Nostalgia de padre.

Hola papá. Generalmente no pienso mucho en ti.
Sé que estás por ahí (tu presencia, ya sabes), muerto. Pero por ahí.
Tan sólo te recuerdo cuando visito la casa de mamá y te veo en alguna foto.
También tengo alguna yo por casa, claro. Pero siempre son las mismas.
En esa en la que sonríes y en esa otra en que estás con uno de tus nietos en brazos.
Allá donde estés.. -Tu creías en eso del cielo. Yo, ya sabes que no-, tienes Facebook o algo así..??
A ver si un día de estos me vienes a ver y hablamos..
Ya sabes.. Por lo del tiempo perdido.
He visto una secuencia de una película en la tv. Padre e hijo discutiendo. El padre en el hospital..
Es extraño, me ha dado la sensación de que acabaríamos igual. A voces, como siempre.
Pero me apetecía decirte.
Es raro, no..??
Voy a seguir viendo la película. Igual aprendo algo.
Nunca conseguimos ser empaticos. Fuimos cobardes. Eso es triste. Demasiadas veces miramos en direcciones contrarias.
Estoy cansado, a veces pienso que ya tengo bastante. Luego pienso en que a Itzi no le puedo hacer la misma putada. Es mi “nueva casa” respecto a mi karma lo que tengo que arreglar.

Hace años ya comprendí las del amor.
Las del respeto.
Ahora me falta ésta casa.

Me lo debo a mi mismo, para hacer las paces contigo.
  • Sigue ese camino hijo…

Los hijos nos hacen madurar papá. Sólo cuando vemos su esfuerzo, su lucha, es cuando valoramos el sufrimiento que infringimos a nuestros padres.

Sergio, cabrón, devuélveme mi disco (2)

Para comprender el alcance de la pena por perder mi disco, debo escribir sobre Sergio.

También deberé hacerlo sobre la subasta. comenzaré por ésta última.

Como os dije, andaba yo en 1986 -con mis veinticinco añicos-, comenzando a comerme el mundo, cuando asistí a una Feria del Disco en el Hotel Ritz de Barcelona.

Con la frescura de mi inexperiencia y la chulería del que (tocando dinero), se mete en un lugar inapropiado y fanfarroneando. Amén del aplomo que me permitía el bourbon ingerido a las diez de la mañana.

Compré varios discos. Para el sueldo que entonces ganaba, me gasté una fortuna que ni de lejos me podía permitir. Me regalé dos lujos. El mencionado LP de Jimmy Hendrix litografiado y un Single de Pólice. El de “Message in a bottle” versión Live, edición numerada para coleccionista. Diez mil pesetas del 86.

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(No está en mi poder, lo he buscado en Internet para enseñároslo)

Sergio fue una amistad itinerante que coseché en los albores de este siglo. Él había trabajado como repostero en un muy reputado restaurante que ya no existe cuyo propietario fue el precursor de las deconstruciones de diversos alimentos cocinados.

Cuando yo lo conocí era el segundo “cheff” del restaurante de un puerto deportivo de la Costa Brava.

Entonces yo trabajaba en Mantenimiento en dicho Club portuario. Él, como yo y, como muchos éramos esclavos de la cocaína entonces.

Había que sacar pasta de donde fuera. Yo pintaba casas. Él me dio de comer (literalmente) por la cara, durante una breve temporada. Además, me sugirió “echarme una mano” pintando a pesar de no poseer experiencia ninguna. Le dije que si. Claro!!

Nunca pude pagarle. Un día, cenando en casa, curioseando mi colección de discos, me sugirió que le gustaría tener ese disco.

Enfermo, enganchado, con el cerebro desquiciado y arruinado, le ofrecí mi tesoro como pago por un trabajo que nunca realizó. Me comí el orgullo machacado. Enterré los recuerdos cosechados a golpe de bourbon y me despedí de aquella estrella de seis puntas.

Un mes después deje de ver a Sergio.

 

 

La edad nos pone en nuestro sitio. 

Hoy he vuelto a ver El señor de la guerra. Con Nicolas Cage.

Hay una frase (cuando su mujer lo pilla en lo que hace), que dice:

“No es por el dinero. Se me da bien”.

Buff. Palabras mayores (dentro del contexto)

Yo, que aunque alguna vez me he deslizado por el lado oscuro…

No.. No vendi armas.

… Estuve recapacitando.

Mi manera de conducirme por la vida me hizo repensar sobre qué era lo valioso de la vida.
Tengo una hija.
Para nada tiene que ver mi relación con ella con la que yo tuve para con los míos.
Mi hija es… Se ha convertido en…
El orgullo me supera. No hay palabras que definan un sentimiento.

Hace años, mi amoralidad me hubiera hecho babear al ver esta película.
Ahora, mientras la vuelvo a ver, una mezcla de asco y repugnancia, me sube al gaznate.

Supongo que un buen epitafio para mi lápida podría ser:

Se me dio bien, no fue por el dinero.

La huerta de Ávila

LA HUERTA DE ÁVILA, (recuerdos de mi niñez)

Mi tío (el marido de una tía-bisabuela), había sido el Jefe de Ganadería de una de esas regiones del centro peninsular en tiempos del Dictador. No sé qué tipo de cargo debía ostentar, pero si sé lo que me contaron siempre de pequeño, esto es: Tras el fusilamiento del hermano de mi tía bisabuela y padre del mío por los Nacionales.
https://montxomon61.com/2016/11/09/carta-de-mi-bisabuelo-momentos-antes-por-ser-fusilado-por-rojo/
Mi abuelo enviaba a mi madre y a sus dos hermanos pequeños, todos los veranos a Ávila – a la Huerta de Ávila-, allí, durante el periodo estival, los engordaban como si fueran cerdos a cebar, antes de devolverlos a la Zaragoza de posguerra en zona conquistada.

Mi madre siempre nos contó sobre lo agradecida que estaba por aquellos veranos de sol y alberca, pinos y embutidos. Nada que ver con las lentejas con piedras que le esperaban cada invierno en casa de su madre, cuando había suerte.

A mis once o doce años, -creo-, me llevaron un mes de julio a aquella casa.

 

La huerta de Ávila,

las rodillas rasgadas.

Los codos con roña,

las uñas sucias de tierra.

Los ojos vivos..

 

Así me gusta recordar la Huerta de Ávila.

La que yo conocí.

Junto al colegio de niños huérfanos de la Guardia Civil.

Tenían un Toro de Guisando en el porche.
Ahora lo valoro más.
Antes, me lo miraba con ojos de como quien pone un enano de jardín.

 

Sobre mis canes. Libertad?

A veces veo a mis perros con ojos distintos.
Es entonces cuando lo asocio a la mala vida que les doy.
Quién soy yo para permitirles vivir recostados la mayor parte del día en su sofá?
No serían más felices -seguramente con vida más corta- si la vivieran al trote libre por los campos?
Que puta manía, la del hombre, de amaestrar en su beneficio

Carta de mi bisabuelo. (momentos antes de ser fusilado por rojo)

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A mi mujer y mis hijos recomiendo en los últimos momentos de vida, que sean como yo he sido siempre y que perdonen…

 

Este es el único recuerdo que tengo de mi bisabuelo materno. El padre del dentista, del que os hablaba el otro día en:

https://montxomon61.com/2016/11/05/la-bola-de-papel-de-plata/