¡Batallitas! Y no tanto…

Ayer -para mi todavía es hoy, ya sabéis lo de mis díscolos horarios…-
En una conversación ajena de bar (cómo no?), con las orejas puestas hacia donde no debería importarme..
Un abuelo desdentado, chepudo y enjuto, huesudo y con un pie cerca del más allá, vociferaba su “réplica” sobre cómo, -en sus años mozos y como miliciano-, en la guerra patria, había engañado en repetidas ocasiones a los “Nacionales”.
A los vencedores de nuestra cruenta Guerra Civil.
En realidad se refería a ellos como “aquellos bastardos”, pero como uno de sus contertulios era un tatuado Caballero Legionario, -o al menos eso atestiguaban sus ajados tatuajes-, y ambos parecían haber enterrado hacía ya años sus cuitas, tampoco dichas palabras parecían sonar demasiado mal…
A lo que iba… confesaba que “aquellos bastardos” le habían hecho prisionero en cierto enfrentamiento de tierras oscenses. Tras varias semanas de golpes y hambre había dado con sus huesos en una cocina donde “los Nacionales” andaban bien provistos de manduca.
Contaba -y es esto lo que quería contar hoy- de cómo a pesar de que los triunfadores no les permitían prácticamente alimentarse, ellos mondaban las patatas “Nacionales” pelándolas con un grosor de hasta un centímetro. De esta manera, podían -después-, volver a pelar las mondas y alimentar a sus familias.
A lo largo de mi vida he escuchado -boquiabierto y con ojos dulces- cómo nuestros mayores (en mi caso preferentemente los rojillos), explicaban sus “batallitas”. Ésta no la conocía.
Una señora marroquina, habitual del local también, ha confesado que su madre seguía haciéndolo en la casa en la que servía cando llegó -ilegal- no tantos años atrás.
Cuánto nos quejamos algunos, verdad??

¡¡Feliz Navidad y mejores orgasmos!!

La mayoría, con las nuevas tecnologías en auge, dejamos de escribir -y enviar-, tarjetas de Navidad para felicitar las fiestas. Primero lo hicimos por teléfono, luego con mensajes de texto, fax, e-mail´s, y un largo etc de operativos (cada vez más sofisticados e incomprensibles), hasta llegar al Whatssap y sus emoticonos, stiker´s…

Durante un tiempo, un primer tiempo, la carencia de imaginación nos indujo a escribir lo mismo que diríamos de voz. Luego las frases ocurrentes, luego los chistes -mejor o peor elaborados según la idiosincrasia de cada cual-, hasta pasar, por fin, a la chabacanería de lo, saltándose lo de “políticamente correcto” irrumpir en lo sexista (como si en un bucle volviéramos a los orígenes de lo más burdo de nuestra ¿cultura?

Hartos de frases con contenido machista, parece que “para compensar” hemos hecho lo mismo y los vapuleamos (y perdón por la connotación violenta de la palabra en si misma), a ellos en lugar de a ellas, como moda.

Para curarme en salud con respecto de uno u otro género, os voy a dejar la siguiente frase de Les Luthiers:

“…la mujer que no tiene suerte con los hombres…no sabe la suerte que tiene….”

  • (Les Luthiers)

Y… Como morderme la lengua tampoco es mi fuerte, dejo una breve conversación (recogida al azar por La Red), que da a diestro y siniestro. Que cada cual saque sus conclusiones.

Nueve mujeres se van a un retiro espiritual para mejorar sus relaciones de pareja con sus respectivos esposos. El párroco les pregunta:
– ¿Cuántas de ustedes aman a sus maridos?

Todas las mujeres levantaron la mano. Luego les preguntó:

– ¿Y cuándo fue la última vez que le dijeron a sus maridos que los amaban?

Unas respondieron hoy, otras ayer, otras ni recordaban.

Entonces les pidió que tomaran sus teléfonos y enviaran el siguiente mensaje a sus maridos:

“Cariño, te quiero mucho y valoro todo lo que haces por mi y nuestra hermosa Familia. Te amo.”

Luego les pidió que leyeran las respuestas de sus maridos. Estas fueron las respuestas:

1. ¿Qué coño te pasa…?

2. Ayyy madre mía!… No me digas que has reventado el coche otra vez!

3. No entiendo qué cojones me quieres decir con eso.

4. ¿Y ahora qué coño has hecho? ¡No te voy a perdonar esta vez!

5. ¿Qué te pasa? ¿Te has drogado?

6. Déjate de rodeos… Dime cuánto necesitas y ya.

7. ¿Estoy soñando o este mensaje es para el vecino?

8. ¡Ya te he dicho que no voy a comer este fin de semana con tu madre ni borracho!

Y LA MEJOR DE TODAS..

9. ¿Quién eres? Es que no tengo este número grabado pero me gustaría conocerte. Envíame una foto.

 

Lo dicho:

Feliz Navidad y mejores orgasmos.

En la mesa de al lado…

Estoy con mi madre en un bar. Un café con leche, camino del médico mensual.

En la mesa de al lado, la algarabía que producen siete mujeres de edades comprendidas entre los cuarenta y más y los sesenta bien cumplidos, interrumpen con sus carcajadas el tedio de una tarde cualquiera.

  • De qué se ríen, Montxo?

  • De verdad quieres saberlo? No tienes suficiente con permanecer atenta a lo de las viejas de la tarde de Tele5?

  • No sé por qué ese desprecio, siempre, en tus palabras. A mi me entretiene.

  • Lee más… Vivirás más.

  • No te entiendo hijo.

