Momentos embarazosos. (maniobra de Heimlich)

Habéis sentido, -aun intentando ser amables-, que todo os sale mal y termináis haciendo algo que irremediablemente os lleva a sentir vergüenza ajena?

Hace unos días sufrí un momento verdaderamente embarazoso. Me encontraba cenando en un concurrido restaurante de mi localidad, acompañado de mi esposa y de otra pareja de amigos, cuando en la mesa de al lado un tipo se atragantó con un generoso trozo de solomillo. Enseguida mostró claros signos de asfixia con inequívocos gestos de llevarse ambas manos hacia la boca primero y hacia la garganta después para, levantándose, procede a desanudar el nudo de la corbata que portaba.

Ante la inoperancia de que ninguno de los presentes intentara ayudar al susodicho individuo. Un vejete de apariencia octogenaria, que, digo yo, podía haberse cortado los trozos de solomillo un poco más pequeños… Decidí echarle valor y, poner en práctica lo aprendido en el Curso de Primeros Auxilios, que, de forma obligatoria, nos enseñan a los que curramos en determinados puestos de vigilancia y control.

Tras ser yo mismo -servilleta aun en mano y masticando un bocado de tiramisú casero-, quien gritó aquello típico de las películas. -Hay algún médico en la sala?- Y observar en estado de pánico como todos los comensales se miraban unos a otros como escaqueando la responsabilidad, no tuve más remedio que agarrar al vejete desde atrás, colocando mis manos cruzadas sobre su estómago y haciendo fuerza con el puño invertido, practicarle la Maniobra de Heimlich.

Al margen de escuchar los estertores del improvisado compañero de baile, desde lejos escuchaba los vítores de los allí reunidos en avezada algarabía, pero sin dar muestras de cohesión al aunar sus opiniones.

  • Más arriba ese puño!!
  • No. No, que si no lo asfixiará.
  • Da igual. No ve que ya se está poniendo azul.
  • Pero si le aprieta más arriba le romperá las costillas!!

Otras voces, más comprometidas, parecían sólo ayudar a que todo se calmara:

  • Pero, apártense, no comprenden que si hacen un corrillo, el chico no puede maniobrar?

Otros, seguían en su mundo…

  • Camarero! Tráigame la Carta de Vinos! Por favor..

Una señora bastante gruesa, al fondo de la sala, parloteaba sin parar y sin dejar de hacer aspavientos, inculcando una serie de normas de actuación sobre La Maniobra, pues según argumentaba, a voces, a ella se la habían practicado tres o cuatro veces y, eso -siempre a su juicio-, le otorgaba una inefable experiencia. Mientras, el señor con bigote y pajarita -sentado a la misma mesa-, se tapaba la cara con rubor al recordar cómo su esposa se atragantaba una y otra vez cada vez que sorbía percebes en fechas señaladas.

El Maitre, enfundando su mano izquierda en una inmaculada servilleta blanca y con un vaso de agua en la derecha, pugnaba por abrirse un hueco en el corro que se había formado a mi alrededor como si dos púgiles estuvieran combatiendo, para ofrecer, solícito, el líquido elemento para que el trozo de solomillo discurriera mejor.

A la tercera o cuarta compresión de mi puño en su estómago, el bocado de carne a medio masticar salió como volando, -ante el intenso silencio que se hizo como por arte de magia-, para caer sobre la mesa de la frenética mujer gruesa. Ésta, al ver el rojizo despojo sobre su servilleta y, levantándolo como trofeo con una cuchara de postre, comenzó a gesticular y a proferir nuevas aclaraciones acerca de los méritos propios al haber dirigido la operación de salvamento.

Las voces del ruedo, volvieron a proferir su enigmática cadencia de hipotéticos consejos:

  • Bien hecho chaval!
  • Camarero, la cuenta!!
  • Pues yo pienso que si le hubiera apretado más con el puño…
  • Ahora el viejo estaría muerto?
  • Es vd imposible. No doy crédito a sus palabras, tan sólo sugería qu…

La inexcusable voz de la gorda, concluía:

  • Pues den gracias que estaba yo…
  • No comiendo percebes?
  • Te he oído, Evaristo!

Mi esposa, la única persona que, mostrando algo de juicio tras el episodio, le acercó una silla al viejecillo, que ya daba muestras de desterrar el azulado color de su semblante, me obsequió con una flamante sonrisa. Fue el mejor (y único) de los pagos con los que fui obsequiado en aquella velada.

El viejo, una vez repuesto, y tras conseguir recuperar la voz, me increpó acerca de qué pretendía hacer con él atacándole de aquella reprobatoria manera desde atrás.

