Sobre… Apellidos?

Hace unas semanas, un familiar directo me habló acerca de que se había “acortado” el nombre.

Tiene un nombre compuesto y habitualmente utiliza sólo el segundo, cuando fue al Registro con la intención de intercambiar el orden, le dijeron que eso no se podía hacer, pero que si podía eliminar uno de los dos, o ambos y cambiarlos, si esa fuese su intención.

También me comentó acerca de cambiar una letra de su apellido, pues le gustaba más como era originalmente.

La verdad es que no reparé mucho en ello, mi cabeza tenía otras prioridades..
Pero le dije que hiciera lo que quisiera, que lo único importante era su felicidad.

Ayer vi un reportaje en tv sobre el ¿Doctor? Joseph Mengele. Aquel nazi.
Sus descendientes jamás reclamaron sus huesos.
Su nieto fabrica juguetes…

Yo creo que lo ideal es sentirse bien consigo mismo.
Lo demás no tiene importancia…

Nostalgia de padre.

Hola papá. Generalmente no pienso mucho en ti.
Sé que estás por ahí (tu presencia, ya sabes), muerto. Pero por ahí.
Tan sólo te recuerdo cuando visito la casa de mamá y te veo en alguna foto.
También tengo alguna yo por casa, claro. Pero siempre son las mismas.
En esa en la que sonríes y en esa otra en que estás con uno de tus nietos en brazos.
Allá donde estés.. -Tu creías en eso del cielo. Yo, ya sabes que no-, tienes Facebook o algo así..??
A ver si un día de estos me vienes a ver y hablamos..
Ya sabes.. Por lo del tiempo perdido.
He visto una secuencia de una película en la tv. Padre e hijo discutiendo. El padre en el hospital..
Es extraño, me ha dado la sensación de que acabaríamos igual. A voces, como siempre.
Pero me apetecía decirte.
Es raro, no..??
Voy a seguir viendo la película. Igual aprendo algo.
Nunca conseguimos ser empaticos. Fuimos cobardes. Eso es triste. Demasiadas veces miramos en direcciones contrarias.
Estoy cansado, a veces pienso que ya tengo bastante. Luego pienso en que a Itzi no le puedo hacer la misma putada. Es mi “nueva casa” respecto a mi karma lo que tengo que arreglar.

Hace años ya comprendí las del amor.
Las del respeto.
Ahora me falta ésta casa.

Me lo debo a mi mismo, para hacer las paces contigo.
  • Sigue ese camino hijo…

Los hijos nos hacen madurar papá. Sólo cuando vemos su esfuerzo, su lucha, es cuando valoramos el sufrimiento que infringimos a nuestros padres.

Nostalgia… por los hijos que crecen.

A veces, tan solo un recuerdo, cual flashback, nos devuelve a los hijos.

Una camiseta en un mercado, un anuncio de gafas, una entrada de cine, un sueño roto…

Cualquier escusa torpedea nuestra línea de flotación y el corazón se hunde.

El dejavú dura lo que tardan nuestros recuerdos en tornarse lágrimas de emoción ante el nuevo ataque de pánico sufrido.

Y a nuestro pesar, esa cómica sensación de felicidad se queda de nuevo en nuestro rostro.

Hasta el próximo bofetón.

Los hijos…

​Los hijos hasta que no tenemos hijos somos idiotas.

Esta frase, que es durisima, la primera vez que la escuché,  pensé,  buff, qué bestia. 
Ojo.. que no tiene nada de personal. Que yo con mi hija me llevo de lujo.

Pero es una de esas frases que expresan un sentimiento,  no se pueden explicar, no se pueden razonar..
Ningún padre conseguirá explicar a un hijo el verdadero sentido con el que se dejaría matar, humillar.. sólo se consigue comprender cuando lo sientes.

La capacidad de sacrificio.

La desmesurada fuerza para no replicar ante situaciones absurdas en las que con otro contertulio se tiraría a la yugular.

Lo dicho,

Los hijos hasta que no tenemos hijos somos idiotas.

Sobre hijos y perros (1)

Se dan cuenta -realmente- nuestras mascotas de lo que hacemos por ellas? Les importa?

