Cosas de güelo?

Ya estoy en ese tramo de energía-edad en que como sólo echo un sobre de azúcar al café con leche.. El otro me lo llevo.

A ver si me entendeis..
Como buen discípulo de años de hostelería, el azucarillo que sabes que no vas a usar, lo retiras para que no se manche (muy probablemente de café) y pueda volver a utilizarlo el camarero; Cosa a la larga beneficiosa.
Esos pequeños gestos de mínima solidaridad, ya sabéis…
Pues ayer me di cuenta de que era ya el tercero o el cuarto que me echaba al bolsillo.
Será la crisis?
Será la edad?
Empiezo a estar preocupado!!

Que bien se explica todo con animales.

Tras cuatro años de ERE’S la empresa donde curro sufrió un ERO en dos mil doce. Ya he hablado de ello alguna vez. Nos echaron a unos cuarenta de cien trabajadores.

Por suerte, en última instancia, ofertaron los puestos externos (seguridad, limpieza, mecánica especializada,etc…) y tras perder derechos ya constituidos conseguí volver a entrar a currar.

Con algo más de cincuenta tacos, me veía obligado a asumir que entraba en la “famosa bolsa de trabajadores” que ya no trabajan más.

Tuve suerte.

Ahora, he topado con una fábula…

(Desgraciadamente no he conseguido encontrar al autor, por lo que desde la lejanía, me permito saludarle y darle las gracias al respecto).

… Que explica muy bien la realidad de la industria de éste y otros países.
Cada día, una pequeña hormiga llegaba al trabajo muy temprano, y sin pérdida de tiempo comenzaba sus tareas. Era sumamente productiva y se la veía muy feliz con la actividad.

El gerente, un león, siempre se sorprendía al verla trabajar sin supervisión. Entonces pensó: “si es capaz de producir así sin alguien que la controle, seguramente podrá hacer mucho más si tiene un supervisor”.
Dicho esto, buscó y reclutó a la cucaracha, quien tenía una experiencia sumamente extensa como jefa y era famosa por preparar y presentar excelentes reportes.
Necesitaba además una secretaria que lo ayudara a escribir sus informes. Así que decidió contratar a la araña para que además manejara los archivos y monitorizara las llamadas telefónicas.
El león estaba encantado con los reportes que la cucaracha le enviaba y le pidió que produjera unos gráficos que mostraran los ratios de producción y un análisis de las tendencias de manera que pudiera utilizarlos para sus propias presentaciones ante el directorio.
La cucaracha entonces debió comprar una nueva computadora, una impresora láser además de contratar a la mosca para dirigir el área de sistemas.
Mientras tanto, la hormiga que una vez había sido tan productiva y relajada, detestaba toda esta sobrecarga de papeles y reuniones interminables donde perdía la mayor parte de su tiempo. El león entonces llegó a la conclusión de que había llegado el momento de contratar alguien que se hiciera cargo del departamento donde la hormiga trabaja.
Quien ganó la posición fue la cigarra, cuya primera decisión consistió en cambiar la alfombra y conseguir una silla ergonómica para su oficina. Necesitaba además una computadora y una asistente personal que trajo desde su antiguo lugar de trabajo para que la ayudara con la programación y el Plan de Control Estratégico del Presupuesto.
El lugar donde trabaja la hormiga ahora es triste, nadie se ríe ya y todo el mundo camina preocupádo…
Esta fue razón suficiente para que la cigarra convenciera al león de la necesidad de realizar una encuesta de clima interno. Y dado que el león había revisado el departamento donde la hormiga trabajaba, fue fácil comprobar cómo en este tiempo la productividad se había reducido notablemente.

Su decisión fue reclutar al búho para que realizara una auditoría y sugiriera las soluciones. Después de 3 meses, presentó su reporte y una conclusión final: El departamento tiene exceso de personal.

Adivinen a quién pusieron en la calle primero?

A la hormiga!!!
Las causas?: Mostrar una actitud negativa y falta de motivación.

Hostias!!

