¡Batallitas! Y no tanto…

Ayer -para mi todavía es hoy, ya sabéis lo de mis díscolos horarios…-
En una conversación ajena de bar (cómo no?), con las orejas puestas hacia donde no debería importarme..
Un abuelo desdentado, chepudo y enjuto, huesudo y con un pie cerca del más allá, vociferaba su “réplica” sobre cómo, -en sus años mozos y como miliciano-, en la guerra patria, había engañado en repetidas ocasiones a los “Nacionales”.
A los vencedores de nuestra cruenta Guerra Civil.
En realidad se refería a ellos como “aquellos bastardos”, pero como uno de sus contertulios era un tatuado Caballero Legionario, -o al menos eso atestiguaban sus ajados tatuajes-, y ambos parecían haber enterrado hacía ya años sus cuitas, tampoco dichas palabras parecían sonar demasiado mal…
A lo que iba… confesaba que “aquellos bastardos” le habían hecho prisionero en cierto enfrentamiento de tierras oscenses. Tras varias semanas de golpes y hambre había dado con sus huesos en una cocina donde “los Nacionales” andaban bien provistos de manduca.
Contaba -y es esto lo que quería contar hoy- de cómo a pesar de que los triunfadores no les permitían prácticamente alimentarse, ellos mondaban las patatas “Nacionales” pelándolas con un grosor de hasta un centímetro. De esta manera, podían -después-, volver a pelar las mondas y alimentar a sus familias.
A lo largo de mi vida he escuchado -boquiabierto y con ojos dulces- cómo nuestros mayores (en mi caso preferentemente los rojillos), explicaban sus “batallitas”. Ésta no la conocía.
Una señora marroquina, habitual del local también, ha confesado que su madre seguía haciéndolo en la casa en la que servía cando llegó -ilegal- no tantos años atrás.
Cuánto nos quejamos algunos, verdad??

En la mesa de al lado…

Estoy con mi madre en un bar. Un café con leche, camino del médico mensual.

En la mesa de al lado, la algarabía que producen siete mujeres de edades comprendidas entre los cuarenta y más y los sesenta bien cumplidos, interrumpen con sus carcajadas el tedio de una tarde cualquiera.

  • De qué se ríen, Montxo?

  • De verdad quieres saberlo? No tienes suficiente con permanecer atenta a lo de las viejas de la tarde de Tele5?

  • No sé por qué ese desprecio, siempre, en tus palabras. A mi me entretiene.

  • Lee más… Vivirás más.

  • No te entiendo hijo.

  • Porque no lees. Da igual mamá, no sé explicarlo mejor…

(Se vuelve a quedar abstraída con las voces del Vazquez, el Javier o el Matamoros de turno hasta que en gesto cómplice, vuelve a remitir sobre la conversación de la mesa de al lado).

  • La de cuarenta, mamá, cuenta sobre la mamada que le ha hecho al amante que tiene. La del pelo blanco violín habla sobre los panetones que comprará para sus nietos en Navidad. Las del coro de la primera ríen por la confidencia aunque no creo que ninguna de ellas hayan practicado nunca una felación (ni mucho menos que se lo hayan comido a ellas, -pienso para mi-, por no entrar en jardines movedizos), las del coro del bizcocho ríen por cumplir. Se les van los ojos al otro lado de la mesa.

  • Qué le ha dicho el Jesús Vazquez a la Mila?

  • No sé mamá. No presto atención a esos programas, ya lo sabes..

No sé por qué ese desprecio, siempre, en tus palabras.

-El domingo fui a ver Gernika. Es dura, pero está muy bien hecha.

Como un huevo a una castaña.

Se acerca un/él/ese, vendedor de cupones que siempre llega tropezando…

(no hay mala leche, le conocemos, es el marido de la maña)

Le pregunto, mientras le cojo del brazo para que no rebote por cuarta vez por entre las mesas…

  •  Qué salió el viernes?
  •  Perdona… Gracias, acabó en catorce…

Y desaparece dentro del local.
Glorioso, me repito catorce, catorce. Acabó en catorc… Mientras rebusco en la cartera, asoman los números:  9 Millones de euros, el tiempo justo para bajar el souflé del hijo de puta de número que acaba en 37.

