Todos somos racistas.

 
Recordáis las películas de Tarzán..??
A mediados de los 70, éstas y las de Elvis, copaban nuestras tardes de sábado.
Pues pienso que todos hemos deseado (inconscientemente), que se coman al negro.
Cómo íbamos a permitir que el león o los caníbales se comieran a Tarzán o a Jane..??
Inaceptable. Verdad..??
Pues para eso ponían a los porteadores en las películas.
Para que se los comieran.
Pobres hombres.
Pobres trabajadores.
Pobres esclavos de su propio mundo.
Y se les ridiculizaba.
Insisto. Pobre gente. Dejándose pisar por El Cine.
Lo que han de hacer para poder vivir muchas personas..!!
Y aquí estamos nosotros, quejándonos sin parar.

Tenichu.

​Que huevos mi abuelo.

Aprendía inglés con un cursillo que salía a diario en El Heraldo de Aragón, los recortaba,  los encontrabas por todos lados… -para cuando se fuera a Australia.. me contaba-.

Tres veces fué.

Luego, 

siempre me contaba lo mismo.

  • No comprendo nada, maño..!!
    Voy a la tienda, compro y escucho “tenichu”, “tenichu plis”, y yo hago así con las manos (me mostraba), y que cojan lo que quieran de monedas..

… Luego, como si de un chiste se tratase me escribía en un trozo de papel: 32.
32, therty two, tenichu.

y yo lo miraba embobado, feliz.

Joder.. era mi abuelo.
Yo no era capaz de estudiar ni inglés, ni nada. 

ni en colegios ni en ná.

Y él, entre paciente y paciente, encontraba tiempo para estudiar.. con recortes de periódicos.

Que huevos!!

Cuando seas padre, comerás huevos.

Huevos-fritos-con-patatas[1]

Esta mañana, el chivatito de Facebook me ha despertado con una de esas aplicaciones retrospectivas que tanto les gusta de usar.
Qué hacías hace tres años?

Francamente, me he llevado una desilusión, que poco he madurado mis reflexiones en tres años.

Cuando seas padre comerás huevos.

Yo creo que durante años persegui la forma de comer huevos con el mínimo esfuerzo. Una vez que me harté de ellos, y comprendí

… que tampoco era para tanto, creo, me debí llevar una desilusión.


Peter Pan había caído sin pena ni gloria por tan sólo un par de huevos fritos.

Qué pasó con el cocodrilo??
Tic tac tic tac.
Tic tac tic tac..

El Titiritero. (cuento reflexivo)

EL TIRITITERO.
(cuento reflexivo de mi sección, Conversaciones conmigo mismo)

Recuerdo -con nostalgia- que cuando era crío, en los parques públicos, proliferaban los teatros de guiñol.
En ellos, las actuaciones estaban construidas básicamente con un único guión.

Aparecía -bailoteando de derecha a izquierda del mínimo escenario-…

(perdón, mejor de izquierda a derecha. Siempre es mejor que las “raíces” estén bien definidas)

… un muñeco, ataviado con un cucurucho en la cabeza. Luego, por la derecha..

– Ves? Ahora lo has dicho bien.

– Pufff. Ya estás aquí? A ver lo que nos sale si tu también opinas..

– Me portare bien, ya lo verás. Decías que por la derecha salía… Quién? Rajoy?

– No empecemos. Que luego el ministro “ese” – el de los labios saltones- nos enchiquera. No. No salía Rajoy. Generalmente salía un villano con un garrote.

– Pal caso..

– Puedo seguir?

– …

– Decía que acostumbraba a salir otro muñeco..

– De madera? Como Pinochio? Contando mentiras para engañar al niño? Si?

– No. No era Pinochio. Ni Rajoy, aunque con éste guión…

– Lo ves?

– Calla. Que me pierdo. Salía un villano con un palo al hombro, en actitud pendenciera. También muchas veces, la figura del “malo” era la de un zorro, o la de un lobo.

– Será por la influencia de aquella estrecha que era Caperucita!

