Viernes (media mañana)

– Menos mal que te has quitado esa camiseta.
– Si. La trajo mi mujer ayer, propaganda de cerveza, XL. Me han entrado unos sudores.

– Usamos XXL, no se puede aprovechar todo.
– Pero.. que casi me ahogo! Hasta su hija me ha preguntado si me pasaba algo?
– Eres tonto.. te la has podido quitar? Si. Ya veo.. que fresquito en la espalda, gracias por abrir la ventana. Buff.
– Oye? Los Super héroes. ? Cómo deben hacer para llevar esos trajes tan apretados?
– … los Super héroes?
– Si.
– Los Super héroes no existen tio.
– Ah.. no? Seguro?

Sobre escatologías.

Hoy, en un comentario en un blog ajeno, he utilizado una expresión escatológica.

Eso me ha recordado un cartel -escrito rápida y sin muchas ganas sobre un folio- que pegado sobre la puerta del lavabo de un piso de estudiantes, rezaba así:

O CAGAS, O SALES.

Me cautivó. Desde el primer momento.

Claro y conciso.

Toda la información necesaria para comprender todo el alcance de las posibles situaciones en tan sólo cuatro palabras. Brutal.

El piso, compartido por dos parejas y allegados.. era un batiburrillo de entradas y salidas con prisas entre personas, que pudiendo compartir el verse las tetas o el mantener los platos sin fregar durante diez días, tan sólo se marcaban un mínimo instante de intimidad a la hora de evacuar.

Lo dicho:

O CAGAS, O SALES…

Hipocresía, costumbres y perros.

– Que pesados son mis canes! (tienen que oler todos los árboles?)

Es imposible permanecer impávido ante estas situaciones diarias. Tres, cuatro veces al día, llevo a mis perros a pasear. Tengo un macho y una hembra. Ambos -como todos los chuchos- se ensimisman en oler árboles y micciones varias, en cada uno de sus paseos. A lo largo de los mismos con ellos y a fuerza de observarlos, he llegado a delimitar una suerte de lugares donde parece, están más dispuestos a orinar. (esto, lejos de ser baladí, acostumbra a ser útil para los momentos en que necesito que orinen por premura, prisas, días lluviosos, etc).

Los porqués de éstas -a nuestros ojos- asquerosas actividades, son harto conocidas por todos. Motivo por el que no incidiré en ello. Aun así..siempre que, -paciente-, espero a que hagan sus cosas, no puedo por menos que pensar en la siguiente conversación sobre la situación:

– Tienes que oler todos los árboles? No estás muy mayor ya para seguir olisqueando allá dónde meó la Golden?

(mi perro, concentrado en sus olisqueos, permanece completamente ausente a mis diatribas)

Tras estas absurdas preguntas que le repito sin parar, en voz baja aunque audible, incluso a veces, delante de alguna dueña de otros canes, que solícita se apremia a entrar en la conversación con un:

– Déjalos. Es su instinto. “Ellos” se conocen así.

No puedo dejar de sonreir, asintiendo de manera bobalicona ante la parrafada de turno que la sugerente tetuda acaba de proclamar en amistosa disculpa, cuando mi can -tras dejar de oler el árbol- se gira hacia mi y parece estar contestándonos a ambos con un:

– Te digo yo a cuantas “olfaterías” tu si no estuviese mal visto entre los humanos?

Obviamente, no dejo de reflexionar sobre el tema y, mentalmente, comparar las situaciones.

Imaginarme “olisqueando” en acoso a más de una hembra en sus zonas más íntimas me produce desazón. No podemos comparar los instintos animales con los civilizados, sin embargo… Si no estuviera mal visto socialmente? dejaríamos de hacerlo?

Un pobre espabilado

Hace semanas que veo a un fulano sentado en un escalón, o bajo una marquesina, o apoyado en una pared, aquí o allá por las calles del pueblo.
Es un tipo normal, tez morena, cabello ralo grasiento y despeinado, ropas sobrias aunque rozadas y desgastadas.
Se hace acompañar por un cartel, una guitarra española y una gorra tipo madrileño cañí, -que vuelta del revés en el suelo, hace las veces de humilde bacina, para, si hay suerte, conseguir comer…-
Yo, no siendo contrario a dar limosnas a la gente por la calle, -a pesar de la humillante sensación que produce el deterioro entre clases sociales-, si que acostumbro a ayudar a quien, por concretas razones, virtuosismo en diferentes interpretaciones generalmente, me parece ser digno de tales “limosnas”.
-Otro día si eso, os hablo de lo bien que se puede vivir si eres espabilado en este sentido, yo lo hice una temporada, pero ahora no toca-
Al fulano en cuestión, la verdad, no le había prestado nunca mucha atención, básicamente por no cumplir con ningún requisito de los descritos anteriormente. Hoy, la cacofonía de la estrecha calle donde estaba postrado, ha hecho que me lo mirara con detenimiento, desde muchos metros antes de llegar a él.
Toca, -por decir algo- rematadamente mal.
Me disponía, de nuevo a ignorarlo apretando el paso, cuando la amalgama de letras de su cartel me ha hecho sonreír.

