Sergio, cabrón, devuélveme mi disco (1)

Sergio cabrón devuélveme mi disco.
Esta es la historia de un disco, de uno de Jimi Hendrix en concreto, ese que está litografiado por las dos caras, con dos tias de pechos desnudos bailando, en una, y un retrato del músico en la otra, los dos sabemos a que LP nos referimos, por lo tanto su nombre ya no importa.

Corría mayo o junio del 86, en una Barcelona primaveral, la Feria del Disco, se celebraba en el Hotel Ritz, ese Hotel clasísta por excelencia, cuyos lacayos, bien alimentados, de levitas burdeos, ribeteadas en oro, recogían las maletas mientras te miraban como estatuas, y podías sentir el gélido desprecio de sentirte inferior.

Veinticinco años viviendo en Barcelona, y era una Feria y, del Disco, lo que me trasladaba desde Tarragona (donde dejé a la madre de mi hija, junto a ella, sin su alegría, un domingo por la mañana), a ese Hotel,

Un tren, un taxi y al Hotel.

A mis veinticinco años (como cualquiera) , exultaba felicidad. Entré en el Hotel, con la mirada curiosa de un niño y la prepotencia de un adulto, directo a la barra del bar.

  • Buenos días, un Jack Daniel´s .

(las once de la mañana, los abuelos mojando bollos en los cafés..)

Chafardeaba los puestos de discos,
devorándolos con los ojos de un yonky en un laboratorio de base,
admirando paredes, cuadros y escaleras, mientras rememoraba lo leído sobre los excesos de Mike Jaguer por sus salones,
todo con mis copas en la mano…
Cuando me dí cuenta, estaba en una puja al más puro estilo Keith Richard´s, Bourbon en mano… Pujando por el mencionado disco.
No recuerdo lo que pagué por este, pero si se que fué menos de las 10000 ptas que pagué por el otro, (el de Police, edición “limitada”)

Tu que eres hombre de músicas, espero comprendas, el valor que “ese” disco tuvo para mi,
más aún, porque prefierí perderlo, que volver al infierno de tener que recuperarlo.
Gracias por tu tiempo.

Abuelas que escuchan a Extremoduro.

Esta mañana, intentando dormir, -Entre el calor y el dormir de día, necesito “estímulos” para conseguirlo-.

Escuchando un popular programa de radio. De esos a los que la gente llama para dedicar canciones… A veces me pongo programas menos culturales para que a modo de nana, Morfeo se me lleve.

De repente una tal Sandra -que dice tener trece años- pide un tema para su abuela (porque la quiere mucho), un tema de Extremoduro.

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Los primeros acordes de la canción y ya mis pies se movían solos sobre el colchón..

He de decir que en lugar de ayudar a dormirme, el relé de mi cabeza se ha puesto a trabajar como loco..

Una cría de trece. Mínimo una madre de treinta y pocos. Una abuela de cincuenta y más.

La imagen de abuela, -mientras, tras mi retina se forma la imagen de mi madre-, sigue pareciéndome anodina. El estereotipo de la mujer mayor, gruesa, con arrugas, volviendo cargada del mercado, -pobrecilla-, me impide darme cuenta de que también yo me encuentro a punto de cruzar el meridiano de los cincuenta hacia los sesenta. Que mi hija ya cumplió los treinta. Que si no soy, todavía, abuelo, es por azar.

Y… no me siento tan viejo!!

Inmediatamente, el manipulado de palabras dentro de mi cabeza, me lleva a pensar en mi abuelo. Siempre con su sombrero hongo en la calle. Con aquella radio que era todo un mueble. Con sus botones de nacar y su dial sobre raso bordado en rosa salmón que cogía emisoras allende transoceánicas. Aquellas radios de antes.. Cómo la disfrutaba en las vacaciones en su casa.

Gracias Sandra. Por ese tema que nos alegra el corazón.

Me gusta entrar aqui (I)

Me gusta entrar aquí.

(no diré dónde, no vaya a ser que la propietaria sea una de las pocas que me lee.. y la líe)

Me recuerda a mi bar.

Mi bar -que ya no tengo desde 2001- es un amasijo de sensaciones sobre mi vida en la hostelería.

– El Enka, donde asisti, incrédulo, a como Rolo afianzaba mi muñeca para hacerla girar y esparcir aceite en mi primera paellera. Teníais que haber visto mi cara! A mis quince, apenas destetado. En mi casa, si chorreaba una gota de aceite de un bocadillo de atún, se montaba un episodio de Inquisición!! ..y aquí estaba yo, frotando a mano abierta con aceite de oliva una paellera, para su optima conservación sin oxido.  En el primer Barça/Madrid comprendí por qué había un camarero por botellero…

– También tiene algo del Xarxa. Allí, los clientes me pasaban, para guardar, las posturas de “a talego” ante la inminente visita y registro de los Grises. Todos me las pasaban a mi. -Que confianza, pensaba yo-. Y, resultó que no era tal, simplemente ocurría que si hacían lo mismo con Oliver (el dueño), éste les astillaba las posturas de hachís. Que bronca me pegó -le estaba arruinando el negocio…-

– El Sonajero, donde jamás puse más birras que las mías. Tomás, tenía más de tres mil discos. la Laverda, cruzada, aparcada delante de la barra. Jamás en diez años la sacó del local. Decía que no tenía Seguro, pero todos sabíamos que ya no conseguía sujetarse sobre ella. los últimos años vivió de cambiar LP´s por papelas..