– No callarás, no. El personaje malo, cuando el niño se giraba, aprovechaba para darle una cantidad (hoy en día sería políticamente incorrecto) de garrotazos en la cabeza al niño que nos dolían al público. Gritábamos!! Y hasta alguno lloraba también.

– Bendita inocencia.

– Chitón!! El caso es que cuando el niño se levantaba, -tambaleándose-, y se encaminaba hacia un extremo -siempre el opuesto- del escenario preguntando:

– Pues claro que se tambaleaba. Entre que lo habían molido a palos y que era una marioneta!!

– Que cansado me tienes..

– Y qué preguntaba? Si Rajoy había aplicado la Ley Mordaza?

– Voy a ignorarte un rato. Fuera de aquí.

– Vale, vale.. no te sulfures. Me voy a sentar con los niños.

– Mejor. El caso es que el infeliz preguntaba: “- Quién me ha pegado?-”
Y, los niños nos desgañitábamos gritando:

EL ZORRO! EL ZORRO!!

En otras versiones, el niño preguntaba: (al malo),  “- Por qué me has pegado?-” Entonces, el malo respondía: “-Porque me has robado el conejo-“.

– Qué conejo?

– El de tu madr… -perdón, niños-, En otras funciones, joder! El guión incluía el robo de algún animal. (una simple excusa para aporrear al niño)
El malo -tras volverle a aporrear-, le preguntaba: “-Pues quién ha robado el conejo?-”

Y, los niños volvíamos a gritar:

EL ZORRO! EL ZORRO!!

Y como se dice ahora, la actuación entraba en bucle.

– Ya está? Esta mierda es lo que vas a escribir hoy? Dónde está la reflexión?

– Déjame acabar.

Hoy, esta tarde, he escuchado una frase al hilo de lo de los titiriteros detenidos hace unas semanas, recordáis?
La frase me ha hecho pensar. Decía así:

– Las marionetas actúan gratis, pero a mi (supuestamente el titiritero), no está prohibido darme dinero.

– Y…?

– No te das cuenta hermano? La frase es lapidaria. Sólo has de colocar en posición correcta a los personajes. El titiritero (títere del Deutsche Bank), es nuestro Presidente. El malo (el del garrote), el ministro. El niño (nunca mejor traído lo de explotado, el niño).

– Y el conejo?

– Ya te he dicho antes quién.

– No seas borde. Lo pregunto en serio.

– Pues la excusa.

– Bien visto hermano, bien visto. Por cierto? Sabes a qué edad murió Pinochio?

– No seas imbécil. Eso es un chiste viejo, malo y soez.

– Aburrido. Que eres un aburrido!!

Muñeca Beatriz (y dos)

Hace un par de años escribí una historieta, subjetiva, personal, íntima. Llevaba años con ella a cuestas. Mi madre tenía, -tiene- mucho que ver en ella.
Mi madre, que se está haciendo ya muy viejica, ha estado en casa una breve temporada. Una vez más, las enseñanzas de MUÑECA BEATRIZ han vuelto a mi cabeza.

MUÑECA BEATRIZ
(escrito febrero 2013)

Todos llevamos cientos de relés en nuestro cerebro. Pequeños resortes que inconscientemente nos hacen recordar y modifican nuestras conductas.

Muñeca Beatriz es un recuerdo que llevo en mi memoria desde hace décadas.

Beatriz era una amiga de mis hermanas, de cuando el apartamento de Bará, pongamos una década menor que yo.

Lo que quiero explicar hoy, ocurrió en breves segundos, una rápida conversación, un comentario mio fuera de tono, una veloz réplica de uno de mis progenitores y, posteriormente,  una lección aprendida de por vida que se quedó en la buhardilla de mi memoria como relé recurrente.

Mi recuerdo data de una mañana posterior al día de Reyes, no demasiado después, pongamos siete de enero, volvíamos del supermercado,  cargados de bolsas, mi padre, mi madre y yo, yo con mis catorce/quince añicos,  pletórico de esa mala baba que fue mi adolescencia, no recuerdo ninguna bronca en especial, pero si que era un nuevo día tenso.

