Como un huevo a una castaña.

Se acerca un/él/ese, vendedor de cupones que siempre llega tropezando…

(no hay mala leche, le conocemos, es el marido de la maña)

Le pregunto, mientras le cojo del brazo para que no rebote por cuarta vez por entre las mesas…

  •  Qué salió el viernes?
  •  Perdona… Gracias, acabó en catorce…

Y desaparece dentro del local.
Glorioso, me repito catorce, catorce. Acabó en catorc… Mientras rebusco en la cartera, asoman los números:  9 Millones de euros, el tiempo justo para bajar el souflé del hijo de puta de número que acaba en 37.

Mientras mastico otra vez la cruel realidad de cada semana, sale el susodicho arramblando con todas las sillas de la terraza.

Una vieja sale a su encuentro, lo toma del brazo y lo encauza en la dirección correcta..

Mientras , la clientela de la terraza, hace apuestas sobre si bajará el escalón de la acera de bruces, se gira (horror), y me pregunta al viento..

  • Hubo suerte?
  • Casi. casi.  -Contesto, cortés-, Por uno… Se parece…


Se aleja directo a la papelera cuando otras manos amigas le vuelven a encauzar… Mientras me quedo pensativo y maldigo:

  • Si. se parece como un huevo a una castaña.

De bares por la Plaza Mayor.

Pues estaba paseando y pensando en el gran placer que supone apostarse y observar a la peña desde las terrazas de los bares.

Delante mío hay un matrimonio guiri, me atrevería a especular que holandés.

Él, pensativo con unos auriculares, espera paciente la llegada de su esposa, caballeriza de alto y grueso tonelaje, que nada más sentarse, que digo sentarse? … Esparramar y encastrar poderosos glúteos en un sillón de forja, para deleitarse de la adquisición de sus presas.

Ya os dije que hoy había mercadillo semanal?

-Espátula de madera, que no de boj.

-Pareo mil colores, mil peces, mil flores. Del mal? –Que diría Baudelaire!!-.

-Espectacular bañador -una pieza- cuyas copas harían las delicias de mi tía Berta, la teutona.

 

Los aspavientos con que se explica -ya los hubiera querido recordar nuestro antagónico Sancho Panza. Aunque, para  “panza”,  la de ella-. Cuando explicase en las tabernas, las cuitas de su señor, blandiendo yelmo, montura y estoque,  frente a los gigantes del campo que describía Saavedra…  Los aspavientos,  -repito-, son compartidos por estruendosas carcajadas de la famélica y risueña vastaga que…  Oh sorpresa, aparece tras el muñeco Michelin.

Sonrisa cómplice con los ojos del padre, que permanece en silencio.. . No sé si porque compartir el alboroto de su hija le dejará sin sexo el resto de vacaciones… O si se relame -tal vez- porque así fuese.

Pagan.

Se van.

Otras (escandalosas) familias de tetas (tres generaciones de pares), proceden a invadir la mesa vacía..

  • Jajajja hermano, creo que te tienes que dedicar a escribir!

Ya lo intento cariño, ya lo intento. Pero no sé si con este carácter mío conseguiré que no me muerdan por la calle cuando me pidan autógrafos..

Mis perros. 

Kas y Lua  (5)

Mis perros.
Los amo.

Estamos en un bar. Junto con la cerveza nos ofrecen unas aceitunas. Ya he dicho alguna vez que no son de mi agrado.
Se las voy dando a mis canes.
Una a la pequeña, otra al husky.
La primera hace “glup” mientras el segundo mordisquea y mordisquea hasta dejar el hueso.
La otra, cada vez, me mira como diciendo:

  • Ya está. Ya he tragado, dame más.

Y vuelta a empezar. Doy una a cada uno. Una traga y el otro muerde con delicadeza hasta escupir el piñol.

Invariablemente, cuando me levante a pagar, ella aprovechará para comerse todos los huesos que el otro dejó.
Un espectáculo.