Yo, lejos de pretender un agradecimiento por -tal vez-, haberle salvado la vida, no pude por menos que intentar hacerle comprender que no pretendía atacarle. Que lo que yo había realizado era la famosa “Maniobra de Heimlich” gracias a la cual, aparentemente, debería sentirse, como mínimo agradecido.

El viejecillo, con actitud cada vez más beligerante, se encaró conmigo -ante el asombro de los comensales-, para gritándome a la cara, decirme que él era el Doctor Henry Heimlich y que de ninguna manera aquel “esbozo de comedia” -os juro que lo definió con esas palabras-, era en modo alguno su “Maniobra”.

Claro. Cómo decía al principio, y ante la sorpresa que en los clientes, la noticia, parecía despertar, comencé a sentir una vergüenza ajena que derivó en pánico escénico. No sabía qué decir en mi defensa mientras aquel energúmeno seguía insultando mi buen hacer.

Cuando algunos clientes -un camarero y la esposa de mi amigo incluidos-, pretendieron explicarle al anciano Doctor Heimlich la situación, aun fue peor. El hasta ahora sólo vociferante doctor, pasó a exponer, preso de furia y de manera descriptiva, que lo que yo había hecho con él se parecía más a un antinatural acto de sodomía que a su muy agasajada maniobra.

También, una vez que se hubo calmado un poco y recobrado la compostura, me invitó -no a una copa-, si no a que tal vez debiera practicar más “sú” maniobra -tal vez con mi esposa-, antes de volver a intentarlo en público.

Mientras volvíamos a casa, la otra pareja, mi esposa y yo, nos juramos no volver más por aquel sitio.

  • Pues vaya casualidad!!
  • Para una vez que le salvas la vida a alguien y resulta que es al mismo tipo que había inventado el método!
  • También era casualidad, joder. Anda que no había restaurantes donde el sr. Heimlich podía haberse ido a atragantar!

Reían mis amigos -a mi costa-, junto con mi esposa.

Al final todo acabó bien. No precisamente en el restaurante (que hubo que pagarle cena y taxi al puñetero doctor), sino más bien en casa, donde mi esposa, -seguramente para consolarme-, me indujo a que tal vez… la maniobra del buen doctor podía acabar en cópula si nos poníamos a practicar.

Ayer fui al banco

Ayer fui al banco. Los que me conocen ya saben sobre mi aversión a los establecimientos bancarios.

https://montxomon61.wordpress.com/2015/04/02/bancos-puaj/

Hace unas semanas recibí un par de cartas de la Entidad Bancaria a través de la cual cobro. Una para informarme de que a partir del diez julio la tarjeta de débito pasaría a tener un coste anual de 28 euros o bien liquidar mi contrato con el Banco y otra para informarme de que me conceden una tarjeta de crédito con un límite de hasta 3000 euros. Ambas me pusieron de los nervios.

Yo hago todo lo relacionado con los bancos a través de internet. Cada vez que, puntualmente, he de acudir a una oficina bancaria, entro en una especie de catarsis de mala baba que bloquea todo mi ser. Se podría decir que prefiero ir al dentista.

A lo largo de dos semanas he ido postergando la visita de protesta -de paso he ido informándome sobre distintos otros Bancos como alternativa, no hay mucho dónde elegir-.

Por fin, ayer, tras aleccionarme yo mismo -al más puro estilo americano haciendo yo mismo de coach– me dirigí a susodicho establecimiento. Nada más llegar, tuve un bajón emocional. Justo enfrente había un mercadillo semanal de embutidos artesanos, me paré, degusté y sin querer sonreí satisfecho. Luego tuve que dar dos vueltas a la manzana para volver a darme ánimos y poner cara de perro. Cuando, de nuevo, me vi motivado, conseguí, por fin, entrar.

– Buenos días..

– Buenos días. En qué puedo atenderle?

– Quisiera ver al director.

– No está en este momento. Justo ha salido a desayunar. Es vd cliente? No recuerdo haberle visto por la oficina nunca y ya llevo tres años aquí desde la fusión..

– Intento no venir nunca. Casi prefiero ir al dentista -me escucho renegar-. Incluso caerme por la escalera, en lugar de venir a verles..

Mientras observo como su sonrisa muta a cara de haba, le escucho contestar.

– Si puedo ayudarle yo..

– Le cuento. Yo prefería algo de privacidad, lejos de ventanilla, pues vengo de mal humor..

– Le escucho…

– Bien. He recibido una carta dónde me indican que a partir del diez de julio me van a cobrar una comisión de 28 euros por tener la tarjeta de débito. Comprenderá vd, que si la Dirección de ésta entidad ha estado aleccionándonos para que utilicemos los Cajeros Automáticos en lugar de ser atendidos en ventanilla.. me parece un despropósito que a la vuelta de un año y medio quieran cobrar por la tarjeta.

