Todos somos racistas.

 
Recordáis las películas de Tarzán..??
A mediados de los 70, éstas y las de Elvis, copaban nuestras tardes de sábado.
Pues pienso que todos hemos deseado (inconscientemente), que se coman al negro.
Cómo íbamos a permitir que el león o los caníbales se comieran a Tarzán o a Jane..??
Inaceptable. Verdad..??
Pues para eso ponían a los porteadores en las películas.
Para que se los comieran.
Pobres hombres.
Pobres trabajadores.
Pobres esclavos de su propio mundo.
Y se les ridiculizaba.
Insisto. Pobre gente. Dejándose pisar por El Cine.
Lo que han de hacer para poder vivir muchas personas..!!
Y aquí estamos nosotros, quejándonos sin parar.

Lola.

Lola (Comentando a Valeria…)

A veces, los recuerdos -insanos o no- aparecen sin más.

  • Insanos?
  • Vaa… No asomes, precisamente hoy, con el calor que hace, no estabas pintando?
  • Por qué insanos?
  • Ya sabes por qué. Y a ésta gente que nos lee -ese dato- no les interesa.
  • Tu crees? Fue tu hemisferio el que se encoñó con Lola. Cuando fuimos a su casa, fue para colocar aquellos enlucidos de madera para proteger de la humedad.
  • Vivía en un bajo.
  • Ya se que vivía en un bajo. Lola estaba loca, como una cabra. Aun recuerdo aquella noche de la lluvia de estrellas que casi acaba en lluvia dorada. Se meo encima. Mientras estaba sentada en un sillón de una terraza. Que guarra!!
  • No se meo. Se c… descubrimos con ella el punto G. Tu le hablabas de arreglarle los bajos (de su casa) a su subconsciente. Yo hablaba con ella. Bajo la mesa nuestras manos jugaban. Fue algo incómodo (para que no nos vieran).
  • Que te crees tu eso. Da gracias que era de noche..
  • …!
  • Siempre nos han atraído las descerebradas, recuerdas?
  • Claro. Así nos fue durante tanto tiempo.
  • Lola fue especial. Fue la primera, la que nos sacó del tedio del matrimonio con..
  • Chist!! Los nombres chitón. O te encierro.
  • No te atreverás! La última vez ya sabes que estuvimos sin hablarnos un mes.
  • (que descanso)
  • Eh!! Que te he oído. Estoy en tu cabeza. Lo recuerdas?
  • Pues claro…No te dará una apoplejía un día, no…
  • …!!
  • Un ictus? Cortito?
  • Eres un imbécil. Me voy. Voy a seguir pintando. Me hubiese gustado ofrecer mi visión de la relación con Lola. Después de todo YO soy el artista, tu sólo eres el sieso que escribe… Qué ibas a escribir si no? De qué experiencias contarías? Ya me llamarás, ya.
  • Si. Para comer. Recuerda que un artista es un payaso. (también)
  • Imbécil…

(¡¡Portazo!!)

En fin, perdonad -una vez más- el inciso. Estaba en que tras comentar en el Blog http://loslabiosdevaleria.wordpress.com/ ha surgido un fantasma del pasado.

  • Otro. Otro fantasma!!
  • Te juro que un día….

Tras comentar -repito-, he sentido la necesidad de recordar el episodio con Lola.

Una vez, salí con una pintora, (eso decía ella) pusimos una gran sábana a modo de improvisado lienzo, sobre un sofá. Para protegerlo del polvo.

  • Qué polvo? Quién es el fantasma ahora? Eh!!
  • El de la sierra. Fuimos a lo de las maderas. Ves como no pillas?

Le gustaban los colores morados, pintar atardeceres.
Disfruté al principio, -para qué negarlo, por la novedad- perfilando con un pincel las aureolas de sus pechos. Ella hizo lo propio conmigo. La pericia de mis trazos degeneró bastante.
Las risas, los besos, los escarceos íntimos, las mezclas de óleos y acrílicos, la técnica de empastar…
Nos reímos mucho. Menos después, a la hora de lavarse.

No la volví a ver durante años.
Dos décadas después, tras una breve visita a su ciudad -fui a un entierro acompañado de mi hermana pequeña-, nos cruzamos por la calle. Ella iba con marido. Dos niños pequeños.
Saludos, efusivas muestras de cariño, ¿De nostalgia? Nos invitaron a su casa. A tomar café, charlar. Una visita cordial.

