Hace unos días me fui a cortar el pelo.

Para escribir sobre lo que quiero escribir hoy, necesitaría -para que se entendiera- que previamente hubieseis leído los tres capítulos que en su día escribí sobre “MI PELUQUERA”.
Por lo tanto, me voy a permitir recogerlos (todos) aquí para luego explicar lo que sería la cuarta y última parte.

Comprendo que como algunos ya habéis leído los capítulos anteriores igual se hace extenso. Intentaré no aburrir.

  • Hablar de mi peluquera es complicado.
    Ella, no diré como se llama -faltaría mas- regenta una peluquería de señoras de toda la vida. Tintes, rulos y ese insoportable olor de mechas -tostándose bajo un secador de astronauta- flota en un ambiente distinto al imaginado.
    Excepcionalmente, algunas cabezas masculinas somos tratadas ahí. Supongo que somos un atajo de inútiles de esos que prefieren no escuchar opiniones de fútbol mientras se nos corta  el pelo. En mi caso, además, me pilla más cerca de casa.
    Los precios son similares a los de las masculinas, o… Eso creo, la verdad es que hace años que no he vuelto a una de tíos.

    Como con mis perros cada día paso por su puerta, viéndonos a través de su escaparate…
    (la tiene decorada muy divertida., como es madre de dos niñas gemelas, tiene una mesita pequeña,  dos sillas a juego en tamaño y un  pastel de porcelana sobre la primera, que confiere un aire distinto de lo que ella aparenta).
    … los saludos a través del cristal se han convertido en imperceptibles guiños, tal vez.. muecas.

    Yo no entiendo mucho de esto, no lo juzgaré. Dice que es estilista. La verdad es que el sitio es muy acogedor sin perder la compatibilidad de lo que tiene que ser el negocio.

    Lo mejor de la peluquería es el sillón del lavacabezas. Es un sillón de masaje de esos que va ejerciendo una suave vibración sobre determinados puntos de la espalda, riñones, piernas, confiriendo al ya relajante lavado de cabeza (a quien no le gusta que le acaricien el cuero cabelludo con un suave y oloroso champú?), un placer añadido.

    Yo no voy más de tres veces al año a la peluquería. No le presto demasiada atención a mi imagen… Tan sólo cuando calculo, casi siempre mirándome en el espejo del ascensor, que mis pelos dan vergüenza ajena, es cuando comienzo a pensar que he ir a cortarme el pelo o peinarme. Como lo segundo no entra en mis cálculos, la solución es ir a la peluquería.

    Lo que quiero contaros, -al fin y al cabo, es lo que hago aquí,  contar cosas-, son algunas de las curiosas situaciones que se dan mientras me corta el pelo.

    La insistencia de su mirada no pasa desapercibida. Sus ojos tienen un brillo propio que permiten soñar argumentos que seguro andan muy lejos de lo que el resto de sus facciones expresan.
    Su conversación es rápida,  te das cuenta enseguida cuando tiene ganas de explicarte da igual qué. Es ella quien lleva el peso de la conversación,  permitiéndote apenas asentir a lo que sea te esté explicando.
    Mientras sus manos,  tijeras, maquinilla, peine,  etc, se mueven como con vida propia, la conversación fluye en torno a temas más o menos atrevidos dado que en realidad no nos conocemos de nada.
    Hoy ha surgido en una conversación sobre cómo utiliza Facebook para hacerse propaganda gratuita de su peluquería, -lógico-, agregando como amistades a todos los clientes de su negocio. Hasta aquí bien, me ha pedido mi nombre para agregarme. Cuando me he querido dar cuenta, ya me había comentado,  -como de pasada-, que también tiene una cuenta en Instagram donde posa de forma erótica.
    Nunca hasta hoy había sentido interés por Instagram, ni siquiera sabia para qué servía? Ahora tengo una cuenta que me permite deleitarme en un pezón ajeno a la mirada curiosa.

    Hace unos meses, pude sentir el rubor en mis mejillas y preferí desviar la mirada al sentir la suya reflejada en el espejo. En las ultimas falanges de mis dedos anular y meñique, percibía el calor húmedo de su pubis, que a través de la tela de la bata se transmitía,  cada vez que, digamos, ocasionalmente, se apoyaba mientras giraba alrededor mio trabajando su corte de pelo. La situación,  tan halagadora como excitante, hizo que me aferrase con fuerza al reposabrazos,  no permitiéndome el menor movimiento en dichos dedos. Tampoco osé retirar la mano de debajo de la capa protectora, permitiendome ralentizar el placentero juego.