Mientras mastico otra vez la cruel realidad de cada semana, sale el susodicho arramblando con todas las sillas de la terraza.

Una vieja sale a su encuentro, lo toma del brazo y lo encauza en la dirección correcta..

Mientras , la clientela de la terraza, hace apuestas sobre si bajará el escalón de la acera de bruces, se gira (horror), y me pregunta al viento..

  • Hubo suerte?
  • Casi. casi.  -Contesto, cortés-, Por uno… Se parece…


Se aleja directo a la papelera cuando otras manos amigas le vuelven a encauzar… Mientras me quedo pensativo y maldigo:

  • Si. se parece como un huevo a una castaña.

De bares por la Plaza Mayor.

Pues estaba paseando y pensando en el gran placer que supone apostarse y observar a la peña desde las terrazas de los bares.

Delante mío hay un matrimonio guiri, me atrevería a especular que holandés.

Él, pensativo con unos auriculares, espera paciente la llegada de su esposa, caballeriza de alto y grueso tonelaje, que nada más sentarse, que digo sentarse? … Esparramar y encastrar poderosos glúteos en un sillón de forja, para deleitarse de la adquisición de sus presas.

Ya os dije que hoy había mercadillo semanal?

-Espátula de madera, que no de boj.

-Pareo mil colores, mil peces, mil flores. Del mal? –Que diría Baudelaire!!-.

-Espectacular bañador -una pieza- cuyas copas harían las delicias de mi tía Berta, la teutona.

 

Los aspavientos con que se explica -ya los hubiera querido recordar nuestro antagónico Sancho Panza. Aunque, para  “panza”,  la de ella-. Cuando explicase en las tabernas, las cuitas de su señor, blandiendo yelmo, montura y estoque,  frente a los gigantes del campo que describía Saavedra…  Los aspavientos,  -repito-, son compartidos por estruendosas carcajadas de la famélica y risueña vastaga que…  Oh sorpresa, aparece tras el muñeco Michelin.

Sonrisa cómplice con los ojos del padre, que permanece en silencio.. . No sé si porque compartir el alboroto de su hija le dejará sin sexo el resto de vacaciones… O si se relame -tal vez- porque así fuese.

Pagan.

Se van.

Otras (escandalosas) familias de tetas (tres generaciones de pares), proceden a invadir la mesa vacía..

  • Jajajja hermano, creo que te tienes que dedicar a escribir!

Ya lo intento cariño, ya lo intento. Pero no sé si con este carácter mío conseguiré que no me muerdan por la calle cuando me pidan autógrafos..

Mis perros. 

Kas y Lua  (5)

Mis perros.
Los amo.

Estamos en un bar. Junto con la cerveza nos ofrecen unas aceitunas. Ya he dicho alguna vez que no son de mi agrado.
Se las voy dando a mis canes.
Una a la pequeña, otra al husky.
La primera hace “glup” mientras el segundo mordisquea y mordisquea hasta dejar el hueso.
La otra, cada vez, me mira como diciendo:

  • Ya está. Ya he tragado, dame más.

Y vuelta a empezar. Doy una a cada uno. Una traga y el otro muerde con delicadeza hasta escupir el piñol.

Invariablemente, cuando me levante a pagar, ella aprovechará para comerse todos los huesos que el otro dejó.
Un espectáculo.

Lola.

Lola (Comentando a Valeria…)

A veces, los recuerdos -insanos o no- aparecen sin más.

