Nostalgia de padre.

Hola papá. Generalmente no pienso mucho en ti.
Sé que estás por ahí (tu presencia, ya sabes), muerto. Pero por ahí.
Tan sólo te recuerdo cuando visito la casa de mamá y te veo en alguna foto.
También tengo alguna yo por casa, claro. Pero siempre son las mismas.
En esa en la que sonríes y en esa otra en que estás con uno de tus nietos en brazos.
Allá donde estés.. -Tu creías en eso del cielo. Yo, ya sabes que no-, tienes Facebook o algo así..??
A ver si un día de estos me vienes a ver y hablamos..
Ya sabes.. Por lo del tiempo perdido.
He visto una secuencia de una película en la tv. Padre e hijo discutiendo. El padre en el hospital..
Es extraño, me ha dado la sensación de que acabaríamos igual. A voces, como siempre.
Pero me apetecía decirte.
Es raro, no..??
Voy a seguir viendo la película. Igual aprendo algo.
Nunca conseguimos ser empaticos. Fuimos cobardes. Eso es triste. Demasiadas veces miramos en direcciones contrarias.
Estoy cansado, a veces pienso que ya tengo bastante. Luego pienso en que a Itzi no le puedo hacer la misma putada. Es mi “nueva casa” respecto a mi karma lo que tengo que arreglar.

Hace años ya comprendí las del amor.
Las del respeto.
Ahora me falta ésta casa.

Me lo debo a mi mismo, para hacer las paces contigo.
  • Sigue ese camino hijo…

Los hijos nos hacen madurar papá. Sólo cuando vemos su esfuerzo, su lucha, es cuando valoramos el sufrimiento que infringimos a nuestros padres.

Comunicación padre-hijo.

A MI PADRE

También pensé que tú a tus cincuenta, habías recibido menos hostias que yo por parte de la vida. Que sé que es una afirmación muy dura. Y que también te admiro por ello. Qué difícil debió de serte detener toda la furia que mis actos hacían hervir tus ojos.

Hoy pensé… Esta mañana:

Te lo has currado padre.

Muchas gracias.

Aunque, que lentos que fuimos, joder.

Demasiado lentos. Tuviste que morirte para entendernos.

Pero aprendí una buena lección.

Es triste -sin embargo-,  que no le llegases a mi cachorro.

Has ido a misa?

Cordeeeeero de Dioooos…
(apréciese que el sonido cantado hace mella en acentuar algunas vocales que son atónicas)
…que quita el pecaaaáaado del muuúuundo. Ten piedaaaa-de nosoooooó-otros.
De repente, al oler en el ascensor, el aroma de una colonia que utilizaba mi padre, me ha venido a la cabeza este verso, de esta canción de misa.
Mi padre nos obligaba a ir a misa los domingos.
Daba igual el qué o el co. Había que ir.
Luego nos preguntaba:
– Has ido a misa?
Aquí venia la diatriba de, con el pasar de los años, ir desarrollando la facultad de:
A. Sentir remordimiento e ir a misa.
B. Calcular y meditar la excusa perfecta para que la mentira colase, (siempre recordaba él haberse encontrado con un amigo que le permitiera situarnos en otro sitio a la hora señalada)
C. Echarle huevos, decirle que no y por ende, que se montase un pollo en casa que obligaba al mal rollo hasta bien entrada la semana.
Tras años de malas caras, cada cual siguió su camino.
Cordeeeeero de Dioooos…
(jamás mi padre me explicó nada ni de religión ni de misa ni de nada relacionado con la religión)
…que quita el pecaaaáaado del muuúuundo. Ten piedaaaa-de nosoooooó-otros.
Y el puto Dios (igual antes que ahora), permitiendo que el hambre, la violencia, la trata, la xenofobia…
Que perdida de tiempo.

No somos lo que pensamos…

​No somos lo que pensamos, somos el azote de lo que vivimos a través de nuestras conductas. 

Hace muchos años le escribí una postal a mi padre.
(un gato miraba desde ella con un ojo de cada color), 

Una frase impresa rezaba algo parecido a: 

“No todo el mundo ve las cosas de la misma manera”.