  • Porque no lees. Da igual mamá, no sé explicarlo mejor…

(Se vuelve a quedar abstraída con las voces del Vazquez, el Javier o el Matamoros de turno hasta que en gesto cómplice, vuelve a remitir sobre la conversación de la mesa de al lado).

  • La de cuarenta, mamá, cuenta sobre la mamada que le ha hecho al amante que tiene. La del pelo blanco violín habla sobre los panetones que comprará para sus nietos en Navidad. Las del coro de la primera ríen por la confidencia aunque no creo que ninguna de ellas hayan practicado nunca una felación (ni mucho menos que se lo hayan comido a ellas, -pienso para mi-, por no entrar en jardines movedizos), las del coro del bizcocho ríen por cumplir. Se les van los ojos al otro lado de la mesa.

  • Qué le ha dicho el Jesús Vazquez a la Mila?

  • No sé mamá. No presto atención a esos programas, ya lo sabes..

No sé por qué ese desprecio, siempre, en tus palabras.

-El domingo fui a ver Gernika. Es dura, pero está muy bien hecha.

La dureza de una conversación íntima.

Recuerdo una conversación entre… “mi ego” y “su ego”, durante el tiempo justo en que transcurrió el ACTO.

La pareja de egos parecían decirse:

Ella decía:

  • Qué duro estás.

Él contestaba:

  • Qué blanda eres.

Diez minutos después, la conversación cambiaba de rumbo.

Ella decía:

  • Qué blando estás…
  • Que dura eres!!

El Titiritero. (cuento reflexivo)

EL TIRITITERO.
(cuento reflexivo de mi sección, Conversaciones conmigo mismo)

Recuerdo -con nostalgia- que cuando era crío, en los parques públicos, proliferaban los teatros de guiñol.
En ellos, las actuaciones estaban construidas básicamente con un único guión.

Aparecía -bailoteando de derecha a izquierda del mínimo escenario-…

(perdón, mejor de izquierda a derecha. Siempre es mejor que las “raíces” estén bien definidas)

… un muñeco, ataviado con un cucurucho en la cabeza. Luego, por la derecha..

– Ves? Ahora lo has dicho bien.

– Pufff. Ya estás aquí? A ver lo que nos sale si tu también opinas..

– Me portare bien, ya lo verás. Decías que por la derecha salía… Quién? Rajoy?

– No empecemos. Que luego el ministro “ese” – el de los labios saltones- nos enchiquera. No. No salía Rajoy. Generalmente salía un villano con un garrote.

– Pal caso..

– Puedo seguir?

– …

– Decía que acostumbraba a salir otro muñeco..

– De madera? Como Pinochio? Contando mentiras para engañar al niño? Si?

– No. No era Pinochio. Ni Rajoy, aunque con éste guión…

– Lo ves?

– Calla. Que me pierdo. Salía un villano con un palo al hombro, en actitud pendenciera. También muchas veces, la figura del “malo” era la de un zorro, o la de un lobo.

– Será por la influencia de aquella estrecha que era Caperucita!

– No callarás, no. El personaje malo, cuando el niño se giraba, aprovechaba para darle una cantidad (hoy en día sería políticamente incorrecto) de garrotazos en la cabeza al niño que nos dolían al público. Gritábamos!! Y hasta alguno lloraba también.

– Bendita inocencia.

– Chitón!! El caso es que cuando el niño se levantaba, -tambaleándose-, y se encaminaba hacia un extremo -siempre el opuesto- del escenario preguntando:

– Pues claro que se tambaleaba. Entre que lo habían molido a palos y que era una marioneta!!

– Que cansado me tienes..

– Y qué preguntaba? Si Rajoy había aplicado la Ley Mordaza?

– Voy a ignorarte un rato. Fuera de aquí.

– Vale, vale.. no te sulfures. Me voy a sentar con los niños.

– Mejor. El caso es que el infeliz preguntaba: “- Quién me ha pegado?-”
Y, los niños nos desgañitábamos gritando:

EL ZORRO! EL ZORRO!!

En otras versiones, el niño preguntaba: (al malo),  “- Por qué me has pegado?-” Entonces, el malo respondía: “-Porque me has robado el conejo-“.

– Qué conejo?

– El de tu madr… -perdón, niños-, En otras funciones, joder! El guión incluía el robo de algún animal. (una simple excusa para aporrear al niño)
El malo -tras volverle a aporrear-, le preguntaba: “-Pues quién ha robado el conejo?-”

Y, los niños volvíamos a gritar:

EL ZORRO! EL ZORRO!!

Y como se dice ahora, la actuación entraba en bucle.

– Ya está? Esta mierda es lo que vas a escribir hoy? Dónde está la reflexión?

– Déjame acabar.

Hoy, esta tarde, he escuchado una frase al hilo de lo de los titiriteros detenidos hace unas semanas, recordáis?
La frase me ha hecho pensar. Decía así:

– Las marionetas actúan gratis, pero a mi (supuestamente el titiritero), no está prohibido darme dinero.

– Y…?

– No te das cuenta hermano? La frase es lapidaria. Sólo has de colocar en posición correcta a los personajes. El titiritero (títere del Deutsche Bank), es nuestro Presidente. El malo (el del garrote), el ministro. El niño (nunca mejor traído lo de explotado, el niño).

– Y el conejo?

– Ya te he dicho antes quién.

– No seas borde. Lo pregunto en serio.

– Pues la excusa.

– Bien visto hermano, bien visto. Por cierto? Sabes a qué edad murió Pinochio?

– No seas imbécil. Eso es un chiste viejo, malo y soez.

– Aburrido. Que eres un aburrido!!