– Bueno.. son Políticas de Empresa. De hecho, no sabe vd cuántas personas hacen una mala gestión en ventanilla colapsando los Servicios de Atención al Cliente..

Le escucho recitar como si un autómata se hubiera tragado una grabadora. Como en realidad no le presto atención a sus peroratas exculpatorias corporativas, simplemente le interrumpo:

– Con ese criterio que vd expone, tira por tierra toda esa publicidad con la que decoran sus ventanales, ésa en la que sale el tenista Rafa Nadal hablando de manera filosófica como si fuera Bruce Lee. En la que el mensaje a transmitir es el de que “Nuestras Oficinas Bancarias están realizando una apertura hacia la comprensión del público para mitigar la mala fama que hemos adquirido durante La Crisis”. Sabe lo que quiero decir.. verdad?

– Me deja su Documento de Identidad, Por favor.

– 350……… o necesita el documento físicamente?

– No. No es necesario. La letra..?

– W.

Silencio..

Esos segundos de silencio durante los cuales sólo se escucha el rrrrrrrrrrrr del aire acondicionado y la respiración pausada de una vieja -que desde el sillón de la sala de espera- atiende solícita al partido de tenis verbal..

– Señor.. tal tal. Veo que su Cuenta pertenece al Producto Bancario Expansión. EXENto de comisiones.

Como se ha permitido recalcar las primeras letras de la palabra “exento”, me permito soltar mi discurso de un tirón -después de todo, he invertido horas en prepararlo previamente, y no estoy dispuesto a dejar de pronunciarlo-.

– … observará que el saldo medio de mi cuenta es mínimamente superior a lo que, desgraciadamente, se cobra hoy en día. También que mi esposa tiene una cuenta asociada, que es a dónde van a parar nuestros pequeños ahorros, porque se habrá dado vd cuenta de que ella cobra menos que yo.. y si me cobra la comisión.. me largo con mi dinero a otro sitio. Y ella -ya se lo garantizo yo, ahora- también!!

– Ya le he dicho que su cuenta está exenta de comisiones.. señor.

Aunque me repatea lo del “señor”, sigo adelante. Cabalgando. En mi impertinente desafío..

– Ni la tendrá más adelante?

– No. Ya le digo que su cuenta está exen..

– Y para qué me envían la carta? Piensan vds que no tengo otra cosa que hacer que venir aquí para tonterías? -me atrevo a añadir.

Por dentro ya me relamo, ésto -a mi edad- es casi mejor que el sexo..

– Ha de comprender que las cartas se envían a todos los clientes que poseen Tarjetas.

– Seguro que no me cobrarán nada más adelante?

– Seguuuro.

Contesta condescendiente el empleado, cuyo rostro ha vuelto a coger color.

– Me lo puede dar por escrito? -apostillo, machacón-.

– Está escrito en el contrato. Lo puede vd consultar. Mire..

Aquí, consigue taparme la boca el tiempo suficiente para añadir:

– Ya no está vd enfadado?

– A medias. -insisto, orgulloso-.

– Dígame..

– En la otra carta, me ofrecen una Tarjeta de Crédito con un límite de 3000 euros.

– …??

– No la quiero. Además, me parece insultante que cada vez que conecto por Internet, para ver el saldo, hacer transferencias o sacar dinero en el Cajero, me llegan continuos mensajes al Móvil para que Active, Active. Active su nueva Tarjeta de Crédito. Puede vd hacer algo para que no me lleguen esos mensajes tan molestos?

– Los mensajes dejan de emitirse automáticamente cuando vd la activa o, en su defecto, al cabo de un mes de no activarla..

– Comprenderá vd, que es una política agresiva. Vds juegan con que si, por error, al abrir cualquier mensaje de este tipo, la activamos. Luego hay que venir aquí, y desandar el camino sin fin de explicarles que ha sido un error, etc.. etc.. y seguro que a final de año, algo cae!! Por intereses de apertura, utilización, o lo que sea..

Mientras su semblante a vuelto a tener un color de manzana agria, escucho comentar a la vieja del sillón..

– Eso le pasó una vez a una amiga mía. Y estuvimos dos meses para arreglarlo… con todas las molestias que eso supuso..

Como el “estuvimos” denota que tal vez le ocurrió a ella, en lugar de a una amiga, cara de haba decide concluir la conversación con un:

– Entonces? No la quiere. Seguro..

– Verá. Llevo trabajando con vds toda la vida. He visto todas las “fusiones” que el Banco ha querido tener. -iba a añadir: no sólo la última, desde que estás tu chavalín, pero me callo. Ya tengo bastante por hoy- Y en todos estos años, mientras las pasaba putas, mientras me devolvían recibos por falta de pago, o me negaban Prestamos por no tener avales o un sueldo mísero, nunca éste Banco me brindó una oportunidad. Ahora, que teniendo la suerte de haber conservado el empleo durante La Crisis, y, tener una estabilidad económica decente, me ofrecéis una Tarjeta que conlleva un préstamo (que tendría que pagar, si utilizo, por supuesto), que no necesito para nada. Vd, si se pusiera en mi lugar? Qué haría con la Tarjeta?