Detrás, yo le escribía que seguramente era portador de los mismos valores que él,  sin embargo, igual no estaban ordenados de igual forma, con lo cual pretendía escamotearme de la responsabilidad de su respeto.

No recuerdo haber cruzado ninguna conversación con él al respecto, tampoco recuerdo habérselo dicho mirándole a los ojos, sin embargo, aquella postal envejeció en el cajón de su mesilla durante décadas. 
A cada viaje hacia la casa paterna a través de los años,  en los frágiles momentos en que necesité escudriñar en aquel cajón ajeno, para recoger cualquier cosa, en todos los momentos en que mi furia necesitó recordar los ojos del gato,  siempre me topé con su mirada. 

Un ojo azul, otro amarillo, me devolvieron la mirada cansada de mi viejo, el gesto agrio, su nariz rota, su sonrisa franca..

Nunca comparé los ojos de mi padre con los del gato,  nunca hasta ahora pensé en ello. Ahora, ya casi once años fallecido, puedo contemplar el cartón amarillento de aquel gato dentro de una gran copa de cristal.

Él se encargó -con cada silenciosa apertura del cajón- de que mi rebeldía de juventud, permaneciera ahí encerrada para conseguir que entendiese tamaña lección.

Cuando seas padre, comerás huevos.

Huevos-fritos-con-patatas[1]

Esta mañana, el chivatito de Facebook me ha despertado con una de esas aplicaciones retrospectivas que tanto les gusta de usar.
Qué hacías hace tres años?

Francamente, me he llevado una desilusión, que poco he madurado mis reflexiones en tres años.

Cuando seas padre comerás huevos.

Yo creo que durante años persegui la forma de comer huevos con el mínimo esfuerzo. Una vez que me harté de ellos, y comprendí

… que tampoco era para tanto, creo, me debí llevar una desilusión.


Peter Pan había caído sin pena ni gloria por tan sólo un par de huevos fritos.

Qué pasó con el cocodrilo??
Tic tac tic tac.
Tic tac tic tac..

Recuerdos padre.

Creo que ya lo expliqué una vez. Aunque igual fue en otro sitio, en otro soporte. Se escriben tantas cosas a lo largo de una vida…

Imaginad: Vacaciones de Navidad. Toda la familia junta. Frente al televisor. Debía rondar yo los nueve años, siete mi hermana, casi dos la siguiente, la pequeña no andaba en proyecto..

En el sofá, de derecha a izquierda: Mi padre, mi madre con la bebé al pecho, mi abuela con la segunda sobre el regazo. Yo?

Yo jugueteando sobre la alfombra a los pies de todos..
De repente, ingenuo, pregunto:

 

  • Papá, es verdad que los Reyes son los padres?
  • Pues a ti te iban a traer mierda.

 

Silencio. Silencio ¿glacial?

Comprendo que el exabrupto fue su manera de hacerme comprender que le iba a fastidiar la ilusión a mis hermanas pequeñas. Aunque con los años fui acariciando la idea de que en realidad era a él a quien le rompía la ilusión de poder seguir manteniéndolas pequeñas de inopia, pequeñas (sus nenas), aun faltaba otra por llegar -ya dije-.

Ninguna pareció coscarse. Eran muy pequeñas aun. Tal vez fuera yo más mayor y ellas en la cuidada progresión numérica citada ya supieran -mejor que yo- hablar cuando tocaba. No se… Importa?

El caso es que no recuerdo mucho más de aquella intervención.

Los recuerdos de infancia son como flashes de luz. Iluminan un segundo, dentro del cual percibimos multitud de detalles -como cuando entramos a oscuras en una habitación, encendemos una cerilla-,  y para cuando los ojos ya se han aclimatado a la penumbra, el fuego nos quema las yemas de los dedos y soltamos la misma sumiéndonos en un negror.

Recuerdo un sueño en el que en una de estas entradas a la habitación, me doy cuenta de que tan sólo poseo una cerilla, justo cuando me quemo los dedos una figura familiar se aparece en un rincón de la sala. Imposible volver a escudriñar…

Hoy he soñado con cuando mi padre llegaba del trabajo y le daba el beso de saludo de rigor.
Al recuerdo, amable, he despertado tras derramar alguna lágrima.