    Nunca me he permitido un  paso más allá de lo correcto. Prefiero disfrutar de estos pequeños gestos que inadvertidamente parece que nunca han llegado a suceder.

  • Buenos días.
    Hoy desperté a las seis. Sin duda los estragos de sueño debían estar recuperados tras dos días de perrear sin rumbo.

    A las nueve tenia la casa lista de marujeos varios, el sol lucia a pesar del frío por lo que aparejé a mis canes y nos hemos ido a desayunar.
    Bueno, he de decir que los tengo tan mal acostumbrados como si de nietos se tratara. Nos sentamos en una tetería, donde sé que permiten la entrada de perros al local, y raro es el día en que no les doy un cuerno a cada uno de los dos cruasans que me zampo.

    Al volver hacia casa, siempre por rutas distintas, -enseñanza de mi abuelo que en homenaje siempre he convertido en mía-, hemos pasado por delante de la peluquería donde ayer me cortaron el pelo, recuerdo haber explicado algo ayer noche..
    Al paso frente al escaparate, tironeando de mis canes vuelta a casa, no he dejado de observar como la peluquera se movía en sus quehaceres diarios, entreteniéndose en la cabeza de una anciana de pelo color violín. Cuando ya pensaba que hoy no disfrutaría del guiño que a modo de saludo me dispensa cada vez que nos saludamos en mi diaria ruta, unos labios rojo intenso, ahuecados en forma de O, me han lanzado un imperceptible beso desde el reflejo del espejo. He asentido mientras con la mano libre de correas, me permitía un extraño gesto.

    Una manzana más abajo, todavía recordaba el intenso color rojo. Un rojo que hacía juego con el de unas uñas perfectamente pintadas.
    Las uñas de unos dedos estirados de una mano abierta.
    Una mano abierta, estratégicamente colocada para cubrir parcialmente un tatuaje.
    El tatuaje, un hermoso ramillete de flores que nacía en el monte de Venus extendiéndose por el bajo vientre de su propietaria.
    Un monte, que desde la perspectiva de los huecos que los dedos abiertos permiten a la vista, se aprecia completamente desprovisto de la maleza propia que allí debiera crecer.
    Confiriendo a la escena un toque de pálida blancura inusual.
    Sin duda, por lo menos un estremecimiento, sería un grato pago para cuando vuelva a sentir su mirada en mis ojos.

    Maldito Instagram.

 

  • Jueves 29, media tarde.

    Ayer fue un día espantoso. Todas mis esperanzas cayeron como castillo de naipes.
    No recuerdo si os conté,  además,  que cruzando, diagonalmente la calle de la peluquería, se encuentra en la esquina contraria un establecimiento Sex Shop?

    En fin, ayer caminaba acera arriba con mis perros en pos del paseo de tarde. Yo siempre camino por las aceras izquierdas, dejando las paredes de los edificios a mi izquierda,  creo que ya lo he explicado alguna vez. Sufro de una mínima cojera que con el leve desnivel de las aceras se corrige por si sola permitiéndome facilitarme el paso. Mis canes,  obedientes, lo saben y caminan siempre a mi derecha.

    Ayer, el husky parecía algo más agitado de lo normal. Los días fríos y ventosos parecen sacar al lobo que en origen lleva dentro y, parece dominarle en instinto.

    Poco antes de llegar a la peluquería y, por qué no decirlo, recordando mi escrito del día anterior. Donde os contaba cómo había disfrutado observando los límites desnudos del origen del tatuaje, comencé a repasar mentalmente la suave piel depilada,  las rojas uñas haciendo juego con los labios en O y tal vez alguna que otra indiscreción que me permitireis no desvele.. cuándo vi a un par de cientos de metros bajar por mi misma acera, pero en sentido contrario, a un chaval, jovenzuelo,  ya nos hemos cruzado con él y con su mastín en más de una ocasión. El mastín no se lleva bien con los míos. Cada vez que los tres se cruzan, el mío grande, el husky, se enfada territorialmente hablando.
    Para evitar conflictos, aminoré un poco el paso y casi sin apenas mirar hacia atrás,  crucé la calzada hacia la otra acera en diagonal en el cruce. Un par de metros antes de llegar a la acera contraria, el instinto me advirtió sobre el coche que por mi derecha amenazaba cruzar antes de conseguir llegar a mi rectilíneo destino.
    Sea como fuera, apreté el paso, más pendiente de los chuchos, que de mirar por donde caminaba, para por fin, cruzando entre dos vehículos aparcados, conseguimos nuestro propósito.
    Mi sorpresa fue mayúscula cuando, sin querer, casi atropellamos a una señora que por su acera bajaba.
    Al mirarle a la cara para disculparme por el acoso fortuito, no pude dejar de reconocer a mi peluquera, que con el susto en el rostro, volvía a poner esos rojos labios en O.
    De mi boca, un torpe -Perdone, perdona- acerté a musitar…