Lola.

Lola (Comentando a Valeria…)

A veces, los recuerdos -insanos o no- aparecen sin más.

  • Insanos?
  • Vaa… No asomes, precisamente hoy, con el calor que hace, no estabas pintando?
  • Por qué insanos?
  • Ya sabes por qué. Y a ésta gente que nos lee -ese dato- no les interesa.
  • Tu crees? Fue tu hemisferio el que se encoñó con Lola. Cuando fuimos a su casa, fue para colocar aquellos enlucidos de madera para proteger de la humedad.
  • Vivía en un bajo.
  • Ya se que vivía en un bajo. Lola estaba loca, como una cabra. Aun recuerdo aquella noche de la lluvia de estrellas que casi acaba en lluvia dorada. Se meo encima. Mientras estaba sentada en un sillón de una terraza. Que guarra!!
  • No se meo. Se c… descubrimos con ella el punto G. Tu le hablabas de arreglarle los bajos (de su casa) a su subconsciente. Yo hablaba con ella. Bajo la mesa nuestras manos jugaban. Fue algo incómodo (para que no nos vieran).
  • Que te crees tu eso. Da gracias que era de noche..
  • …!
  • Siempre nos han atraído las descerebradas, recuerdas?
  • Claro. Así nos fue durante tanto tiempo.
  • Lola fue especial. Fue la primera, la que nos sacó del tedio del matrimonio con..
  • Chist!! Los nombres chitón. O te encierro.
  • No te atreverás! La última vez ya sabes que estuvimos sin hablarnos un mes.
  • (que descanso)
  • Eh!! Que te he oído. Estoy en tu cabeza. Lo recuerdas?
  • Pues claro…No te dará una apoplejía un día, no…
  • …!!
  • Un ictus? Cortito?
  • Eres un imbécil. Me voy. Voy a seguir pintando. Me hubiese gustado ofrecer mi visión de la relación con Lola. Después de todo YO soy el artista, tu sólo eres el sieso que escribe… Qué ibas a escribir si no? De qué experiencias contarías? Ya me llamarás, ya.
  • Si. Para comer. Recuerda que un artista es un payaso. (también)
  • Imbécil…

(¡¡Portazo!!)

En fin, perdonad -una vez más- el inciso. Estaba en que tras comentar en el Blog http://loslabiosdevaleria.wordpress.com/ ha surgido un fantasma del pasado.

  • Otro. Otro fantasma!!
  • Te juro que un día….

Tras comentar -repito-, he sentido la necesidad de recordar el episodio con Lola.

Una vez, salí con una pintora, (eso decía ella) pusimos una gran sábana a modo de improvisado lienzo, sobre un sofá. Para protegerlo del polvo.

  • Qué polvo? Quién es el fantasma ahora? Eh!!
  • El de la sierra. Fuimos a lo de las maderas. Ves como no pillas?

Le gustaban los colores morados, pintar atardeceres.
Disfruté al principio, -para qué negarlo, por la novedad- perfilando con un pincel las aureolas de sus pechos. Ella hizo lo propio conmigo. La pericia de mis trazos degeneró bastante.
Las risas, los besos, los escarceos íntimos, las mezclas de óleos y acrílicos, la técnica de empastar…
Nos reímos mucho. Menos después, a la hora de lavarse.

No la volví a ver durante años.
Dos décadas después, tras una breve visita a su ciudad -fui a un entierro acompañado de mi hermana pequeña-, nos cruzamos por la calle. Ella iba con marido. Dos niños pequeños.
Saludos, efusivas muestras de cariño, ¿De nostalgia? Nos invitaron a su casa. A tomar café, charlar. Una visita cordial.

Entrando en la casa. Pasillo al fondo. Cuando crucé el comedor y vi la gran sábana extendida en una pared, el corazón me dio un vuelco.
Vi las huellas de los excesos de hace años sobre una pared.
Instintivamente bajé la mirada al suelo, saludé a los niños y cuando la volví a levantar, el tal Javier le preguntaba a mi hermana si le gustaba el cuadro.