POR FAVOR, UNA AYUDA
PARA NO SEGUIR MOLESTANDO.

Y, debajo, -explicado en letras más pequeñas-, algo parecido a:

– Ya se habrán dado cuenta de que esto no es lo mio, por eso, para no molestar siempre al mismo vecino, cada día me pongo en un sitio distinto.

No he podido dejar de rebuscar un eurillo de entre la calderilla de mi bolsillo y acercarme a entregárselo mientras le guiñaba un ojo musitando:
– Cabróoonnn!!

Cosas que hacemos que demuestran cuán inútiles somos

Esta mañana , he cogido un bombón de licor -de esos envueltos en papel de plata- y mientras le quitaba el precinto, me he alarmado sobre cuán largas tenía las uñas de mi mano izquierda.

(ojo, no soy un desaliñado, pero me ocurre que hace años tuve un accidente en dicha extremidad y me reconstruyeron parte de los dedos índice, anular y meñique, motivo por el cual, por la falta de sensibilidad, las llevo desparejadas para que sigan operativas)

Raudo, he procedido a recortarlas.
A modo de recompensa, me he regalado otro bombón.
-Que ya no he podido abrir tan bien- momento en que he decidido escribir sobre las cosas inútiles que hacemos.

He estado haciendo memoria y son tantas las actuaciones que rayan en la estupidez que lo he comentado al medio día en casa. Hemos llegado a la conclusión que no son inutilidades propias si no que las compartimos un gran número de personas. Lo cual me produce aun más desatino. A continuación dejo algunas de las que me parecen más destacadas.

– Llamamos por teléfono, preguntando por alguien, nos contestan que no se puede poner porque duerme y, automáticamente, seguimos la conversación con susurros. Pensamos tal vez que le vamos a despertar aun cuando no lo hizo con el timbre del teléfono?
– Metemos algo a calentar en el microondas y nos quedamos, igual, un minuto observando como la taza da vueltas, incluso moviendo el cuello en círculos.
– Se acaban las pilas del mando a distancia de la tv. Acto seguido apretamos con más fuerza las teclas del mismo, incluso haciendo movimientos circulares con el mismo hacia el aparato, lo de las pilas admite un sin fin de posibilidades, desde cambiar sólo una -de las dos- para, tal vez ahorrar? Guardarlas, con la esperanza de que se recarguen solas, etc..
– Abrimos la nevera repetidas veces a lo largo de la semana -aun sabiendo que no hemos ido a re-aprovisionarnos de alimentos- esperando que como por arte de magia, encontremos algo apetecible.
– Vamos por la carretera con el coche, vemos un accidente y lo primero que hacemos es bajar el volumen de la radio.
– En carretera, se nos para el coche, -y a pesar de no tener puta idea de mecánica- todos hacemos igual. Bajamos, abrimos el capó y miramos. Qué miramos por Dios? Curiosamente, si hemos pinchado una rueda, todos pasan de largo a gran velocidad.
– También en carretera, el accidente lo ha sufrido otro, los policías ya están allí peritando los hechos.. Automáticamente, aminoramos la velocidad y miramos como pidiendo explicaciones. No nos damos cuenta de que entorpecemos el tráfico? Yo he visto a policías tener que golpear en el lateral de algún coche para que siga su camino.

En fin.. podría estar toda la tarde escribiendo actitudes absurdas. Os invito, si os apetece, a compartir las vuestras.

Escapando? de la lluvia

Escapando de la fina lluvia hemos recabado a refugiarnos bajo un gran algarrobo que hay frente al tanatorio municipal. La caminata matutina se ha truncado ante esta vicisitud.
Hábilmente, el ayuntamiento, ha tenido a bien colocar un par de bancos a su cobijo. Es de esperar que -por el rastro de colillas reinante- este espacio albergue una sensibilidad especial.
(no es el momento de quejarme ahora sobre lo guarra que es la gente, aunque.. -aun tratándose de dolosos momentos- podría hacerlo)
Hemos coincidido con el cortejo fúnebre mientras bajábamos el puente de la autovía. Desde lejos todas las viudas parecen iguales. Da igual altas que gordas, rubias, morenas, sexys.. El semblante afligido se impone.
He reconocido a Eva. Hacía mucho que no la veía, ya no trabajaba en el bar de su hermano. La crisis..
Me ha reconocido y agradecido mi presencia. Yo, sin comprender en principio y cauto, he conseguido dilucidar que había sido su hermano el que ayer era noticia en el pueblo. Se había pegado un tiro con su escopeta de caza. Tras mediar breves e inútiles palabras de cortesía.. he permanecido bajo el algarrobo hasta que la lluvia a dejado de caer.
Los perros han agradecido el descanso.

No he podido dejar de pensar..
Que bien se está bajo este árbol. Volveremos.
Más tarde en sentido literal.