¡¡Cuesta de enero!!

La Cuesta de Enero parece que toca ya a su fin.

Este mes, una gripe de dos semanas largas me ha ayudado a no salir de casa. Con lo que “la cuesta” me ha parecido menos empinada. En cualquier caso, hoy visité el mercadillo local, tal vez con la velada flema consumista algo mermada para Las Rebajas. Así y todo, no pude dejar de fijarme que la Cultura pasaba por horas bajas…

Por lo que para acabar con las ironías de este mes, que mejor que una oferta generosa..?

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Páginas dobladas.

Escrito en Facebook, ahora hace justo un año. No recuerdo si lo publiqué también aquí, andaba muy liado en aquellas fechas.
Es una de las reflexiones que más me agradan.
PÁGINAS DOBLADAS.
Hoy he comenzado un libro nuevo, -a leerlo-, no me halaguen.
Una novela policíaca de serie negra.
Lo he cogido de la biblioteca, no estoy para compras sin fin.
Aunque a veces, tras leerlos, los compro.
Es como pretender la ilusión de poseer a una amante ajena.
Al hilo de esto último, de nuevo he descubierto cuánto me gusta encontrar rastros de otros lectores.
Las frecuentes páginas con los bordes doblados, lejos de molestarme, -también yo lo hago con los propios- me permiten interrumpir la lectura e imaginar a mi antecesor.
Cuál sería el motivo por el que se permitió descansar en tal o cual página…
Qué causó que un doblez se encuentre cada seis o setenta páginas?
A veces, mis elucubraciones se pierden tanto, que mi historia supera la que estoy leyendo.
No sería el primer libro que aparco durante meses por haber perdido la ilusión.
Lo dicho, un placer encontrar páginas dobladas.

Sentimiento de culpa?

Estoy leyendo “No mires debajo de la cama” de Juan José Millás, y me encuentro con ésta página.

Página No mires debajo de la cama

De repente, caigo en la cuenta de que durante unos años -para salvar la cojera-, (yo porto un alza en el pie izquierdo), y como andaba mal , valga la redundancia, de cash.. Cada vez que me compraba calzado, y aprovechando que todo lo pillo en esos grandes almacenes pseudo-deportivos de firma francesa, que nos han uniformado a generaciones enteras con éxito, cogía un cuarenta y siete del par izquierdo y un cuarenta y seis del derecho. Ninguna cajera se fija en eso (y en caso afirmativo, siempre me quedaba quejarme, además, del descontrol reinante de las secciones).

En fin…

  • Qué habrá sido de los hermanos huérfanos de los míos que dejé por ahí?
  •  Conseguirían concluir su ciclo vital encajando en pies de otros tullidos para regocijo de ambos?
  • Sufrirían el desprecio de ser arrojados al fondo de armario de algún individuo -que una vez descubierto el ¿error? los abandonaría a su suerte?
  • Vendrá de ahí el dicho: “Te amo/odio más que a unos zapatos viejos”?
  • O, tal vez, volvieron a la fábrica que los compuso en busca de algún alma buena que se apiade de ellos?

Ahora, la parte morbosa del hemisferio de mi cerebro se pregunta:

  • Me llamas?
  • No. desaparece!!

Existirá, ahora que el pluri-capitalismo abarca todos los hemisferios en guerra, un mercado de zapatos para miembros amputados que precisen tan sólo unidades sueltas?

 

 

 

El Secreto de la Modelo Extraviada (Eduardo Mendoza)

EL SECRETO DE LA MODELO EXTRAVIADA (Eduardo Mendoza)

Hace poco más de medio año, escuché una entrevista radiada…

(Hago incapié en “radiada”, -porque es importante para mi- resaltar que la gran cantidad de sucesos que alientan mi día a día, vienen de la mano de la radio. La tv… es “eso” que ¿entretiene? pero no culturiza, no sé si me explico?)

… Bien, en la entrevista, un tal Eduardo Mendoza (autor desconocido para mi hasta ese momento) a pesar de haber conseguido importantes premios (El Planeta), entre otros.., hacía gala de su quinta novela. Explicaba, que no se prodigaba en escribir (como hacen otros), que había escrito cinco novelas sobre el investigador anónimo, más o menos enraizadas entre ellas, geográfícamente en su/mi Barcelona natal, temática, personajes, evolución de los mismos..

Pero que tardaba entre diez y quince años en escribir cada una.

Aquello me subyugó.

Por qué un escritor -de cierto reconocimiento- no quería explotar el filón?

A mi me gusta escribir. Ojalá lo hiciera bien como para que me leyera más gente. Por qué un tipo no hace más por lo que gana pasta?

Me interesé por él. Comprendí que su biografía y obra iban más allá de escribir buenas novelas.

Lo compré.

Como tengo una hermana -devoradora de libros- a la que me tocaba regalar en el “Amigo invisible” de la próxima Navidad, y eso era un regalo recurrente… Pensé para mí que igual (pardillo de mi) me daba tiempo a leerlo antes de regalárselo.

– Pero, mira que eres roñoso!

– Calla cabrón. Creo que la idea fue de tu hemisferio.

– Esas cosas, uno las piensa sin querer. No con esa intención. No le escuches Nena. Te lo compramos con todo el cariño del mundo!

-Lo has leído, por cierto-?

– Calla. Ve a currar por ahí.

– Ve tu. Estoy escribiendo yo.

Bueno. El caso es que se quedó en el montón de los libros en espera… Llegó Navidad, como me dio mal rollo lo de la idea anterior, compré también una bufanda, preciosa. Envolví el libro con ella. Luego, un paquete mono y quedé como dios. Dos regalos en lugar de uno.

Dos meses después lo busqué en la biblioteca pública. No lo tenían. Me lo encontraron en otro pueblo. lo solicité. Lo trajeron. Comencé a leerlo. Guapo. Muy guapo. De lectura fácil y amena. El protagonista es una mezcla de paria y resolutivo personaje que de manara su-realista interviene/resuelve un crimen.

Como ando en una etapa … gandula (tengo varios libros (recomendados) empezados y atascados. He decidido devolverlo sin acabar de leerlo.

Hasta hace bien poco pensaba que las cosas que hacía merecían ser terminadas. Un libro. Un escrito. Colgar un cuadro en la pared…

A veces, la falta de ganas, la pérdida del entusiasmo inicial, me encauzaban en una somnolienta catarsis que me producía mal rollo. Desde hace unas semanas he decidido imprimir un poco de resolución a lo que sea que me proponga.

Que me aburre un libro? A tomar por culo!! Sin sentimientos de frustración.

Tal vez, en un futuro, le de otra oportunidad y lo lea.

Ya me contarás Nusky , si valió la pena?

En cualquier caso, agradecer al autor -Eduardo Mendoza- un breve diálogo de una de las páginas del libro. El mismo (el diálogo) es el que me ha permitido, no se bien bajo qué mecanismo, dar este productivo paso. Luego, -al final- os ofrezco la página que me ha hecho abrir los ojos.