Lola, -la amiga pintora-, me lanzó un imperceptible guiño que no pasó desapercibido por mi hermana, que después, ya en la calle, me increpó:

– Ésta tía te ha guiñado un ojo con su marido al lado? Anda.. Vamos, que estamos de entierro!!

El éxtasis y la valenciana.

Hace unos años, ya hice un borrador sobre este particular capítulo de mi vida, es posible que algún@s ya hayáis leído parte de esta historia.

Mis disculpas.

 

Ojalá pudiera con este escrito hacer desaparecer el fantasma del horror que me persiguió aquella Semana Santa.

En Semana Santa, bajaban turistas del Levante español al pueblecito de costa donde tenía el bar. Supongo que la alternativa de cercanía territorial tenía mucho que ver -pocos días, mínimo trayecto-

Por aquellas fechas tenía como clientes fijos a un grupo valenciano. Estaba compuesto por media docena larga.. de personas. -Siete, eran siete. Tres parejas estables y una loca-. Me vais a perdonar lo de “loca”, pero es por reducir el contexto en una palabra amable. No demasiado ofensiva. Ya si eso, conforme vayáis conociéndome, ya le daréis más o menos fuerza a las palabras que utilizo cuando relato.

Como os digo, eran tres parejas estables con edades entre ventimás y treinta y pocos, con la familiaridad que da serlo desde críos, todos se apoyaban y cabreaban entre ellos, todos conocían los valores y puntos débiles de los demás, todos ellos y ellas, habían compartido parejas del grupo entre ellos y ellas, quien era el más ligón, el más borracho, el más pendenciero, el generoso, la tonta, el guapo.. vamos, se conocían bien. Luego estaba “ella”. Ella era zafia, patosa, mal-encarada, borde, hosca, y además bebía cerveza a una velocidad fantástica -esto último lo aporto por la parte mercantil que me tocaba-. Una verdadera valkiria, exenta de glamour, en toda regla

Como yo en esa época también tenía un pronto “borde” que utilizaba para conferir cierto aire malévolo para con el público de mi garito -un porcentaje muy alto lo era de politoxicómanos blandos, a los que había que domar- no tardé mucho en confraternizar al principio y enzarzarnos después en puyas con la susodicha criatura valenciana.

Eran cuatro días intensos. Cada Semana Santa las mismas borracheras, las mismas pugnas, los mismos desafíos. Por supuesto, la última noche nos acostamos. No recuerdo ni el antes ni el después. No recuerdo palabras amables, ni cariñosas, ni nada. Solo se que follamos. Luego se fue de vuelta a su Levante hasta el año siguiente.

Fue uno de esos malos polvos, que siempre pensamos es mejor olvidar. Que triste es cuando no quieren moverse -ojo! ellos o ellas, en esto no hay distinción, si tu pareja de un día es aburrida…-

La olvidé.

Ahora tengo que hablaros del éxtasis. Trabajo duro. Pues debo abrir el baúl de la locura y no todos los días me encuentro con ganas. Hace meses (años en realidad, como decía al principio) que tengo -entre otros- un borrador con este  escrito. Hoy me encuentro con fuerza.

El éxtasis es, lejos de referirme al enaltecimiento de un placer moral, mental, o carnal, -por ejemplo- el nombre popular de esa droga psicoactiva sintética, que es el MDMA. No haré yo aquí, ni ahora, apología sobre ninguna droga, menos de ésta -a pesar que algunas eminencias médicas de los 80´s reconocían públicamente su puntual ayuda sobre sus propiedades para hacer aflorar pensamientos y recuerdos reprimidos. No. Yo no pretendo si no hablaros de la crudeza de la misma como tal.

Aparte los discutibles placeres que puntualmente produce el MDMA, la realidad es que su uso continuado puede ocasionar muchos problemas al consumidor frecuente.

