El coche nuevo.

(Reflexión sobre un retazo de conversación escuchado en la calle)

Padre, madre e hijita.

El padre le dice a su esposa (a través del interfono):

  • Trae a la niña para que veáis el coche nuevo

La madre:

  • Ahora bajamos.

En esos momentos, yo salgo a pasear con los perros y, tras escuchar parte de la conversación felicito al vecino por su nueva adquisición. Un Volswagen, -dicho con toda sinceridad-, de un color azulón horroroso.

Entablamos una protocolaria e hipócrita cháchara sobre las bondades del nuevo utilitario hasta que, cruzando el zaguán de la portería, madre e hija aparecen en viva disertación sobre insectos animados.

El padre, (a su hija), interrumpiendo ambas conversaciones, la nuestra y la de ellas:

  • Has visto el coche nuevo?

La niña, completamente ajena a las indicaciones del padre, persiste:

  • (…) Pues la abeja reina se hace amiga de las mariquitas para que la defiendan de los pulgones (…)

La madre:

  • Has visto el nuevo coche de papá?

  • Porque los pulgones atacan a las abejas y éstas se estresan y no pueden hacer miel..

  • Te gusta mi nuevo coche, cariño?

(…), y entonces, el abejorro del caballo blanco vino a salvar a su colmena..

Me encanta putear al gato.

En lugar de darle el pienso de rigor a la gata, de cuando en cuando, le regalo un sobre de esos de “trucha con salmón”, o ” delicatessen de cordero”, o lo que sea que quieran inventar para que compremos más chorradas en el supermercado.

Ella, mi gata Pelusa, revolotea por la cocina, maullando sin parar, mientras exprimo el sobre metalizado (ojo, no es fácil), en su cuenco.

Luego, lo porto hacia la sala donde, habitualmente, comen nuestras mascotas, mientras ella (sabedora de que hoy es un día de fiesta), se contonea y roza con mis pies a cada paso. 

En el momento en que, sabedora de que ya ha conseguido “camelarme” y se adelanta, -como para indicarme, dónde está su sitio-, es el momento en que rápidamente, me meto y encierro en el cuarto de plancha.

Luz apagada. Puerta cerrada. Silencio absoluto. Contengo la respiración (y la risa), mientras escucho los maullidos aletargados, los pasos perdidos adelante y atrás.

Pasan no más de dos minutos (desde pequeño el juego del escondite me producía ganas de orinar), y salgo como si no hubiera pasado nada.

Dejo su comedero en el suelo, en el sitio habitual y espero:

Como por arte de magia surge, con el paso cadencioso, el hocico huraño, la cola levantada y, majestuosa sin parar a mirarme, se pone a degustar, toda digna, cada bocado ante mi sonrisa velada.

Una vez acabada la sesión de acicalamiento, tras el festín, se recoge a su siesta a los pies de mi cama.

La asistente.

Hace unos días me cambiaron el teléfono del curre.

Me han dado uno de esos “inteligente”, (por lo menos más que el mío -desde el que ahora escribo-, no te mosquees cariño).

El caso es que chafardeando aquí y allá, me encuentro con algo que dice ser Un Asistente.

Yo, que nunca nadie me ha tendido los calcetines o fregado los platos, lo de “asistente”, me suena a chufla. Por no hablar de lo de la segregación de clases sociales y, un largo etc de comidas de tarro que yo mismo me hago.

Estaba por volver al Whatssap cuando me dije: – Venga, no seas bobo. Prueba…

Y, no sin cierto aire de estar haciendo el ridículo, le digo:

  • Despiertame a las ocho!

Y, flipando, observo y sobre todo escucho una agradable voz de mujer que contesta:

  • Despertador activado para las ocho. Le quedan siete horas y veinte minutos.

Oye!! Me quedé a cuadros. Con lo que me cuesta a mi tan solo encontrar el reloj en el móvil. Vamos, ni lo toqué. Me quedé tumbado y quieto en la cama como si a un crío le hubieran pillado en una mentira. Asustao.

Esta noche, he querido explicárselo a mi esposa.

Le digo, ” mira lo que tiene mi teléfono nuevo”

Y le digo:

  • Despiertame a las ocho. 

Y me contesta (dejandome en el mayor de los ridículos)

  • No he podido comprender qué me ha dicho.

Mi esposa, claro, se echa a reír y marcha para otro lado (salvando así que le siga calentando la cabeza con algo que para ella carece de sentido…)

Cabreado y con el ego dolido, refiriéndome al teléfono, me acerco a él y le espeto:

  • No sirves para nada.

A lo que la agradable voz pregrabada y, ante mi mujer, me contesta:

  • Ten paciencia. Estoy aprendiendo.

Mirad, nos miramos los dos, mi esposa y yo, incrédulos, flipando, y nos echamos a reír. Mi mujer, me dice:

– Mira, lo que te faltaba, te ha salido contestona.

Mas risas. Sigo con el juego y le realizo varias preguntas, cada vez con más mala leche para ver por dónde sale.. Al final, como no consigo pillarla en error, suelto un exabrupto:

– Joder con el cacharro!

La voz contesta:

– Voy a consultar en Internet la palabra que empieza por j asterisco, asterisco, asterisco, asterisco y luego te contesto.

Mi esposa, desternillándose de risa, se cae del sofá. Yo, humillado y apesadumbrado le digo a mi esposa:

– Cariño, me voy a dormir.

A lo que la puta máquina contesta:

– Si, mejor. Ya es tarde. Buenas noches.

Con el amor propio por el suelo me dirijo hacia la alcoba.

– Pon Radio3.

– Sintonizada radio.

(Suenan Los 40’s) Puaj!

– Pon Radio3!!

– Sintonizada radio.

Persisten Los 40’s.

– Radio3, 3, 3!!!

Me escucho gritar por el pasillo camino al lavabo.

Lo que me faltaba! Otra loca en mi vida…

Crisis? What crisis?

Mientras degusto unas patatas bravas, birra y me empapo de un cómic que me adoctrine sobre el futuro, tras el uno de octubre próximo, una mamá de buen aspecto (milf, que les dicen ahora) acompañada de su hija, se sientan en la mesa contigua en la terraza de verano.

Mientras la madre, recauchutada morena al uso, más preocupada por cubrir el código de barras del bigote, que de dejar de mostrar, lo que la Ley de la Gravedad le produce a sus pechos imposibles,  la ¿cria? (Catorce años aparenta cuando la miras a los ojos, mientras que si bajas algo la vista podría pasar por mayor de edad), pide una ración de berberechos a la plancha y un Bitter Kas.

La mamá, complacida por la estela de glamour que parece dejar en herencia, se conforma con un botellín de agua y unas chips.