¡¡Feliz Navidad y mejores orgasmos!!

La mayoría, con las nuevas tecnologías en auge, dejamos de escribir -y enviar-, tarjetas de Navidad para felicitar las fiestas. Primero lo hicimos por teléfono, luego con mensajes de texto, fax, e-mail´s, y un largo etc de operativos (cada vez más sofisticados e incomprensibles), hasta llegar al Whatssap y sus emoticonos, stiker´s…

Durante un tiempo, un primer tiempo, la carencia de imaginación nos indujo a escribir lo mismo que diríamos de voz. Luego las frases ocurrentes, luego los chistes -mejor o peor elaborados según la idiosincrasia de cada cual-, hasta pasar, por fin, a la chabacanería de lo, saltándose lo de “políticamente correcto” irrumpir en lo sexista (como si en un bucle volviéramos a los orígenes de lo más burdo de nuestra ¿cultura?

Hartos de frases con contenido machista, parece que “para compensar” hemos hecho lo mismo y los vapuleamos (y perdón por la connotación violenta de la palabra en si misma), a ellos en lugar de a ellas, como moda.

Para curarme en salud con respecto de uno u otro género, os voy a dejar la siguiente frase de Les Luthiers:

“…la mujer que no tiene suerte con los hombres…no sabe la suerte que tiene….”

  • (Les Luthiers)

Y… Como morderme la lengua tampoco es mi fuerte, dejo una breve conversación (recogida al azar por La Red), que da a diestro y siniestro. Que cada cual saque sus conclusiones.

Nueve mujeres se van a un retiro espiritual para mejorar sus relaciones de pareja con sus respectivos esposos. El párroco les pregunta:
– ¿Cuántas de ustedes aman a sus maridos?

Todas las mujeres levantaron la mano. Luego les preguntó:

– ¿Y cuándo fue la última vez que le dijeron a sus maridos que los amaban?

Unas respondieron hoy, otras ayer, otras ni recordaban.

Entonces les pidió que tomaran sus teléfonos y enviaran el siguiente mensaje a sus maridos:

“Cariño, te quiero mucho y valoro todo lo que haces por mi y nuestra hermosa Familia. Te amo.”

Luego les pidió que leyeran las respuestas de sus maridos. Estas fueron las respuestas:

1. ¿Qué coño te pasa…?

2. Ayyy madre mía!… No me digas que has reventado el coche otra vez!

3. No entiendo qué cojones me quieres decir con eso.

4. ¿Y ahora qué coño has hecho? ¡No te voy a perdonar esta vez!

5. ¿Qué te pasa? ¿Te has drogado?

6. Déjate de rodeos… Dime cuánto necesitas y ya.

7. ¿Estoy soñando o este mensaje es para el vecino?

8. ¡Ya te he dicho que no voy a comer este fin de semana con tu madre ni borracho!

Y LA MEJOR DE TODAS..

9. ¿Quién eres? Es que no tengo este número grabado pero me gustaría conocerte. Envíame una foto.

 

Lo dicho:

Feliz Navidad y mejores orgasmos.

Recordando a Byron (¿Lord?)

Quería dedicar esta frase al día de domingo en si mismo, hoy concluiré una guardia de nueve días que me tiene destrozado.
Pero una vez más, esa bocaza mía, ha hecho que la dedique a un(a) particular, tras leer primero los comentarios pendientes. Sorry!!
  • Cuanto más conozco a los hombres, menos los quiero; si pudiese decir otro tanto de las mujeres me iría mucho mejor.
           Lord Byron.

Consejos…

El otro día -durante la cena de Nochebuena- el paternalismo de mi cuñado hizo gala de manera estrepitosa cuando, dirigiéndose hacia uno de mis sobrinos en edad de…   le increpó por la contestación a su abuela, dada que la misma no pareció (por su inusual sencillez abrumadora) agradar en el coloquio formal de dicha cena.

La abuela, tras ofrecerle cincuenta euros, de navideño regalo, le recordó entre susurros:
– Toma hijo, para que lo gastes -sin que lo sepa tu padre- en llevar a tu novia al cine…
– Nada de eso abuela. Lo gastaré en condones.

La abuela -mi madre. Con setenta y nueve años a cuestas, medio riñón funcional, problemas de respiración y un largo etcétera de esposas (mías) y maridos (de mis tres hermanas) en el saco del olvido-, pareció coger aire antes de contestar:
– Así me gusta hijo. Que no salgas gilipollas como mis cuatro hijos.