    (mientras, mi subconsciente me jugaba una mala pasada, al comprobar cuán parecido tan grande tenían los rojos labios en O, los ojos saltones del susto, con los de la propietaria de una muñeca hinchable que desde el escaparate me miraba)

    .. ni me atreví a hablar. No fuera que la cagara.

    Apreté el paso, sin apenas volver la cabeza y nos retiramos raudos calle arriba.

    Cuando recapacité, comprendí que tal vez mi peluquera, tras haberme facilitado una velada información sobre sus desnudos en Instagram, pudiera llegar a pensar que igual un sátiro tenia por cliente. Tal vez, ahora pensara, que mi tosca actuación invasiva, pudiera ser una mal interpretada invitación hacia ella.
    Pobre de mi. Si además se enterase de que llevo contándonos sobre su íntimo tatuaje!
    Que vergüenza! Qué va a pensar? Cómo le explico que mi fascinación por sentir, tal vez de nuevo, el calor de su sexo en mis dedos tan sólo fue producto de mi imaginación?

    Lo primero que hice al llegar a casa fue desinstalar Instagram.
    (no sin antes echarle un nuevo vistazo póstumo)

    Y, con este breve resumen, doy por terminada la trilogía de este micro cuento que siempre pensé titular: La Peluquera.

    (obvio deciros qué partes tal vez fueran ficción o cuales no), tal vez dentro de tres o cuatro meses, cuando vuelva a necesitar un corte de pelo, os explique más sobre “mi peluquera”.

    Bueno, ahora que ya he resumido mis tres capítulos y sin querer extenderme mucho. Me he de levantar a las cuatro.

    No quiero dejar de escribir hoy sobre esa placentera sensación de cómo he percibido que me tiraban los tejos..

    Hoy me he ido a cortar el pelo. Ya os lo decía antes. Lo que quiero contar es porque se ha dado una conversación chocante.

    Ella, sigue mi página de Facebook, me tiene amigado, porque hace propaganda de su peluquería, etc..

    Y, de repente, me dice:

    • El otro día leí “esa” historia sobre tu… vecina?

    Yo se positivamente que lo único que tengo escrito sobre “vecinas” es lo de:

    https://montxomon61.wordpress.com/2015/01/30/los-orgasmos-de-mi-vecina/ (parte 1 y 2)

    Con lo que tirándola de la lengua… pude comprobar cómo se había entretenido en leer sobre el tema orgasmos, aunque no quisiera abordarlo con las palabras correctas.

    En eso, he de confesar que me he sentido halagado, no he podido confesarle que también sobre ella (en otro sitio, aquí en Word) había escrito alguna cosa.

    Lo que si me he permitido cuchichear es que la vecina de los orgasmos, también es clienta suya. -Lo sé porque la he visto alguna vez sentada en el mismo sillón en que me corta el pelo a mi-. Para que le de vueltas a la cabeza.

    Lo que no he querido decirle (para que no cerrara el círculo), es que además, también “ella” tiene un comercio muy cerca del suyo.

    Lo dicho… una gran tarde de risas veladas.

En el buffet.

Ante todo, se puede considerar voyeur no sólo al que, ávido, observa. Si no también.. al que escucha?

Hoy corté el césped del curre.

De entre las múltiples putadas de lo que “denominan” -versatilidad- -elasticidad- -disponibilidad- y un largo etc de mierdas de palabras acabadas en “idad”, me encuentro yo. Hace algo más de dos años (creo que ya lo he contado alguna vez) fuimos despedidos una cuarentena de trabajadores de la empresa en la que trabajo. La escusa.. La Crisis.

Vale, vale.. La Crisis afectó a miles y miles de personas en toda Europa. Pero cada cual cuenta su desdicha.. no?

