EL PEOR ENEMIGO ES TU INDIFERENCIA.

Pared sombrero

Ayer, paseando con mis perros, topé con ésta pintada en una fachada.
Me paré un momento -uno de esos reflexivos que se agolpan en mi cabezota-, y decidí sacarle una foto.

(generalmente, no se bien por qué, acostumbro a sentir un cierto pudor cuando “robo” instantáneas anónimas, motivo por el cual, antes de sacar el móvil y realizar la fotografía, miré a ambos lados)

Justo acababa de realizarla, cuando tras de mi, ante una puerta a ras de acera, un caballero bien plantado, de edad similar a la mía -puede que algo mayor-, se ajustaba unos auriculares antes de salir de paseo. Su mirada, sobria, dulce y a la vez inquisitiva, me produjo una sensación de amable posible futura conversación. (nunca las desprecio).
Me quité los auriculares propios, saludé y ante sus idénticos y reflejados movimientos, -y en un perfecto catalán-, me preguntó:

– Qué le parece?

Yo, que no acostumbro ha hablarlo, lo entiendo -por supuesto, y hablo lo indispensable traduciendo al unísono mientras pienso en castellano-, recuerdo (cauto) contesté:

– Pues me parece, que independientemente del mensaje, no olvidemos que estando en Cataluña, el mensaje ofrece muchas y variadas ofertas, me parece, repito, muy poca vergüenza y despropósito ensuciar las paredes ajenas de esta manera.

La respuesta pareció agradarle.
Entablamos una rápida, educada y breve conversación.
(hacía un frío de cojones)
Sobre el asentimiento mutuo sobre las libertades “ajenas” pasamos hacia la educación de las mascotas. Se quejaba que frente a su balcón, un vecino abandonaba un perro todas las tardes en el suyo y éste se las pasaba ladrando.. en seguida, los míos le cautivaron por su obediencia ante mis mínimas órdenes (un coche cruzaba y les invité a apartarse de la calzada) y entonces, -antes de despedirnos-, me hizo referencia a una frase:

– (…la maldad se extiende porque los buenos lo permitimos…)

Acto seguido me dijo que el autor era un tal Burke, le dije que lo buscaría. Y mi sorpresa (igual no tanta, dado el cariz de la conversación, me llevó hacia la biografía de este personaje. https://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=1&cad=rja&uact=8&ved=0ahUKEwiEqsHF9LbKAhWGuBQKHcEgCBgQFggkMAA&url=https%3A%2F%2Fes.wikipedia.org%2Fwiki%2FEdmund_Burke&usg=AFQjCNExiwdEJoGsbVBNjK9T2zSNnqGLKg

Luego, tumbado en la cama, recapacitando sobre todas las similitudes aportadas por el señor, por los perros, por la pintada, por el autor de la cita, por la conversación en suma, me hizo pensar en lo mucho que tenía todo que ver.

Y, aquí estoy.
Ofreciéndooslo. A modo de reflexión.

Huérfanos de la sabiduría?

Escuchaba el otro día sobre un pastor. También sobre la desaparición del pastoreo como oficio.

Me pareció lógica la desaparición del oficio. La globalización -mal que nos pese- es lo que es…

No así en poblaciones pequeñas, en pueblos de montaña, pero en líneas generales el caudal mínimo no mueve molino.

Conforme avanzaba la entrevista, me quedaba embelesado con las palabras del entrevistado. Palabras sencillas. Frases breves. Pausadas. Sin embargo, llenas de significado.

La entrevistadora -hábil- cambió el tercio.

  • Antes los abuelos de los pueblos, en general -no sólo los dedicados al pastoreo- predecían el tiempo.

Y el pastor se deleitaba en su conversación tranquila, explicando sobre lo repetitivo de sus paseos, la contemplación del cielo, del paisaje, día tras día, mes tras mes, toda la vida.

Pues claro! Cómo no va a saber tras la madurez de la observación de las cosechas tardías. O de la exasperante falta de lluvias. O la fatal persistencia de nieves perpetuas.

Y de repente la entrevistadora -amable, casi susurrando-, concluye:

  • Sin embargo “no les hemos escuchado”.

Esta ultima frase me hizo sentir un escalofrío.

No hemos aprendido tantas y tantas enseñanzas por no escuchar.