El padre de la criatura, meditando si mediar palabra -entre abroncar al hijo por su perorata o vitorearle ante la épica contestación- vio frustrados sus consejos cuando la abuela terció:
– Tu, mejor te callas. No vaya a ser que mi hija decida cambiarte por otro. Que ya estoy harta de conocer gente de paso en esta casa.

El silencio -incómodo- (para qué os voy a engañar), se resolvió con un brindis por la ocurrencia del niño.

Supongo que el año que viene, el hermano del primogénito, se preparará un discurso antes de cenar.

La vida es compleja.

La vida es compleja. Por eso cada instante que no vivimos es parte de otra vida.

No recuerdo si lo escuché tal cual o si escuché algo parecido y a fuerza de darle vueltas, finalmente la metabolicé así.

En cualquier caso.. yo siempre me refiero a “mis vidas” en lugar de mi vida pasada porque las delimito en función de etapas diferenciadas por las distintas relaciones que he tenido. Estas, generalmente se resumen en cinco:

+ Infancia, casa paterna, estudios, adolescencia, etc..

+ Gen. Mi primer matrimonio. Hija.

+ María. Esta es la etapa de mi vida entre parejas. Bar. Desfases, fiestas.

+ I. Tercera pareja estable? Drogas y bajada a los infiernos.

+ Ann. Resurgimiento Ave Fénix. Actualidad.

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– Vuelve a la premisa.

– …? No estabas durmiendo?

– Va. No empecemos. Vamos a desarrollar este tema en paz..

– Ok. – La vida es compleja. Por eso cada instante que no vivimos es parte de otra vida.

– De verdad lo crees así? A qué te refieres -en concreto- con lo de “cada instante que no vivimos”. No los vivimos todos?

– La frase no es mía. Solo la desarrollo. Ahora bien, supongo que se puede referir a los momentos inútiles del día a día. A los intrascendentales.

– …?

– Por ejemplo, a cuando estamos tumbados en la cama. Sin dormir. Tan sólo perdiendo el tiempo. Ganduleando, hay muchos ejemplos. A esos momentos que no producen nada.

– Discrepo. Todos los momentos son útiles. Tal vez te parezca que estar tumbado en la cama sin hacer nada, no sea productivo, sin embargo.. -por ejemplo en nuestro caso-, podemos estar reflexionando sobre tal o cual actuación. Comparándola con alguna anteriormente acaecida en lo que nosotros llamamos “otras vidas”, de esta forma, podemos comparar y solucionar actitudes, que antaño (con otras parejas) resultaron desastrosas y tras meditarlas, sin actuar en caliente, afrontarlas de otra manera. Tenemos varios ejemplos -ya sabes- que lo podrían corroborar.

– A eso se le llama madurar.

– Vale. Pero el momento de meditar para madurar se ha de hacer en algún sitio. Da igual que sea tumbado en la cama, que sentado en un sillón delante de la tv. Nosotros -tu más, con tus fobias sobre los anuncios televisivos- por ejemplo, utilizamos esos “intermedios” para desconectar y meditar. No es, de hecho, una pérdida de tiempo en si, estar delante del televisor si no prestas atención al mismo? El ejemplo, creo, es similar.

– Puede que tengas razón. De hecho, estas conversaciones escritas -a dos- serían otro claro ejemplo de..

– Exacto.

– Espera. Volvamos a la frase. Siguiendo lo que dices.. acaba de razonar la frase. Si lo que no vivimos es parte de otra vida, a mi me parece que si como dices, los momentos de reflexión son los que nos hacen madurar, se podría establecer que los momentos que estamos ausentes de ésta, la vida actual, bien podrían pertenecer a las anteriores. Esto es..si ante la encrucijada -por ejemplo- de una disputa con nuestra actual pareja, para poder ofrecer la respuesta adecuada y concluir la bronca de manera satisfactoria, nos vamos a meditar sobre lo que hicimos -y erramos- en una relación anterior. Es lógico pensar que ese momento lo estamos viviendo en alguna vida anterior.

– Tu crees que esto interesa a alguien?

– …!! – No me ayudas con tus continuas interrupciones. Lo sabes, verdad?

– Verdad. Pero qué más da? Esto lo podemos discutir -por ejemplo- tumbados en la cama. No hace falta aburrir a quién quiera que sean quienes nos lean.

– No puedo con tus comidas de coco metafísicas.

– Ya  La vida es compleja.

– Pues eso..  Por eso cada instante que no vivimos es parte de otra vida.

– Capullo!!