Opciones Facebook y otras nostalgias…

Cuánto echo en falta -en Facebook-, la opción “micrófono” como en WhatssApp.

También la opción: Ponme un caña y un bocata calamares a la romana!!

Y que si… Que comprendo que los madriles babearéis como locos la nostalgia.

Pero que, los mejores bocatas de calamares que recuerdo -con diferencia-, los del Tubo de Zaragoza.

Según entrabas por la parte de Plaza España, -a la izquierda, había una anciana, cigarrera perpetua, que vendía los cigarros sueltos y “tabaco americano” ¿decomisado? Que sacaba de <bajo la falda>.

Pues enfrente, a la derecha, una ventana ofrecía la golosa y sugerente visión de cuatro o cinco bocatas -ya emplatados- cuyos panecillos explotaban con la prosperidad sugerida.

 

En otro orden de cosas. También la Primi, aquella vieja de la Bodega Carlos III (Bcn), nos vendía los cigarros sueltos. Un Ducados, pela y media. Un Marlboro tres (dos un duro)

Su marido, hacía la vista gorda y nos permitía ponernos partidas levantando el cristal de la máquina del Millón (nunca me gustó llamarlo “Flipper”) yéndose al almacén a disimular. Luego “salía” mientras nosotros:

  • Corre corre, que ya sale!

… siempre con la sonrisa “cómplice” en la cara. Que majo era el Sr. Salvador.

Un golpe a la inteligencia?

El pasado lunes bajé a mi provincia natal, Barcelona. Además del desasosiego que me produce cada vez que he de volver al bullicio de la gran ciudad, -yo hace años que resido en un municipio de apenas veinte mil habitantes, y se nota-, en esta ocasión debía realizar un maratón de médicos con mi madre. Lo cual no es ni cómodo, ni alentador.

El miércoles, cansado de arrastrar la silla de ruedas por las distintas calles de la ciudad y, a modo de descanso, me permití dejarla en casa de una amiga y hacer lo mismo yo, visitar a una antigua amistad de infancia. Lo redescubrí hace poco a través de Facebook y ya conocéis el cuento:

  • Qué es de tu vida? Qué tal andas? Trabajas? Hijos? A ver si nos vemos un día..

Dicho y hecho, a la primera ocasión que he tenido, he sentido la necesidad de darle un abrazo.

Que decepción!! Me he encontrado con un tipo aburrido, amargado por una enfermedad que le dejó una pequeña pensión, un tipo que despotrica continuamente de su pareja y su hija. No se parece en nada al chaval inseparable con el crecí.

A la media hora ya sentí el regusto de la ansiedad por largarme de su casa. Tal vez mi madre hubiera tenido mejor suerte y podría saludar también yo a alguna de sus amistades y quedar como un señor.

Al poco de planificar mis cábalas -siempre dentro de mi sesera-, Jorge, que así se llama el referido compañero, me cuenta -exultante-, sobre cómo ha escrito un cartel y lo ha puesto en el ascensor de su casa para quejarse a los vecinos (desde el anonimato plural que representa ser uno de los vocales que se cuida de los asuntos de la comunidad de vecinos.

Hasta me acompañó, solícito, hasta el ascensor, para enseñarme, -orgulloso-, su obra .

  • Qué? Qué te parece?

cartel-escalera-vecinos

Asentí sin convicción. Me despedí de él, -mintiendo-, asegurándole que mantendríamos el contacto y que a ver si para la próxima vez… Hacíamos coincidir a nuestras esposas.

Cuando estaba a punto de salir del ascensor, -dolido por cómo la vida a veces nos juega malas pasadas, convirtiendo los recuerdos en mierda-, le hice una foto al mencionado cartel.

No sé que me ha dolido más: Si las faltas de ortografía de un escrito realizado por alguien que cursó Universidad (yo no estudié prácticamente nada), o el crudo mensaje del cartel o el regusto agrio de la bilis dando vueltas en mi estómago por la mala experiencia Facebookera.

 

Más borde que un ocho!

Hay un refrán castizo que dice:

  • Más chulo que un ocho!

Para encontrar el origen de este modismo hay que remontarse hasta el Madrid de principios del s.XX. Por aquel entonces, el tranvía número 8 recorría la capital desde la Puerta del Sol hasta San Antonio de la Florida. Era el medio de transporte que cogían los «castizos» que querían dirigirse al baile del Parque de la Bombilla.

Especialmente, cada 15 de mayo, festividad de San Isidro, sus vagones se llenaban de «chulapos» que se desplazaban hasta la verbena. Se comenta que fueron los vecinos de Manzanares los que viendo pasar los vagones llenos de chulos acuñaron esta expresión. Comentaban que no podían haber más chulería que la de un tranvía repleto de «chulapos».

Pronto el dicho dejó de ser exclusivo de Madrid y ahora se puede escuchar en cualquier parte de España.

El tranvía por el que se utiliza ha desaparecido pero sigue habiendo gente «más chula que un ocho».

Bueno… Pues yo hoy me he levantado pletórico. Con el pie izquierdo -que se dice también-, y en mi página de Facebook he escrito lo siguiente:

 

“… Bueno… Creo que volveré a desinstalar Facebook unas semanas.

Podría ser amable y decir aquello de:

  • Me quedan tan sólo doscientas páginas del libro que estoy leyendo.

Pero es más real aquello de:

  • Seria capaz de dar doscientos euros, por tan sólo leer algo que no haya sido copiado y pegado hasta la nausea por los que dicen ser mis amigos…”

 

Joder. Cuanta mediocridad !!