Entrando en la casa. Pasillo al fondo. Cuando crucé el comedor y vi la gran sábana extendida en una pared, el corazón me dio un vuelco.
Vi las huellas de los excesos de hace años sobre una pared.
Instintivamente bajé la mirada al suelo, saludé a los niños y cuando la volví a levantar, el tal Javier le preguntaba a mi hermana si le gustaba el cuadro.

Lola, -la amiga pintora-, me lanzó un imperceptible guiño que no pasó desapercibido por mi hermana, que después, ya en la calle, me increpó:

– Ésta tía te ha guiñado un ojo con su marido al lado? Anda.. Vamos, que estamos de entierro!!

Arreglar el mundo.

Hace unos meses escuché por radio un mínimo relato atribuido a Gabriel García Márquez. Un tiempo después, recordé que fue en el programa “El Bosque Animado”, de Radio3

“Arreglar el mundo”.

Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos. Pasaba sus días en su laboratorio en busca de respuesta para sus dudas.

Cierto día, su hijo de seis años invadió su santuario, decidido a ayudarlo a trabajar. El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lado. Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiera entretenerlo. De repente se encontró con una revista, en donde había un mapa con el mundo, justo lo que precisaba. Con unas tijeras, recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta, se lo entregó a su hijo diciendo:
– Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin la ayuda de nadie.

Entonces calculó que al pequeño le llevaría 10 días componer el mapa, pero no fue así. Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente:
-Papá, papá, ya hice todo, conseguí terminarlo.

Al principio el padre no creyó en el niño. Pensó que sería imposible que, a su edad, hubiera conseguido componer un mapa que jamás había visto antes. Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones, con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño. Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares. ¿Cómo era posible?¿Cómo el niño había sido capaz?
-Hijito, tu no sabías cómo era el mundo, cómo lo lograste?
-Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura del hombre. Así, que dí vuelta a los recortes, y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía cómo era… Cuando conseguí arreglar al hombre, dí vuelta a la hoja y vi que había arreglado al mundo.

“Arreglar el mundo”, de Gabriel García Márquez

La vieja de la muerta asesinada.

El título de este escrito es el que es. No se me ha ocurrido nada mejor.. Tampoco el desenlace va mucho más allá.

Hace un par de semanas, -volviendo una vez más con mis canes, de la fábrica donde trabajo- me sucedió una experiencia difícil de digerir.

Era ya casi noche cerrada. Finales de agosto, no recuerdo si había luna. Bochorno tras una breve lluvia de verano. Alguna nube, sin rastro de estrellas. Al llegar al pueblo me abordó una mujer, rubia, pasaba de los cuarenta. No mal parecida pero de desgarbados movimientos. los perros se plantaron en seco sin ladrar. Se me acercó lo suficiente para percibir su perfume sucio. Sudor reseco. Aparté el gesto y retrocedí un paso.

  • Esa casa de enfrente es la de aquella mujer que murió a manos de su padre?

Me espetó sin saludar.

  • No se. -conseguí articular-. No llevo apenas siete años viviendo en esta localidad… y..
  • Si. Si. Yo te conozco. Te vi hace tiempo por aquí.

Volvió a cruzar la carretera sin mirar al tráfico y desapareció. El husky aulló y la perra tironeó de la correa camino a casa.

Mientras intentaba comprender el significado de aquella afirmación, los sugerentes tañidos de la guitarra de Tomatito y Camarón me estremecieron los oídos. Me quité los auriculares y me giré en dirección a la extraña rubia. Ya no la podía ver. Sólo el contoneo bravo de sus caderas me hicieron comprender que había desaparecido tras la esquina. Volví los apenas quince metros para comprobar que no lo había soñado y un vejestorio en camiseta y calzones -que sacaba la bolsa de la basura- respondió a mi mirada.

  • No haga vd. mucho caso. Todo el barrio cree que está loca. Es una triste historia. Los antiguos del pueblo cuentan que su padre asesinó a su hermana cuando ella era pequeña. La hermana la cuidaba siendo ella un bebé. La historia nunca llegó a aclararse. Luego, el matrimonio se mudó.

Durante un rato, el rancio olor de la bolsa de basura se mezcló con el perfume de la rubia. Anduve meditabundo calle abajo rumbo a casa, nada más llegar y entrar en el bar de abajo para ahogar el recuerdo con la última refrescante cerveza con limón, una falda verde me desvió de mis pensamientos.