Entonces ofertaron los puestos externos, personal de limpieza, mecánicos especializados y el personal de seguridad. Yo, como tenía experiencia en el tema Seguridad, metí la cabeza por ahí y me volvieron a contratar. Ojo.. si. Menos categoría. Fuera antigüedad. A tomar por … los trienios, etc, etc.. ya sabéis cómo va el cuento. No me quejé mucho, cincuentón y en la calle, en mitad de la Crisis? Me había tocado la Lotería.

Claro.. La fábrica se cuida sola. Alarmas.. Protocolos.. con ponerlos en marcha y vigilarlos -de lejos- y puedo ir haciendo mil cosas más. Entre ellas -otro día os cuento otras- los céspedes y jardines del recinto.

Tengo dos céspedes. Uno como veinte veces el comedor de mi casa y otro como dos campos y medio de fútbol. Estoy contentísimo. A las tres semanas de hacerme “Guarda” echaron al jardinero. No tengo corta-césped, alquilo uno cada vez que toca. Como soy “el chico para todo” nunca les viene bien que corte el césped en condiciones. Generalmente ésta labor se atrasa hasta encontrarme una sabana digna de pastar las cebras.

Hoy corté el césped.. -repito- luego, me fui a comer al Buffet.

– Como un cerdo te has puesto!!

– Chistt… hemos quedado que tu no hablabas hasta mañana. Que te ibas a dormir. Menudo moñas estás hecho!!

– …

– Chitón. No me cabrees!!

Lo dicho.. he ido a comer al Buffet. Lo que me he reído..

– Nos, nos hemos reído..

– No estabas durmiendo??

En la mesa de al lado se han puesto dos señoras a comer. Una de espaldas a mi, la otra frente a ella -y de rebote a mi-. Tendrían treinta y más. La de enfrente parecía más locuaz. Llevaba la voz cantante en la conversación. Buenas tetas. Sin apreciar -aun- lo de la Fuerza de la Gravedad.

– Pues la que estaba de espaldas, cuando se ha levantado.. casi me mata de un infarto. Llevaba unos vaqueros de esos de cintura baja que les levantan el culo y.. cuando se ha quedado de pie a mi lado me he quedado bloqueao mirando por entre sus muslos y su pubis. El pantalón se apretaba a sus carnes permitiendo la visión a través del mínimo puente formado.

– Que te calles y te vayas a dormir. Que vergüenza me has hecho pasar..

– Yo?? Perdona..!! Has sido tu quien ha vislumbrado a la camarera a través del puente que los vaqueros formaban.. casi te quedas bizco mirando a través de..

– Me lo vas a dejar contar o no?

– Vale. Me callo.

Al rato, se han puesto a hablar entre ellas. la locuaz le comentaba a la sexy:

– Mira Gloria, de verdad que estoy harta de mi marido. Se pasa el día tumbado en el sofá. Mirando deportes por tv y bebiendo cerveza. A veces -cuando cree que no le oigo-, hasta eructa.

– No puede ser. No puede ser. No puede ser.. No puede. No puede ser.. -le ha contestado la guapa, mientras yo ya rezaba para que volviera a levantarse y babear..-

-Te juro que no exagero.

– No puede ser que te hayas casado con mi marido.

Os juro que hasta he dejado de comer. Que risa!!

Los orgasmos de mi vecina (2)

Tarde de domingo. Recién entrado a currar.

La verdad, no tenía intención de abordar de nuevo éste tema -sobre los orgasmos de mi vecina- pero.. hoy me ha ocurrido algo que me ha dado mucho que pensar. Y, por supuesto, la mejor forma de abordarlo, es aquí. Con vosotros.

Para los que me leéis reciente, os dejo el enlace que habla de la “primera parte” de estos, digamos, escarceos vecinales.

https://montxomon61.wordpress.com/2015/01/30/los-orgasmos-de-mi-vecina/

Sin más dilación, os cuento:

Esta mañana, como todos los domingos por la mañana, me acerqué a la fábrica donde presto mis servicios como Guarda de … -dejémoslo en Guarda- y tras hacer las comprobaciones de rigor y realizar el pre-arranque de maquinaria y hornos con éxito -no siempre es así a la primera-, me largué.. de aperitivo. Me encontré a un conocido y, ya sabéis cómo acaba esto.. unas cervezas tras otras, la tardanza ya por llegar a casa, y la acumulante meona por el líquido ingerido dio como resultado el llegar con prisas a casa para evacuar. Aun con todo y a pesar de,.. en el parking, me he topado con un vecino, que solícito, me ha saludado con un:

– Hola.. hoy no vas con los perros!!??