 

En las primeras tres horas (daos cuenta de que ahora son las 8:30 a.m.) ya había recibido media docena larga de “Me gustas”.
Dado que cada vez tengo menos amistades en la famosa red social del Zuckerberg…

(Seguramente ya sólo van quedando los familiares y amigos directos -no menos zoquetes por ello-, que no me van a dejar por mucha resignación que necesiten)

… no acierto a comprender si tal vez entendieron el motivo del escrito.

Bandera republicana. (despellejando en Redes)

Es triste, e inhumano, darse cuenta de que muchas veces solo relacionamos a las personas que nos aprecian, a las que nos quieren de una u otra manera, con el instante que muestra la fotografía de su “nick” (esa pequeña viñeta que lo identifica como amigo tuyo en Redes)

Un ejemplo: bandera republicana, y cada vez que esa persona, -cercana o no-, aprieta el -me gusta- o comenta algo… Lo primero que nos llega, es el instante repetitivo que muestra esa bandera republicana (en este caso)

Ya no somos capaces de recordar cuantos años hace que no los vemos, o si tal vez cambió el color de su cabello, tal vez enviudó? O simplemente esté pasando una mala/buena racha.

Tan solo aparece la banderita tricolor. Y nuestro psique hace un automático ejercicio para recordarnos de quién se trata. Muchas veces confundiéndonos en el atino. Como además todos acostumbramos a ejercer nuestro mínimo narcisismo y colgamos la foto en que mejor nos vemos, o pretendemos ser recordados… La imagen retenida hasta la saciedad por la retina de quien nos lee, queda empachada por una melaza vomitiva.

Un ejemplo:

  • Ya está otra vez aquí el de la bandera republicana. Joder!

Este gesto de primera repulsa hacia el susodicho de turno (cuyo único delito, -pobre-, ha sido apreciar con un “me gusta” lo que previamente hemos escrito), nos hace ser cada vez más crueles con nuestra indiferencia hacia ellos.

El día que pongan los mensajes de voz en Facebook, como los de Whatssap, esto se les va a la mierda.

Otra mierda de esas de Facebook.

Facebook se empeña cada día en aconsejarnos posibles nuevos amigos. Muy loable, más…

Hijos de puta, queréis (por favor), dejar de organizar nuestras vidas..!! Que si. Que ya sabemos que vuestro negocio, vuestro sueño americano, radica en conseguir que la tela de araña sea cada vez más tupida.

Voy a borrar a unos cuantos.

Jódete caralibro!!

 

Ya. Ojalá fuera tan fácil perder kilos.

Buff… Cada vez nos lo ponen más difícil.

Amistades hipócritas en Redes Sociales..

Últimamente pienso en lo de Face y lo de recuperar amistades, antiguas amistades que, gracias a las Redes Sociales, se reencuentran como por arte de magia.
Ejemplo:
Recibes una solicitud de amistad de alguien cuyo nombre conoces y, por lo menos yo, la aceptas (yo las acepto todas.. que más da? Una vez acepté a uno que enseñaba una pipa en una foto, le comenté,  recuerdo, cuál era el ímpetu que le acuciaba a mostrarse al público con una actitud tan beligerante? Y me borró de su lista de amistades con la misma premura con que yo le acepté en la mía.  Sin mediar conversación alguna.
Tu te lo pierdes, pensé.  Pero como ya me había borrado (que no eliminado), no se lo pude explicar.

Volviendo a lo mio.  En realidad prefiero amigar a gente que no conozco que a los que si conozco.
Por qué?  Igual os preguntáis alguno..
Es sencillo, generalmente cuando una persona a la que no tienes el gusto de conocer, te pide que la amigues, tiene la educación de incorporar algún breve mensaje tipo:
– Hola, he leído algún comentario tuyo en  el muro de un amigo amiga.. y como me gusta lo que dices, he pensado que igual si me amigas, te puedo leer con más facilidad.
A ver. Comprendo que es una forma amable de socializar. Pero, para que nos vamos a engañar,  todos tenemos un punto de vanidad que se crece cuando alguien (si no lo conocemos mejor que mejor), nos dice que nos lee y disfruta con ello.
Vamos.. a determinada edad,  dicha afirmación es superior al sexo. Le amigas. Fijo.

Ahora bien, los/las amistades, antiguas amistades, que de repente te envían una solicitud de amistad, tu las miras y piensas:
Guau..!! Tal o cual persona! Cuanto tiempo hace que no sabia de ella..? Ya la daba por…muerta? Cuanto ha pasado? Ocho, diez, tal vez quince años?
La aceptas. Sin mirar. Sin pensar (yo las acepto todas. Ya os he contado que una vez me topé con un tío que…jajaja, tranquis. No os lo contaré de nuevo) y ya.
Y ya, quiere decir eso. No saludan, no comentan, no te dicen ni mu. Para qué?  Ya te han recuperado. Ya formas parte, de nuevo, de su anodina vida.
Fascinante.

Supongo que muchos de estos,  también son de los que de repente han visto pasarse la cocción de sus lentejas y de repente comprenden lo que es una Red Social y… tiran del hilo. Los que, (y no es por presumir, estamos desde hace años compartiendo datos en Internet y, comprendemos que esto sólo sirve para engañarnos un poco menos), miramos a los primeros con retrospectiva condescendencia sólo podemos disimular mal la sonrisa.

Lo dicho, prefiero amigar a gentes que no conozco.