Físicamente, aporta energía, alta sensibilidad y reducción de la ansiedad al contacto físico, mayor tolerancia a la fatiga, taquicardias, arritmias, pérdida del apetito, sequedad de boca, sudoración, deshidratación, aumenta el estado de alerta, insomnio. Psicológicamente, produce ansiedad, irritabilidad, sensación de euforia, estado de placer, sensación de empatía con los demás, locuacidad. En dosis elevadas puede producir ansiedad, pánico, confusión, insomnio, náuseas, vómitos, temblores, escalofríos y deshidratación severa, pueden experimentarse problemas cardiacos o una insuficiencia renal aguda. Vamos.. una fiesta!! Cuando estas sensaciones decaen, sobreviene agotamiento, fatiga, inquietud y depresión, estados que pueden durar varios días.

A mi me daba por la depresión.

Oye!! Unas lloreras. Un arrepentimiento tras los conatos de nostalgia. Unos actos de contrición.. me asustaba de veras. Motivo por el que sin querer pero queriendo, volvía a tomar otra “rula”, y mi estado de ánimo resucitaba.

A ver, cuando durante años no has sido más que un mindundi, separado prontamente, con hijos, buscando desesperadamente trabajos con los que cumplir con pensiones y malvivir, desarraigado de amistades y regiones, desamparado en suma.. Y, de repente te metes en una etapa de tu vida en que tocas dinero, regentas un garito de copas, la gente disfruta de tu compañía!!

Y entras en un bucle donde alguien te besa en la boca y con la lengua te pasa un cuartillo de pastilla, los ojos locos ya no miran hacia ningún sitio, corría el ron, la música, el baile, el sensual movimiento de caderas ajenas, explícitas, sensuales, cadenciosas, el sudor se tornaba un vapor húmedo y denso que destilaba sexo.. Otra boca ajena, otra saliva distinta, y ahora eres tu el que comparte un trozo de rula.. has vuelto a empezar el bucle -como si circularas por una Cinta de Tornasol- Has cambiado sin entender.  Es muy difícil volver a razonar y comprender que eso era lo malo.

Durante unos años viví una realidad paralela. Mucho de lo que escribo es de esa época, creo que es el momento de lastrar unos pesos oscuros que han permanecido en algún lugar blindado de mi cerebro.

Lo dicho. Unos años de locura.

Al siguiente año volvieron los levantinos, puntuales en Semana Santa. Me pilló en el ecuador del descerebre más acuciado. Por supuesto volvió la bestia. Volvimos, sin casi saludarnos, a discutir, con una saña renovada. Con odio. Por supuesto continuó vaciando rauda las neveras, -cosa que agradecí, yo cobraba a tanto por ciento de caja, no tenía sueldo fijo-.

Pero había cambiado. Mucho. Su semblante.. parecía.. una endemoniada. Sonreía de forma maléfica, como una pepona de feria. Ya sabéis.. esas muñecas de trapo mofletudas con enaguas rayadas- Su larga melena se había tornado dos grasientas trenzas enormes y tiesas, como si de un unicornio bicéfalo se tratara. Estaba más gruesa, pero ya la recordaba así de mi pesadilla del año anterior con menos ropa..  Lo dicho:

Un horror.

Tras mucho discutir, y en un aparte, le pregunté a una de sus íntimas, si tan mal recuerdo tenía de mi? Su respuesta me petrificó. Algunos habían, ese año, apostado por ir a las fiestas de otra ciudad más al norte, pero nuestra “común” amiga había insistido mucho en volver a donde todos los años. A pesar de sus intentos por convencerla nada había surtido efecto. Ahí estaban. -exacto, pensé yo, AQUÍ están- Luego, me contó que les había explicado a todos, más o menos.. que en la Semana Santa pasada había tenido un orgasmo de órdago!! y que este año iba a repetirlo.