Entre el rellano y la escalera al primer piso, nos cruzamos con Beatriz, iba acunando una muñeca repollo -una moda que sufrimos los niños hace años-..

Ante la mirada dulce de mi madre, la niña nos mostró su tesoro recién adquirido.

– Que muñeca más fea.
(el exabrupto que salió de mi boca resonó por todo el portal)

– A ella le gusta y eso la hace feliz.
(replicó rauda mi madre mientras carantoñeaba a la cría en dulce consuelo ante mis duras palabras)

Mientras pasábamos del primer piso al segundo tramo de escaleras, brazos en tensión,  paso sereno (nuestra casa estaba en el tercero), aun insistí con un:

– … Pero es que es fea.
(mi pensamiento albergaba, -en esos momentos-, esa estúpida idea de que la libertad radica en decir todo lo que pensamos sin más, junto al bullicio de los cientos de actos que seguramente habían propiciado otra jornada tensa en casa..)

Mi padre, detrás, hizo algún comentario hosco que no recuerdo, mi madre insistió:

– Pero a ella le gusta, y eso es suficiente.

Nunca más hablamos del tema, supongo que la vorágine del día a día se tragó aquella lección. Pasaron los años,  luego fui padre, ahora ya podría ser abuelo..

Durante años ha permanecido este relé en mi cerebro.
Cada vez que tomo una decisión en la cual intervenga un posible daño a un tercero por unas hirientes palabras mías, el relé de la Muñeca Beatriz aparece haciendo gala de las palabras de mi madre.

Cuánto cambia la vida..

Miércoles (a media mañana, 13:37h.)
Elocubrando

Esas películas, generalmente westerns, en las que en un tiroteo, el bueno, sitiado y sin posibilidad de escape por milicianos manejando un cañón o una ametralladora de aquellas primeras con ruedas.. y, de repente, el bueno, encontraba una caja con dinamita.
(música de arpa de boca, rollo Morriconne)
(y claro, uno piensa: – Y para qué coño quiere la dinamita?)

Y justo en ese momento, dos, tres milicianos sudorosos, cambiaban la situación del arma a mucho más cerca y, desaparecían de plano.
Entonces el bueno, encendía la dinamita, generalmente con una colilla que no siempre llevaba mientras reptaba anteriormente, -los milagros del cine, ya se sabe-, y la lanzaba destruyendo el cañón de turno.

Y, tras comernos las palomitas, nos ibamos a casa tan contentos, a dormir prontito que al día siguiente había colegio.

Una década tardé en comprobar que, para asomar la jeta en una manifestación y, osar tirar algo, -generalmente lo más destructivo era un tercio de ladrillo roto- y, si alcanzabamos un objetivo (rara vez), no debia de estar a más de quince, tal vez dieciocho metros.

Luego, tras las carreras de rigor, sustituyendo palomitas por cervezas, nos ibamos a la cama prontito.
Que en la cama es donde mejor se curaban los chichones sin dar explicaciones en casa.

Todos somos perros putos?

Madrugada de un viernes al sábado.
(preparándome para irme a currar)

Es curioso como estos perros putos míos se comportan.
Cada día, cuando me levanto por la noche para hacer pis, ladran marcando en la noche..
Sin embargo, siempre, en la noche del viernes al sábado, no dicen ni mu (a pesar del sonido de la alarma incluso), se quedan callados como putos en su sofá. Como esperando a ver si me olvido de ellos y los dejo, en lugar de arrancarlos de la placidez de su vida, para la semanal caminata hacia la fabrica.

En realidad, no puedo dejar de pensar en mi mismo.
Cuando crío, mi madre se levantaba para despertarme para ir al colegio.
Muchas veces, recuerdo haber esperado su visita, agazapado bajo las sábanas, remordiéndome entre reproches la monótona conversación.

– Moncho, Moncho..

(y me tocaba un pie a través de la sábana..)

– Ya voy mamá.

En fin perros. Nos vamos..