirar.
Posdata: Yo también voté. Por lo tanto, cual “extra” de excepción, me siento razonablemente satisfecho.

La doble moral de Bertin.

Veo, atónito, el mensaje intrínseco, que el personaje llano Bertin Osborne, nos obsequia en estos últimos días.

Harto de inflarse de jamón ibérico de esa popular marca próxima a las Navidades… Sin complejo alguno durante los años en que todos hemos sufrido los rigores de “La Crisis“.

Harto de ofrecer -y regalarse-, copazos de buenos y generosos vinos en las entrevistas en Su Casa a personalidades (igual venidas a menos).

Ahora nos sale con “su novia” regañándole y animándole a rebajar el colesterol con los bebedizos de esa conocida marca de lácteos!

Bertin, hijo, es que quien bien te quiera, nunca te ofreció ensaladas o tofu?

Por favor… Muerete con clase, no?

Escrito a dos manos (allá por 2012)

Me he propuesto en esta nueva etapa contestar a todo aquel que me comente.

(harta tarea donde las haya..)

También sólo actualizar el Estado los fines de semana (en referencia a Facebook).

Hoy haré una excepción porque quiero presentaros a mi otro yo, con frecuencia aparecerá conversando conmigo en mis escritos. Supongo que como buen pisciano puedo hacer gala de mis dos personalidades -cada una dueña de un hemisferio cerebral-, sin pretender mierdas modernas de esas como la “bipolaridad”.

AUTOENGAÑOS.

Hace unos meses, puede que un par de años, vengo observando cierto comportamiento en mi mismo. Al principio, no le di mucha importancia.

– No engañes. Te ponías cabezón. Cogíamos cosas, las echábamos al carro, luego las devolvías a la estantería. Te recriminabas.. Las volvías a coger…

– Fue como una catarsis. Me dejas que lo explique..?

– Claro. Lo harás igual..

Lo que contaba: A veces, con sólo tocar un producto en el supermercado me doy por satisfecho. Como si lo hubiera comprado. La crema de chocolate es un claro ejemplo.

– Ja, ja, ja.. Te recuerdo. Te quedabas con el vaso en la mano. Sopesándolo. Mirando al vacío.. dubitativo.

– Eres idiota. Si por ti fuera seguiríamos con el colesterol a doscientos y más.. Eran momentos místicos. De reprobación. De verdadera introspección. En breves segundos podía saborearlas mentalmente. Y con ese instante me daba por satisfecho.

– Jajajajaa!! Místicos dice! Os lo juro, se quedaba parao, en babia. -su hemisferio. Yo me quería morir. Que vergüenza me hacía pasar-. Se quedaba parao, igual delante de un estante lleno de chocolates, como de uno de licores o uno de productos del cerdo. Estático. Parecía entrar en trance. Con el producto en una mano y quieto durante unos minutos.. parecía Hamlet declamando el “to be or not to be”. Que vergüenza, de verdad. Le cambiaba la cara. Como si hubiera sentido un orgasmo tántrico. Luego devolvía el producto al estante y se largaba pensando en lo grande que era. Una vez me tuvo dos años sin beber alcohol.

– Y lo bien que nos vino? Para depurar..

– Calla. No me lo recuerdes. Comenzaste en un verano de esos calurosos. Ni una caña me dejaste catar. Pensé que me moría ese verano.
– Nos vino muy bien. Y me estás jodiendo el escrito.

– Perdone vd. Que rarito te estás volviendo con la edad.

¡¡Una barra de pan más tarde!!

Hoy sopla Tramontana. Bendito aire del Pirineo que cruza (y barre) las tierras ampurdanesas, convirtiendo la aridez con que nos ha obsequiado el verano, en deshojadas laderas.

Eso sí, las últimas lluvias y esta posterior ventolera propiciarán hermosas jornadas de senderismo a la caza de setas varias.

No, no estoy loco -bueno, tal vez un poco sí-, aquí, en Cataluña, el ir a buscar bolets, -setas en catalán-, se le denomina “cazar”.

En fin, que me pierdo; ya en la panadería, dónde paré a comprar algo para almorzar, comencé a divagar (y a salivar), sobre las alternativas gastronómicas con que regalarme el día.

  • (“…no en vano hay que comer para trabajar…”)

Esa voz interior, que justifica toda aquella fechoría que mis actos (disociados del cerebro), se empeñan en perpetuar, resuena en mi interior, entre mis sienes, para subrepticiamente, asociar la oferta de dos baguets a un euro con lo crujiente que está el pan cuando el viento se lleva la humedad mediterránea..

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Ayer volvimos del paraíso de las tapas, del sol, del descanso.
Hoy hemos empezado a caminar, hasta Calella (tocar el mar y volver), ocho km.
Está bien, lo confieso:
Vi por el suelo un papel de huevo Kïnder y casi me tiro de cabeza para lamerlo…