He sonreído mientras bailoteaba las piernas, -igual que un niño chico- a ver si así menguaban las ganas y, sin detenerme, he contestado:

– Si. Hola. ya te vas este fin de semana?

– Si. He de cruzar la frontera y quiero ver el fútbol. El Barça/Madrid tranquilo. Y.. tu? No trabajas hoy?

– Si.. vuelvo ahora. Y esta noche también. Hasta mañana. El partido? lo escucharé por la radio.. -me he escuchado contestar mientras pensaba lo mucho que había cambiado nuestra relación- Buen viaje.

Un -gracias- se escuchaba a través de la puerta que da al ascensor. Entro al trote. Subo. Saludo. los perros, felices de verme, se me tiran encima mientras mueven sus colas. Tiro la chaqueta sobre una silla. Me cruzo con mi esposa por el pasillo, la beso de refilón, mientras le susurro:

– Me estoy meando..

Mientras levanto la tapa, desenfundo y con un pie entorno la puerta, oigo la voz de mi mujer que comenta desde lejos:

– Disfruta con el espectáculo. Hoy está desatada.

– Qué dic… -el rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr del chorro a presión, ahoga la repetición de sus palabras a las que en realidad no presto atención. -POR FIN, ya no aguantaba más- me escucho resoplar flojito al sentirme aliviado por fin.

De repente, la oigo. los rítmicos gemidos de las otras veces Tres, cuatro “ooOOH´S” ahogados, in crescendo, rítmicos en repeticiones varias. Inconfundibles. Tras repetidas tandas -y aguzando el oído en dirección a la bañera- agarro el vaso de plástico de los cepillos de dientes, y girándolo lo aplico por la parte más ancha contra la pared de la bañera. Aplico la oreja al extremo -mientras mi Pepito Grillo particular, me grita dentro de la cabeza: – Estás loco? Estás atentando a su intimidad!!- Siento los gemidos de mi vecina a través del tabique dentro mismo de mi cabeza. No puedo dejar de sentir una incipiente erección mientras el otro Pepito Grillo, El travieso, le contesta a su otra media mitad: – Cállate. No lo entiendes? Calla y luego te lo explico.-

Así están las cosas. Eva. Se ha pegado una corrida de Órdago. Casi podía sentir su cálido aliento a través de las frías baldosas del alicatado.

Recordando la intensidad, -de no hace tantos años- de los orgasmos que todos tenemos archivados en nuestro disco duro, vuelvo a colocar los cepillos en el vaso y éste en su sitio.

Mientras me escucho decir en voz alta a mis conciencias -Callaos, joder!- salgo del baño. Antes de preguntarle a mi mujer acerca de qué comeremos? vuelvo a cerrar el archivo guardado con una sonrisa.

Mi conciencia “buena” parece satisfecha. La “traviesa”, no pierde el tiempo y le contesta:

– No seas sieso. Si a su marido nos lo encontramos en el parking. Con quién follaba Eva? Ves como eres idiota!!

Frases célebres? (Rosi, como no te cabe por delante te la meto por detrás!!)

Corría el verano de 1990. Entonces trabajaba en un supermercado de costa. En Miami-playa, Tarragona. (España)

Rosi, mujer menuda, era una treintañera, soltera, muy fiestera, y con mucho carácter. Su hacer y su peso -en el trabajo- le confería cierta autoridad, que le permitía ejercer como jefa de cajas sin que nadie le hubiera otorgado dicho cargo. Por aquel entonces tenía bajo control cuatro cajas con la suya. Allí trabajábamos, contando todas las secciones una veintena de personas que se ampliaba a treinta en el ecuador de la temporada de verano. -se abría desde marzo hasta octubre-

Asumía responsabilidades ajenas, sin que Andrés, el propietario, la contrariara, -para qué, debía pensar él, bastante tenía con discutir con Roberto cada día-

https://montxomon61.wordpress.com/2014/12/03/una-pareja-de-idiotas/

Carmen, mucho más amable y educada, más joven e instruida, con novio formal a la antigua.. estaba a cargo de Recepción. En Recepción, además de gestionar y anunciar por megafonía a vendedores y repartidores, se vendía tabaco, postales y sellos, libros y revistas, etc..