Aunque me crecí, -faltaría más- y me puse a discutir de nuevo con fuerzas renovadas, he de reconocer que se me quitó el colocón de golpe. Vamos, como cuando estás en un bar del Pirineo y, cuando sales a la calle a mear a doce bajo cero, se te va la borrachera ZAS. De golpe.

-Cómo iba a tener a una tipa, cuatro noches seguidas acosándome para llevarme a la cama! Vamos hombre! No me jodas!! Con toda la gente enpastillá, dándose morreos y sobándose, cruzando pastillas y babas de boca en boca, respirando la humedad del mar mezclada con el aroma salitre de decenas de sexos en llama viva! Con María al lado todo el día, amarrándome. Ya el otro día, cuando os hablé de Janis,

https://montxomon61.wordpress.com/2015/02/21/janis/

hablé de María. María fue un salvavidas sexual en una etapa de mi vida. Ella siempre quería ir a follar, ni cine, ni tv, ni comer, ni nada de nada. Solo follar, daba miedo, os lo juro. Me quería con locura, eso lo sabía. En cuanto acabábamos, se levantaba y se iba a currar -como resucitada- limpiaba apartamentos de turistas, para turistas, quiero decir. Más casas, más dinero, Me llamaba y ¿dondeestásss? Ven a casa de tal o de cual.. y allí, sobre una mesa, en la cocina, daba igual. En fin, ya tocará hablar de María un día. Lo dicho, y a la loca allí. En mitad de la fiesta, mirándome como al futuro polluelo al que hay que… bebiendo como un cosaco y envalentonándose con los vítores de su cuadrilla..

A la segunda noche caí. No recuerdo nada, bueno si, el final, luego os cuento…

El resto de la semana ¿Santa? fue un calvario. Un Real calvario, -no como de los de Semana Santa- un verdadero calvario. Toda las bromas de sus amigos versaban sobre que la traerían todos los años. Para calmarla. Un horror.

Cómo?? Que queréis saber más? No fastidiéis!!

Bueno, lo prometí antes. Ahí va.

Desperté con la cabeza sobre dos de los muchos grandes cojines que tenía en el sofá. Con la cabeza torcida e inclinada hacia adelante. Al abrir los ojos pude verme -con horror- desnudo de cintura para abajo con aquella jabata cabalgándome con saña. Sus coletas brincaban arriba y abajo con frenesí. Su cara denostaba la de una posesa de Satán, pómulos perlados en rojo sudor. Las aletas de la nariz ventilando a marchas forzadas, acumulando aire para resoplar. Los ojos mirando hacia el infinito de atrás. Su “entrepierna” muy poblada, se movía arriba  abajo convulsamente.

La visión duró un instante. Tuve la lucidez de cerrar los ojos de nuevo. Intenté pensar, sentir qué había pasado? Cómo había vuelto a caer? Y, tan pronto… Me centré en lo obvio. No sentía nada. Podía percibir mi sexo, arrugado, muerto, allá abajo. Los bajones de las droga eran terribles. Entonces? No me atreví a volver a mirar. Me hice el dormido y cuando volví a “despertar” ya no estaba. Ahora volver a leer el párrafo donde sus amigos brindaban por mi. Qué les contaría?

Un horror!!

Por qué arruinar un buen almuerzo con un café?

POR QUÉ ARRUINAR UN BUEN ALMUERZO CON UN CAFÉ?

Hace unas semanas -puede que hace un rato-, estaba sentado a la barra de un bar.
Cerveza a las dos, periódico abierto a las nueve -bajo un sobrio plato con alubias blancas con butifarra*-, con la cabeza apoyada sobre la palma de la mano izquierda, con no muy acertado disimulo, observo a una pareja atípica en la mesa colindante a la barra.
Cuando digo atípica, es porque ya no salen los papás y las mamás con sus retoños en las mañanas de sábado, ahora salen los papás (de ellas) con los nietos, mientras intentan comprender por qué -en el caso de que éstas aun conserven al padre de la criatura- prefieren ellos estar jugando a paddle, o a frontón, o a … lo que sea, que con sus hijos.
Dicho esto, mientras la susodicha no deja de interactuar con su teléfono móvil de imperante manera convulsiva, el abuelo, sesentón forzado a no trabajar en los años que corren, con una barba de tres días de las de antes -rala y cana-, con los surcos que la miseria -y el alcohol barato- ha dejado en su rostro, tropieza con mi huidiza mirada.
Parece querer saber qué estoy comiendo.
La vocecilla de su hija -la inequivoca nariz les delata el parentesco- clama:

  • Bebe un poco de agua, cariño.

El abuelo, reniega en voz queda y farfulla algo parecido a:

  • Déjale. Que luego se mea.

  • Qué se va a mear mi hijo? Cuándo le has visto tú hacer eso? Parece mentira que digas esas cosas de tu niet…

La chillona -e impertinente- vocecilla, se pierde entre el trasiego de platos, tazas y cubiertos que la camarera de pelo azul está secando sobre la encimera de la cafetera.

Por qué se teñirá siempre de azul -me escucho repetirme en el cerebro mientras alguien me golpea (suavemente) en el hombro-.

  • Ha acabado con el periódico?

Cortés, le ofrezco mi desdentada sonrisa de lobo, al tiempo que esbozo una excusa referente a “siempre dicen lo mismo” en lugar de contarle la verdad, que estoy ojo avizor, atento a la situación ajena, para tal vez… inspirarme para el escrito de mi proxima pendejada. -Ésta que lees, querido lector-.
Mientras pienso si tenderle el diario la voz insiste:

  • Pablito, bebe un poco más de agua!

  • Que no le des más al niñ…

El ladrón de periódicos se queda plantado a mi espalda, siento su aliento en mi nuca, junto al oído izquierdo. No parece muy alto, me llega justo hasta… Yo estoy sentado en el taburete.
Le escucho:

  • Creo que le copiaré.

  • Perdón? Qué dice? -Contesto sin volverme-.

  • Que creo que le copiaré el desayuno. En lugar de pedir un bocata… Están buenas las judías? No siempre son tiern…

  • Cierro el periódico de manera brusca y se lo tiendo. Sin más palabras.

(sólo me falta esto, un pendejo parlanchín que interrumpa mis diátribas)

Mientras marcha con el diário apenas escucho el “gracias, luego le invito a un café”.

  • Pablo, cariño, bebe un poc…

La lastimera mirada del abuelo parece querer decir: -Ya verás..ya-.

Mientras le pido la cuenta a la del pelo azul, no puedo reprimir una carcajada cuando “Pablito” a espaldas de su madre ha sacado su pequeña cosita y está orinando en una de las macetas junto a la pared.
El abuelo, atento al quite (y a mis gestos), le da un manotazo al móvil de su hija para llamar su atención.

  • Lo ves? Igual que en casa. No dirás que no te lo había avisado…?

Con el rabillo del ojo derecho, observo a la del pelo azul que me trae el cambio del billete de diez (mientras reprocha a la madre de Pablito por enésima vez el repetido agravio)

  • Joder Laura! Otra vez se ha meado tu hijo en la maceta? Todos los sábados igual. Ramón, dice aquel hombre que te paga un café.

  • No. Es igual. Ya sabes que no tomo café. Por que iba a arruinar un buen almuerzo con un café? -Le contesto-.

Ella, con su cansada mirada resignada por clientes pesados, niños meones y un color que no la favorece (seguro lo sabe), responde:

  • Ramón… Que es uno de esos que insiste e insiste e insiste… y, yo cobro a comisión.

  • Pon otra cerveza.

Dejo un tercio en la botella, la apuro en dos tragos y tras brindar al aire tras girarme y sin mirar, observo cómo se le caen las judías del tenedor antes de entrar en la boca del canijo de un antiguo jefe.

Vaya por dios!!

  • Otro día os cuento lo de la cubana y la butifarra…