Recordando a Emilio Botín.

Creo que una de las mujeres con más influencia en España es la hija de Emilio Botín.

No he podido dejar de recordar lo que a modo de epitafio, escribí a la muerte de su padre.

Escrito el diez de septiembre de dos mil catorce.

 Miércoles (reflexión)

– Ha muerto el banquero.
– Perdona, un banquero es quien construye bancos y banquetas. A los que tu te refieres, se les conoce como bancarios, usureros que se decía antes.
– Pues eso… Que a todos los cerdos les llega su San Martin..
– Marianico dice estar abatido.
– Ay, si. Y la viuda y los niños. No te jode!
– Esos? Esos ya están relamiéndose. No seas lerdo.
– Creo que le harán un funeral de estado. Tras la hipocresía del de Suarez, se ve que es la norma.
– Claro. Y aquí, todos a llorar viéndolo por televisión. Que penita más grande..
– Se ve que no ha podido llegar al 11-S. -Competir en importancia de noticia con los secesionistas-, le había jurado a don Mariano. Pobre..
– Pobre? Este no es el que gestionaba las comisiones bancarias de media España?
– Si. -Un euro de aquí, otro de allí..?-,  Dijo una vez su viuda.
– Crees que nos darán fiesta en el colegio?
– No sé. Con el Dictador dieron diez días.
– Tu es que eres ya muy mayor hermano, yo maduré más despacio.
– Si. Los piscis es lo que tenemos. Uno nada para un lado y el otro en sentido contrario. Nos movemos, si. Pero.. Nunca conseguimos avanzar mucho.
– Ves? Ya divagas otra vez. Qué harán con todas esas corbatas rojas?
– Las de la Marca España?
– Si. Esas.
– No sé. Ahorcarlo? 

 

Enterrando el alma.

“Vaya 20 minutos a un cementerio y verá que sus preocupaciones no desaparecen, desde luego, pero casi son superadas… Es mucho mejor que ir a un médico. Un paseo por el cementerio es una lección de sabiduría casi automática”
Emil Cioran.
Gran consejo.
A veces, coincidiendo con el paseo de mis perros, me permito entrar en el camposanto del pueblo. Pasear observando nada más.
Reencontrarse con uno mismo. Fijarse en cómo y cuánto han cambiado las maneras de rendir tributo a nuestros antepasados. Desde los panteones a las flores de plástico.
Desde los bronces bruñidos a los parterres abandonados.
Desde los nichos a pie, a primera vista, a los de la quinta o sexta fila en alzada.
Los verdes del musgo apoderándose del lugar. La humedad. El crujir de la grava a cada paso, como si fuésemos a molestar a los inquilinos.
Los majestuosos cipréses, erguidos o vencidos al viento cual guardia de honor…
Un paseo por un cementerio es un gran ejercicio de introspección. De comparar qué tipo de vida llevamos o hemos ido consiguiendo.
Despues de todo tarde o temprano alguien realizará ese mismo paseo y podremos sentir, en última instancia, su energía desde detrás de las lápidas.
Sólo de lo que hagamos en vida, redundará cuan solos permanezcan nuestros restos.