El supermercado, era una tienda grande. Unos mil metros cuadrados de sala, más trescientos de almacén en el sótano. -yo trabajaba entonces como encargado de compras y almacén- aquel sótano era mi reino.. para acceder a él, además de una pequeña e incomoda escalera, se utilizaba un monta-cargas. En pleno verano, prácticamente colapsado todo el día.

Juan, era el repartidor de Cervezas Damm de aquella localidad. Era un buen tipo. Joven, no tendría los ventiocho aun cumplidos. Alto. Recio. No mal parecido. Y.. debido a su trabajo de carga y descarga, muy fibrado, con buenos bíceps y poderosas piernas. Vamos, que se lo rifaban.. todas aquellas gatas, cada vez que asomaba por ahí.

Juan, a pesar de ser Autónomo con sus repartos, era un tipo tosco. Parco en palabras y, desde luego, con pocas luces dada su falta de estudios primarios.

La Sección de bebidas, cercana a la zona de cajas, ocupaba una tercera parte de la tienda, -en aquellos años, los turistas (alemanes en particular), no le hacían ascos a deleitarse en vacaciones con grandes ingestas de alcohol-, de ésta, casi la mitad estaba nutrida por decenas de tipos, clases, marcas y formatos de cervezas. Lager, tostada, pilsen, negra, de trigo, de importación, por países, con y sin alcohol.. de todo.

Por supuesto, las cervezas españolas tiraban más, -por precio, básicamente- motivo por el cual, Juan acostumbraba a venir un par de veces por semana. Nos hacía el favor de recargar de cajas de sus cervezas, el espacio adjudicado a su marca, prácticamente a su libre albedrío. Luego contábamos y hacíamos números.

En julio y agosto, debido principalmente a la aglomeración de clientes, no se permitía la entrada de mercancías por la puerta principal, en temporada baja, las normas eran mucho más laxas. Sin embargo, dada la ayuda que Juan nos proporcionaba, con él hacíamos excepción, siempre y cuando lo comunicara previamente en recepción o a la jefa de cajas y, tuviera el buen tino de no atropellar a nadie con su carro..

El día de autos, -poneos en situación- Un lunes de resaca, se encontraba Rosi contando monedas de cambio, absorta de cualquier comentario ajeno para no descontarse. Un servidor, hablando con un proveedor por fuera del mostrador de Recepción. Carmen, colocando cajetillas de tabaco en sus mínimos departamentos, de espaldas al público.

De repente, raudo y con prisa, tirando de un carro vacío, recién descargado, aparece Juan. Con la mano libre acciona el micrófono de Recepción y dice:

– ROSI, COMO NO TE CABE POR DELANTE, TE LA METO POR DETRÁS!!

Y, continúa su camino, desapareciendo por la puerta principal en dirección a su camión.

Os juro que el momento de silencio que se formó en la tienda se podía cortar con un cuchillo.

Mi proveedor calló, abrió mucho los ojos y murmuró:

– Qué ha dicho este tío?

Carmen, se arrugó tras el mostrador, muerta de risa. Mientras las cajetillas de tabaco se deslizaban desde sus manos al suelo.

Loli, -una de las eventuales de temporada alta y, la cajera más cercana a la salida- comenzó a atragantarse y a toser tras sus joviales carcajadas.

Yo, desviando la mirada de mi contertulio, en dirección a Rosi, pude comprobar cómo un rubor perlado, cálido y fulgurante subía por sus mejillas, mientras una lúbrica y muy breve sonrisa surcaba sus labios. Se puso seria un momento. Dejó de contar, cerró de un golpe el cajón de su registradora y, veloz, desapareció en dirección al office.

Cuando volvió a salir Juan con su carro vacío, repitiendo la operación de descarga, Carmen ya había escondido el micrófono bajo el mostrador, Loli seguía hipando de risa, con sus húmedos ojos brillantes..

Janis

El otro día, escuchando el tema “Mercedes Benz” de Janis Joplin me vino a la memoria uno se esos episodios que tengo ya enterrado -podríamos decir- en el disco duro de la memoria.

Janis, es el nombre con que bauticé a un rollete de una noche de verano allá por 1998 o 1999.