Estaba escuchando la radio cua…

  • Estabas? Estábamos, no?
  • No sabía que ya habías vuelto.
  • Ayer. Mientras dormías. Pensé que era mejor no despertarte. Para qué? Siempre te enfadas…
  • Qué quieres?
  • He… Pensado?
  • Sigue…
  • Nada. He pensado pasar a saludarte y de paso comentar -contigo- lo que les vas a contar de la radio.
  • Vamos… A chafarme la historia.
  • Si lo planteas así? Luego me reprochas que no hacemos nada juntos…
  • No me llores… Va, empieza…
  • Me dejas? Eh!!  Me deja. Oíd! Me deja…
  • (Estoy cansado de discutir y hará lo que le de la gana igual)
  • Te he oído!!
  • Vaaa!!
  • Hemos escuchado por radio, ésta tarde pasada, una noticia que parecía de esas del Rockambol News… Si no llego a escucharla en directo, no me lo hubiera creído caso de que me lo hubieran contado. -Lo hago bien?
  • Hasta ahora no ibas mal. Pa qué preguntas?
  • Bueno… Les han hecho una entrevista a unas monjas de esas de Clausura que hacen pastas, dulces y demás glotonerías ricas..
  • En colesterol.
  • No me interrumpas, luego dices de mí.
  • Sigue…
  • El caso es que la entrevistadora ha dado con una monja menos… Cómo te diría? Menos “clausurada”?
  • Ya sabes que no me gusta que inventes palabras, pero si, para escribir lo que vas a escribir te lo voy a aceptar. Tampoco te acostumbres.
  • Como decía, la monja, -muy parlanchina ella-…
  • (Igual también elabora licores…)
  • Te he vuelto a oír. joder!
  • Perdoooooón…
  • El caso es que la vieja, -perdón, la monja-, se ha puesto a largar más de la cuenta. Parecía haber conectado con la periodista y se ha soltado bien, para despacharse a gusto. Se ve que como en todos sitios, a los conventos también llegó la Crisis -y por ende-, la Globalización. La monja ha estado explicando con una suerte de detalles de cómo estaban de hartas al ver cómo los curas que antes les compraban las obleas para hostias a ellas, ahora lo hacen en tiendas de los chinos. También las compran al por mayor on-line con descuentos de hasta el cuarenta por ciento, lo cual, obviamente, estaba dando al traste con una gran parte de los beneficios que las monjitas recababan.
  • Pues lo normal.., No? Mientras no exijan -los curas-, una limosna por cada Comunión…
  • No les des ideas. A la locuaz monjita, en un momento dado, parece habérsele ido la olla y otra (monja), ha decidido recuperar el micrófono mientras la periodista se disculpaba (en directo) con los oyentes. La susodicha ha contestado algo parecido a: -Para qué querrán los chinos los recortes de hostias?
  • No lo estás explicando bien. La periodista ha replicado algo parecido a que todo el mundo tenía derecho a ganarse la vida, -aunque con ello mermaran los beneficios del convento-, y la monja locuaz se ha exaltado e interpelado a la periodista con un:   -Vd de que parte está? A lo que, -lógicamente-, la entrevistadora ha intentado hacerle comprender -sin éxito ninguno-, que ella no se pronunciaba a favor de una parte u otra, que sólo cubría esa parte de la entrevista por lo curioso de la misma.
  • Al final se ha montado un circo que pa qué!
  • Algo de razón llevas. Ha sido bastante penoso. Todos, -al parecer-, tenemos una idea pre-concebida de cómo viven, de cómo trabajan, de cómo se comunican -¿o no?- las religiosas confinadas en conventos donde la norma es precisamente eso. La austeridad comunicativa. Lo que ha ocurrido, -bastante penoso, repito-, es que la entrevistada ha hablado (nunca mejor dicho), más de la cuenta. Ha dicho que no existían en “esos sitios”, refiriéndose despectivamente a las tiendas orientales, medidas controlables de higiene y/o sanidad.
  • Yo pensaba lo mismo sobre el convento. A saber cómo lo tienen ellas aprovechando que no se puede visitar.
  • No hagas leña… Entonces, la periodista ha intentado re-dirigir la entrevista preguntándole a la monja sobre cómo realizaban ellas las obleas. La entrevistada se ha puesto a explicar de qué manera preparaban las obleas y como las cortaban con unas planchas con cuchillas moldeadas para tal fin. De ahí se ha saltado el protocolo con una indiscreción, relatando cómo a menudo consumían las propias religiosas el material sobrante, los recortes de las futuras hostias. Y, ante la indiscreción, la monja además ha soltado el exabrupto al que tu te referías: -Para qué querrán los chinos los recortes de hostias?
  • Ya está? Así lo dejas?
  • Quieres añadir tú algo más?
  • No… No?
  • Pues ya está. Que saquen -cada cual- sus conclusiones. Yo me voy a dormir.
  • He de ir al lavab…
  • Pues vaaa!!

Un pobre espabilado

Hace semanas que veo a un fulano sentado en un escalón, o bajo una marquesina, o apoyado en una pared, aquí o allá por las calles del pueblo.
Es un tipo normal, tez morena, cabello ralo grasiento y despeinado, ropas sobrias aunque rozadas y desgastadas.
Se hace acompañar por un cartel, una guitarra española y una gorra tipo madrileño cañí, -que vuelta del revés en el suelo, hace las veces de humilde bacina, para, si hay suerte, conseguir comer…-
Yo, no siendo contrario a dar limosnas a la gente por la calle, -a pesar de la humillante sensación que produce el deterioro entre clases sociales-, si que acostumbro a ayudar a quien, por concretas razones, virtuosismo en diferentes interpretaciones generalmente, me parece ser digno de tales “limosnas”.
-Otro día si eso, os hablo de lo bien que se puede vivir si eres espabilado en este sentido, yo lo hice una temporada, pero ahora no toca-
Al fulano en cuestión, la verdad, no le había prestado nunca mucha atención, básicamente por no cumplir con ningún requisito de los descritos anteriormente. Hoy, la cacofonía de la estrecha calle donde estaba postrado, ha hecho que me lo mirara con detenimiento, desde muchos metros antes de llegar a él.
Toca, -por decir algo- rematadamente mal.
Me disponía, de nuevo a ignorarlo apretando el paso, cuando la amalgama de letras de su cartel me ha hecho sonreír.

POR FAVOR, UNA AYUDA
PARA NO SEGUIR MOLESTANDO.

Y, debajo, -explicado en letras más pequeñas-, algo parecido a:

– Ya se habrán dado cuenta de que esto no es lo mio, por eso, para no molestar siempre al mismo vecino, cada día me pongo en un sitio distinto.

No he podido dejar de rebuscar un eurillo de entre la calderilla de mi bolsillo y acercarme a entregárselo mientras le guiñaba un ojo musitando:
– Cabróoonnn!!

En mitad de la crisis, entusiasmo?

Sábado, nueve y media de la noche.
Bajo a pasear a la perra y me topo con un vecino removiendo en el contenedor de la basura.
Dos Cristos de escayola, una barbacoa de forja le hacen sonreír pensando en su peso en chatarra, lo cual le anima, pienso, a saludarme..
– Por esto me pueden dar ocho o diez euros, me dice.

Sigo caminando, por lo menos hoy no hace frío…

(escrito invierno 2012)