  • Insanos?
  • Vaa… No asomes, precisamente hoy, con el calor que hace, no estabas pintando?
  • Por qué insanos?
  • Ya sabes por qué. Y a ésta gente que nos lee -ese dato- no les interesa.
  • Tu crees? Fue tu hemisferio el que se encoñó con Lola. Cuando fuimos a su casa, fue para colocar aquellos enlucidos de madera para proteger de la humedad.
  • Vivía en un bajo.
  • Ya se que vivía en un bajo. Lola estaba loca, como una cabra. Aun recuerdo aquella noche de la lluvia de estrellas que casi acaba en lluvia dorada. Se meo encima. Mientras estaba sentada en un sillón de una terraza. Que guarra!!
  • No se meo. Se c… descubrimos con ella el punto G. Tu le hablabas de arreglarle los bajos (de su casa) a su subconsciente. Yo hablaba con ella. Bajo la mesa nuestras manos jugaban. Fue algo incómodo (para que no nos vieran).
  • Que te crees tu eso. Da gracias que era de noche..
  • …!
  • Siempre nos han atraído las descerebradas, recuerdas?
  • Claro. Así nos fue durante tanto tiempo.
  • Lola fue especial. Fue la primera, la que nos sacó del tedio del matrimonio con..
  • Chist!! Los nombres chitón. O te encierro.
  • No te atreverás! La última vez ya sabes que estuvimos sin hablarnos un mes.
  • (que descanso)
  • Eh!! Que te he oído. Estoy en tu cabeza. Lo recuerdas?
  • Pues claro…No te dará una apoplejía un día, no…
  • …!!
  • Un ictus? Cortito?
  • Eres un imbécil. Me voy. Voy a seguir pintando. Me hubiese gustado ofrecer mi visión de la relación con Lola. Después de todo YO soy el artista, tu sólo eres el sieso que escribe… Qué ibas a escribir si no? De qué experiencias contarías? Ya me llamarás, ya.
  • Si. Para comer. Recuerda que un artista es un payaso. (también)
  • Imbécil…

(¡¡Portazo!!)

En fin, perdonad -una vez más- el inciso. Estaba en que tras comentar en el Blog http://loslabiosdevaleria.wordpress.com/ ha surgido un fantasma del pasado.

  • Otro. Otro fantasma!!
  • Te juro que un día….

Tras comentar -repito-, he sentido la necesidad de recordar el episodio con Lola.

Una vez, salí con una pintora, (eso decía ella) pusimos una gran sábana a modo de improvisado lienzo, sobre un sofá. Para protegerlo del polvo.

  • Qué polvo? Quién es el fantasma ahora? Eh!!
  • El de la sierra. Fuimos a lo de las maderas. Ves como no pillas?

Le gustaban los colores morados, pintar atardeceres.
Disfruté al principio, -para qué negarlo, por la novedad- perfilando con un pincel las aureolas de sus pechos. Ella hizo lo propio conmigo. La pericia de mis trazos degeneró bastante.
Las risas, los besos, los escarceos íntimos, las mezclas de óleos y acrílicos, la técnica de empastar…
Nos reímos mucho. Menos después, a la hora de lavarse.

No la volví a ver durante años.
Dos décadas después, tras una breve visita a su ciudad -fui a un entierro acompañado de mi hermana pequeña-, nos cruzamos por la calle. Ella iba con marido. Dos niños pequeños.
Saludos, efusivas muestras de cariño, ¿De nostalgia? Nos invitaron a su casa. A tomar café, charlar. Una visita cordial.

Entrando en la casa. Pasillo al fondo. Cuando crucé el comedor y vi la gran sábana extendida en una pared, el corazón me dio un vuelco.
Vi las huellas de los excesos de hace años sobre una pared.
Instintivamente bajé la mirada al suelo, saludé a los niños y cuando la volví a levantar, el tal Javier le preguntaba a mi hermana si le gustaba el cuadro.

Lola, -la amiga pintora-, me lanzó un imperceptible guiño que no pasó desapercibido por mi hermana, que después, ya en la calle, me increpó:

– Ésta tía te ha guiñado un ojo con su marido al lado? Anda.. Vamos, que estamos de entierro!!