Entonces trabajaba en la construcción, pero como aquel hijo puta de jefe que teníamos nos pagaba tarde y mal, siempre devolviéndonos los “pagarés” del banco de turno, alternaba el trabajo de colocar ladrillos con el de poner copas en un chiringuito de playa, convirtiendo mi día a día en un espasmo sin fin. Una jornada “normal” comprendía: De 8h a 13h y de 14h a 18h en la obra y de 21h a 4 y pico.. tras la barra. Dormir? Pues no recuerdo bien.. a ratos, entre horas, tras atragantarme comiendo deprisa.. en fin, que andaba agotado física y mentalmente.

En septiembre, cuando la marabunta de veraneantes de agosto vuelven a sus respectivas ciudades a continuar con sus prisas.. llegaban los turistas tranquilos, los que opinan que la mejor manera de hacer vacaciones es relajadamente. Sin aglomeraciones.

Bien es verdad que ya no pica el sol como uno o dos meses antes, pero..

En una de esas noches de verano, apareció una turista, creo que dijo ser madrileña, acompañada de un tipo que, sin ser el novio formal, si parecía aparentarlo con sus continuos escarceos amorosos a la vista de cualquiera que durante aquellas ya frescas noches de septiembre se acercara a tomar una copa a la luz de la luna.  Estuvieron por allí una semana corta, de esas de cinco días cuatro noches de hotel -que a fin de cuentas, si por las noches tiraban de chiringo y de día dormían al tibio sol, sin duda les debieron parecer nueve jornadas en realidad- sea como fuere, al segundo día, él ya parecía estar más borracho de noche que sobrio de día. Mientras, ella, se deleitaba en escuchar el rumor de las olas conjugado con la música chill-out  del garito, con los ojos bien abiertos -seguramente debido al hachís- y así pasaban los días.

Una noche, acudieron al chiri con las maletas -deduje pues, que esa era la última y por ende, que ya no tenían casa- A los dos whisky´s y tres caladas, sus ojos bromearon inequívocamente respecto de sus futuras intenciones. Entabló conversación conmigo ignorando al intrépido bebedor, y como el fresco de la noche ya no permitía muchos clientes , le pude dedicar más tiempo del que en condiciones normales le hubiera podido ofrecer. Del chill-out pasamos a algo más ligero y en menos de lo que dura una copa ya me estaba ofreciendo poner un cd de Janis Joplin que tenían en el coche.

La mala bebida de él quiso jugar un paso a nuestro favor, permitiendo que cuando el displicente muchacho marchara a buscar el cd en cuestión, ya no volvió más. Ella, contrariada, se acercó hasta el coche para ver qué había sido de su no novio. Volvió y me contó que él estaba durmiendo en el coche y que no encontraba el cd. Le contesté que no había problema, en casa tenía yo algunos de la común cantante y, si conseguía cerrar pronto, podría ir a buscarlos, para en íntima actuación, escucharlos bajo las estrellas.

A estas alturas del relato ya imaginareis cual va a ser el desenlace. Intentaré no defraudar. No mucho, al menos.

Por supuesto, nos las arreglamos para echar a los pocos noctámbulos que quedaban e incluso me echó una mano a recoger lo más indispensable mientras crecía en nuestras miradas un inusual y cálido in crescendo deseo. No os aburriré con eso del amor a primera vista de una noche de verano, no.. aquello que se fraguaba mientas nos rozábamos al recoger una silla o al -aparta un poco- que lleno la nevera, un ósculo robado, un roce de melena sobre cuello desnudo o incluso el sentir sus pezones erguidos al frío de la noche en mi espalda, albergaba tan solo una sesión de sexo desenfrenado.

Mi único temor radicaba en no tropezar con María -mi por entonces pareja ¿estable?- Sabía que tarde o temprano pasaría a “recogerme”. No he explicado que ella entraba currar en un restaurante próximo sobre las ocho de la mañana. Como yo llevaba todo el verano, casi empalmando horarios, me era más cómodo quedarme a siestear en el chiringo de la playa antes de ir a la obra, que ir a casa, acostarme, levantarme, etc, etc..

Como os digo, cerramos el chiringo, permitiéndonos crecer sin mesura el calor del deseo. Cogí la moto y sin casco para ella, decidimos jugarnosla por callejones estériles  de miradas abyectas. A las cinco largas conseguíamos esquivar a municipales y sargento, y.. glamouroso de mi, con un sorpresivo as en la manga tan bien guardado como jugado, la llevé al piso piloto del edificio que estábamos construyendo.

