Sobre mis canes. Libertad?

A veces veo a mis perros con ojos distintos.
Es entonces cuando lo asocio a la mala vida que les doy.
Quién soy yo para permitirles vivir recostados la mayor parte del día en su sofá?
No serían más felices -seguramente con vida más corta- si la vivieran al trote libre por los campos?
Que puta manía, la del hombre, de amaestrar en su beneficio

Conformarse con el futúro incierto.

Esta tarde, nos hemos cruzado con esa señora a la que desde hace un par de años, veo, empujan en una silla de ruedas.

Hace unos años, la veíamos caminar con el andador por las inmediaciones de los campos que circundan mi casa y, por ende, los paseos con mis canes. Siempre con una sonrisa en la cara. Atenta a saludar a cualquiera que se topase con ella.

Los “merodeadores” (gentes con perros, señoras que caminan o que buscan espárragos, bicicleteros que van o vienen, niños con pelotas a cargo de abuelos jubilados.. y toda esa amalgama que formamos los que salimos de la urbe con cualquier pretexto), también estábamos “al loro” de los avances de esta señora con su andador a través de campos y rieras. Aunque sólo fuera por cortesía, formando una familia tutelar rural. Todos controlados.

Poco a poco, espació sus paseos. Desapareció. Un día, por el pueblo, la vimos de pasajera en una silla de ruedas. La empujaba una chiquilla venezolana que -según nos contó la anciana-, había venido a España a estudiar en un intercambio.. y se quedó en su casa.

Otra vez que la vimos, le faltaba una pierna. Nos saludó, nos explicó. El azúcar.. ya sabéis!!

A veces, cuando subimos para hacer las quinielas, la observamos en su casa -a través del cristal de la ventana del comedor que da a la Plaza Mayor-. Nos saluda con la mano mientras finge ver televisión..

Esta mañana nos hemos vuelto a cruzar con ella, la venezolana la empujaba -no sin esfuerzo- calle arriba. No nos hemos parado, -las prisas, ya sabéis lo imperiosas que resultan a veces-, tan sólo me he permitido un gesto amable con la cabeza en señal de respetuoso saludo. Le faltaba la otra pierna.

En reprobable y mordaz pensamiento he caído en la cuenta de que:

  • Cuantas menos piernas tiene, más amplia es su sonrisa.

Me he sentido mal mientras avanzaba calle abajo por mi estúpida ocurrencia. Sin embargo he enjuagado mi duelo con la reconfortante idea aprendida.

Siempre la vi con una sonrisa en la cara. Cuánto me queda por aprender..

Felicidad “sencilla”.

A veces, avispados y/o intrépidos ocurrentes, -seguramente con demasiado tiempo libre- te preguntan a bocajarro si eres feliz? O.. qué es para ti la felicidad?

Nosotros, a su vez, acostumbramos a poner cara de póker -en realidad cara de haba- y desempeñando  cierto aire empírico, divagamos…

El otro día, mi mujer me hizo la pregunta de marras.

No se bien cómo surgieron de mi boca las siguientes palabras…

  • La felicidad es ir a abrir una lata de cerveza y darte cuenta de que ya lo hiciste antes de atragantarte con el trozo -demasiado grande para masticar- del chuletón de ternera que estás comiendo.

… Se me quedó mirando, me guiñó un ojo y con esa sonrisa divertida y pícara suya,me besó mientras murmuraba:

  • Por que se que me quieres, que si no de la bofetada que te doy te atragantas y te escondo la birra.