Obviamente, las respuestas a estas preguntas, son absurdas. Me parece absurdo tan siquiera plantearlo.. ahora bien:

Ahora que mis hijas ya son grandes y volaron del nido. Mis mascotas han pasado a tomar el “relevo” en la parte afectivo-dependiente.

En casa tenemos tres bichos. Una gata (Pelusa) -la auténtica reina de la casa- y dos perros. Lua y Kas.

Lua es/era la perra de la hija de mi esposa y Kas, el perro de mi hija. Nuestras hijas, a su vez, son de otras parejas anteriores. La de mi esposa con su anterior marido, la mía de mi primer matrimonio. Ninguna vive ya con nosotros. Ambas, por distintas razones, han delegado sus perros a nuestro cuidado. Éstos, al final, son como una prolongación de ellas en casa. Y como yo tengo más tiempo libre que mi pareja, pues se puede decir que los perros son míos. Ambos fueron recogidos de perreras. Lua es un cruce de perdiguero y cazador y Kas es un cruce de Malamute y Pastor Alemán.

Yo, egoísta de mi tiempo, nunca tuve ganas -ni interés- por tener mascotas dependientes. Hago esta distinción porque, como es sabido, los gatos permiten más libertad. Son limpios, autónomos.. con tener su arena en un cajón, agua y comida, puedes largarte una semana y ni se inmutan.

Volviendo a las mascotas dependientes… Crearme las obligaciones de tenerlos que sacar mínimo tres veces al día llueva o haga sol, y rendirles unas horas de mi tiempo diario, nunca me cautivó lo suficiente. Cuando la hija de mi mujer “convenció” a su madre para traer a Lua a casa, yo me puse de culo. Argumenté -como poco después se confirmaría- que todos los parabienes que la niña contemplaba, no eran más que brindis al sol y que al final el que tendría que cargar con el chucho sería yo. Por supuesto la perra se quedó. A lo largo de los años el asunto nos causó más de una bronca, algunos gritos y alguna lágrima ocasional. Con los años fui bajando velas en pos de la convivencia, pero siempre nos miramos -con la perra- con un desprecio mutuo.

Años después, apareció Kas. Al que si bien en principio no llevé a casa… -la escusa fue llevarlo como “perro guardián” a la fábrica donde yo presto servicios de vigilancia y control- …a la vuelta de unos meses, tras verlo sufrir con el calor, decidí llevármelo a casa. Esta acción acabó por desbordar el vaso de la paciencia y comprensión de mi esposa, que vió en la maniobra una estratagema para meter al perro en casa. Dado que yo había argumentado una y mil veces que un perro no debía vivir en un piso, menos aun podríamos hacerlo con dos. Además me sacó a colación todas las broncas anteriores, cada uno de los gritos y la frustración y lágrimas que ella y su hija habían sufrido en el pasado. Yo, adquiriendo una prematura “senilitud anticipada” acompañada de sentimientos de culpa y una doble moral mezquina me hice fuerte en la idea de que si anteriormente había tragado con la perra y, dado que la situación* requería fórmulas especiales, me debían el poderme quedar con el perro. Y Kas se quedó.

* Mientras que la adopción de Lua fue un “capricho”, la de Kas se fraguó porque el perro sufre un desgaste en una de sus caderas, y dado que mi hija vivía en un quinto sin ascensor, sacarlo mínimamente para sus necesidades era un drama continuo..

Hechas estas aclaraciones, vuelvo al principio. Se dan cuente nuestras mascotas de los que hacemos por ellas? Podrían “comprender” el sacrificio que comportan nuestros cambios de horarios, o las obligaciones que conlleva tenerlos? No podemos olvidar los gastos…

Por otra parte, les obligamos a nuestras rutinas, a nuestros caprichos, a nuestros cambios de humor. Siempre han de estar preparados para salir cuando se nos antoje. -Yo tengo horario cambiantes de trabajo que les afectan en su tiempo de sueño y descanso- Muchas veces me planteo si tal o cual día, tal vez no tengan ganas de salir. Si hace frio. Si llueve.. Tal vez les duela la cabeza? Les gusta toda la música que pongo? Les gusta vivir juntos?