Lo siguiente, ya podéis imaginar..  A destacar? Lo rico que me pareció su muy precalentado sexo cuando arrodillado entre sus piernas abiertas lamí y relamí absorviendo los jugos que de allí manaron, mientras sus gemidos se confundían con los de una Joplin imaginada -que no escuchada- Tampoco puedo contar mucho más…

Feliz entre sus piernas, me dormí, agotado como andaba.

Y.. aunque satisfecha -supongo que a medias- desapareció sin portazo. Nunca más supe de ella, ni siquiera llegué a conocer su nombre. Tan sólo cuando volví al chiringo a la noche siguiente, bajo el mostrador, por la parte exterior de la barra, allá donde su sabroso caldo se había fraguado, encontré un cd de Janis Joplin con un breve Post-it pegado.

Gracias por los tres. Un beso.

Escrito en el PAULANER, 1-nov-1995

Este relato era parte de una carta a Brigitte.
Brigitte era una rubia francesa con la que salí de manera itinerante en los años que siguieron a mi primera separación matrimonial. No sentíamos un amor al uso, pero si cierta atracción sexual que pocas veces llegó a término. Como en realidad nuestros caracteres no se soportaban, resultaba difícil hacer durar veladas que acabasen sin discutir, con portazo o ahogando penas en algún licor..

En esas separaciones consecutivas, nos carteabamos de provincia a provincia contándonos desventuras, líos, romances, problemas o borracheras. A lo largo de un par de años jugamos al gato y al ratón. Que yo andaba por Barcelona,  ella estaba en Almería. Que yo bajaba hacia Andalucía,  ella visitaba a su madre en Orly. Cuando yo trabajaba en Madrid, su hijo se había ido a pescar con su padre a Cabo Verde. Las cartas se perdían o no llegaban.. luego, un día,  aparecían dos, con remites distintos. Al final nos olvidamos el uno de la otra.

Sin embargo, este borrador de una carta lo guardé en la mochila del tiempo perdido.
No recuerdo que me llevó a hacerlo, pero siempre supe que andaba por ahí.
Hoy, rebuscando unos contratos para la Agencia Tributaria, he topado con estas lineas:

Tal y como cito en el título, fue escrito el uno de noviembre de mil novecientos noventa y cinco en una fría mesa de una taberna alemana. El PAULANER, sito en la calle Galileo, Barcelona.

… la rubia de enfrente me mira sin parar, sabe que la miro. Se arregla el pelo, se yergue y saca pecho. No ha podido evitar en el gesto, el endurecimiento de sus pezones al rozar el gelido borde de la mesa de marmol, el respingo la ha delatado.
Sonrio.
Se ha dado cuenta, sigo sonriendo, ahora con más descaro. Aunque de manera simpática, sin desentonar.
Se ha ruborizado al darse cuenta de que me he dado cuenta.
Mientras continúa hablando con su pareja, a intervalos me observa con disimulo. Aguanto la mirada. Desafiante. Su boca se abre, un breve hilo de baba permite brillar una dentadura perfecta, el rubor de sus mejillas, intenso, cálido.. y no puedo reprimir lanzar un beso al vacío.
Coño! Se levanta el ¿novio? Suspiro… se encamina hacia los lavabos.
Se cruza con la amiga, una regordeta carabina que con ambos en la mesa estaba sentada. No había reparado en ella. Pues estaba sentada de espaldas a mi.

Vuelve a sentarse en su sitio, interrumpiendo nuestras miradas, la rubia cuchichea.. su amiga se inclina sobre la mesa, escucha atenta, hace un rápido gesto por volverse que mi rubia ambición aborta con mano rápida.
De pronto, la nueva explota en carcajadas. Las dos rien hasta que los lagrimales estallan convulsos.

Se que en breve, la amiga se girará. Estoy preparado. Mi copa llena y a punto.. disfruto con la espera.
Ahí está! Se gira y yo levanto mi copa para brindar con su mirada. Se ruboriza y extravía la mirada encogiendo su rostro entre las manos.
Es ahora cuando mi rubia amiga, rompe a reir en carcajadas.

¡Ojo! Vuelve el meón. Pregunta por las risas sin obtener respuesta. Mira desconcertado alrededor y se sienta.

Vacío mi copa de un sorbo. A su salud. A su ignorancia. A su deseo cuando acaricie esos frios senos esta noche en algún frío portal.

Beberé otra a su salud con el suspiro pendiente de no besar otros pechos de otra rubia ausente.