– No la quiere.

Cuánto les cuesta a los empleados bancarios encajar una broma. Nada de reir o confraternizar con el cliente. Cómo me gustaría conocer a los que les hacen las Campañas de Marketing, tal vez pudiera hacerles entender que la filosofía de Rafa Nadal no tiene sentido si los oídos son sordos.

– No la quiero.

– Muy bien. Adiós, buenos días.

– Buenos días.

Pon un tonto en tu camino

Esta mañana nos hemos topado con un tonto -digo “hemos” en lugar de “he”, porque siempre, en todas mis historietas ciudadanas, somos tres. Kas, mi fiel husky, Lúa, la perra de caza y yo-
El susodicho en cuestión era un adolescente marroquí de unos veintipocos años con cresta.
Ojo.. No una cresta mohicano al uso, digna de cualquier punky de los setenta, no. Un crestón saturado en exceso de gomina, que formaba un cono de tráfico sobre una calva y zurcida cabezota difícilmente descartable a la mirada.
Bajando él, a cuarenta metros ya me iba riendo.. cuando al cruzarnos en la acera me dice:

– Qué miras?

Aquí he de abrir un inciso.
Yo, que tengo la caprichosa costumbre de mirar a los ojos siempre a mis contertulios y de contestar, amable, a quien me requiere, teniendo en cuenta que a mis 54 años, manteniendo aun mi metro ochenta y ocho y mis 108 kgs medianamente bien puestos -esto es, aun me la veo cuando está pocha ahí abajo, quiero decir que aun no estoy de prominente barriga- acompañado perpetuamente por dos canes.. No me acostumbro a medir mis palabras cuando denoto sorpresa.

– … Pues te miraba con sonrisa porque ayer cené leche entera con cereales. La leche entera, a mi edad me da flatulencia.. Y si no quieres que te cague a hostias, haz el favor de seguir tu camino. Chaval.

Escucho salir de mi boca tamaña ristra de palabras y seguir mi paso acera arriba.
Ni te gires. -Pienso para mis perros-  mientras de nuevo, con horror me escucho añadir:

– Kas. Te hace un bocado?

El penitente del cucurucho pasa de largo en silencio mientras mi perro me mira en silencio con cara de:

-A ver cuando quieres que muerda a uno con carnes..

Tengo un dolor en el corazón

Tengo un dolor en el corazón que ojalá me curara un médico.

Cumplir años no está mal, maduras.
Lo jodido es que al madurar, puedes sentir el dolor en el corazón.
El dolor de la resignación.

Levantarte a las cinco de la mañana cada día de tu vida para proteger a los tuyos,
darte cuenta de cómo y de qué manera pierdes aptitudes, reflejos, energía..
Eres parte del tiempo,  lo cual,  te hace espectador de lo que acontece a tu alrededor..
A lo largo de estos años te das cuenta de qué has hecho de bueno o no tanto,
si censuraste conductas o alentado envidias.
Si permaneciste impasible ante las injusticias.

Te das cuenta de en que punto dejas a tus hijos para que se enfrenten al mundo. Incluso te das cuenta que valores influenciaron en ti de tus mayores y cuales otros passron inadvertidos.

En los tiempos en que vivimos,  valoramos el aprendizaje, la lealtad, la sumisión,  la incertidumbre.. con el mismo arrojo que antes lo sustituiamos por inexperiencia,  infidelidad,  exaltación o el entusiasmo de saber que el futuro ya pondría las cosas en su sitio.

No quiero extenderme mucho más..
Lo que quiero explicar es que los años vividos se encargan de ensancharnos el corazón a la vez que nos lo endurece.
En mi caso, me fuerzo a intentar no sentir desprecio por mi consuegro (perdoname yerno), más no lo consigo.
Tal como van las cosas, vd sabrá sus porqués?
Pero me gustaría poder mirarle a los ojos tan sólo un instante, para ver si tenía cojones a aguantarme la mirada.
Nosotros, los pobres, todavía podemos sentir que matariamos por nuestros hijos.

Aunque claro..También he visto hoy en tv, como los japoneses de a pie, apenas pocas horas tras el tsunami, se comportaban como auténticos jaunaks (señores, en euskera), haciendo colas para comprar alimentos.
Una verdadera lección de civismo para occidente.

Escrito el 12-junio-2012
(coincidió con el desahucio a mi hija y su pareja de su casa por parte del padre de él)