La mirada de un ser querido. 

La perra me mira fija.

Su semblante muta de “cara de pena” cuando el camarero trajo la cerveza y la ración de patatas bravas,  a la mirada de fastidio conforme su olfato le advierte  sobre cómo van desapareciendo las mismas del plato.

Tras el vaciado del mismo y ante la perpleja nueva mirada de requerimiento, (de nuevo se lo muestro  en repetido ritual aprendido), para que comprenda,  también visualmente, que ya puede dejar de pedir. 

Es entonces,  y solo entonces,  cuando se sienta,  gira el hocico y me ofrece esa curiosa caída de ojos que parece denotar condescendencia. Sus ojos destilan un brillo húmedo. Su hocico tiembla imperceptiblemente hasta conseguir hacerme sentir culpable con su indiferencia. 

Intento razonar con ella en plan:

– Si hubieras nacido en el seno de la familia de un jeque árabe,  tal vez estuvieras ladrándole al cocinero que se pasó con la sal al salmón. 

Aquiescente,  parece comprender cada palabra hasta que concluyo con un:

– Aunque tal vez te hubiera comido un cocodrilo.. 

Y es entonces,  de nuevo sólo entonces, cuando parece haberse olvidado de que hubo patatas..

Pues no salgas… No te daré galletas.

Más tonta tu..

(Y mientras, la perra paseándose).

Se asoma.. Tuerce el cuello,
y me mira, implorante:

  • Se ha ido ya la oveja..??

La “oveja” lleva tres días a mis pies. En el sofá, en el escritorio.
Un flechazo.

Que zorra..!!
Sabe que hablo de ella.
Las dos saben que hablo de ellas.
Ésta -la oveja-, se acurruca en el suelo, a los pies de la cama… La otra espera porque sabe que tengo que volver (para cerrar el grifo del agua, de donde bebe nuestra princesa)
Ahora vuelvo…

 


Bueno, esto, que a priori parece inconexo, es una conversación con mi gata.

En casa, además de los animales bípedos, conviven tres cuadrúpedos, el husky, la perra y la gata. Además, tal y como presenté el otro día, tenemos en casa a otros dos. El chiquitillo de una hermana y la perra de aguas, color chocolate  de otra de mis hermanas.

https://montxomon61.com/2016/12/25/cocinando-para-la-familia/

Ona, La color chocolate, por instinto, corre tras todo gato que ve. El canijillo también, pero por motivos obvios -de tamaño-, ya se cuidará de “enfrentarse” a mi gata.

https://montxomon61.com/2016/12/03/la-reina-de-mi-casa/?iframe=true&theme_preview=true

Mi gata, que es una marquesa mal acostumbrada, bebe agua del grifo. Primero asoma un poco una pata -como si estuviera tanteando la temperatura de la misma-, si la encuentra de su agrado, bebe. También come galletas. Y por supuesto, duerme a mis pies en la cama.

Como estos días Ona duerme a mis pies, parece que Pelusa (mi gata), parece que diga:

  • Se ha ido ya la oveja..??

 

 

La freidora. 

Entro en la Ferreteria. Adela, la dependienta, nos saluda desde su fortificado mostrador.

  • Hola. Tienes un polvo… (toso), que..

El perro, -mientras lo ato a la baranda que separa la puerta giratoria de los carritos de compra-, se ríe.

Empiezo otra vez…

Adela, igual sorprendida, me presta más atención. No en vano podría ser mi hija.

  • Tienes unos polvos..?

Me atraganto. Toso.
El perro me mira y se parte..
La dependienta me guiña un ojo mientras flojito dice:

  • Yo creo que si.

Reímos ambos. Siempre ha existido una afín sinergia entre nosotros desde que estaba embarazada de su actual ex-marido, Alberto. Recuerdo la conocí por error. Ella es gemela de otra que también trabaja en una ferretería, -de la competencia en este caso-, yo iba a comprar donde su hermana. La tienda es más grande.
Un día, por la calle, me la topé con Alberto empujando un carrito con un bebé de unos dieciocho meses. Nos saludamos.
Alberto había trabajado esporádicamente conmigo a través de una empresa de trabajo temporal. No le tenia especial simpatía pero era un tipo cordial.
Como no me salían las cuentas, un día le pregunté sobre lo grande que estaba su hijo. Alberto me explicó que a quien yo había saludado en la otra ocasión era a su sobrino y a su cuñada. A los cuales acompañaba no recuerdo a qué hacer. De ahí el error.
Meses después, coincidiendo con Alberto y su esposa en la ferretería pequeña, saludarnos, coloquiar sobre que ya no venia a trabajar casi nunca a la fábrica, etc.. Me presentó a Adela. Reímos el error mencionado y así hasta hoy. Amigos para siempre (que diría la canción).

Como la chica es maja, cambié de ferretería de cabecera . Las tertulias post compra hicieron el resto. Y fraguamos una bonita amistad. De esa manera, he ido siguiendo su vida. Ver crecer a su hijo. Su separación de Alberto. El vacío y decepción que él le dejó. Sus nuevos ligues…

Carraspeo. Me ajusto las gafas y de un tirón le suelto :

  • Tienes unos polvos, en sobres (me permito aclarar, como si hiciera falta, infeliz de mi), para el aceite de la freidora?

  • Para qué? Para el aceite? Seguro que me estás preguntando bien… Igual la otra pregunta estaba mejor.. (aun se permite añadir, con su sonrisa serena)

Mientras mi mente recuerda la frase mítica: “recuerda, que ninguna mujer tiene dueño”, dicha por Eusebio Poncela en la película “Martín H”.
Insisto en mi velada y anodina explicación.

  • Son unos polvos que sirven para solidificar el aceite y retirarlo mejor de la freidora. La mía es antigua y no se separa la cubeta.

  • No. No tengo de eso.

El momento ha pasado. Al igual que la madrastra de Martín (en la película) , se da cuenta de que no puede acostarse con el hijo del hombre al que ama -por mucho que lo odie puntualmente-. Sería un error.

El perro, entendiendo terminó la conversación, se despereza y levanta del suelo en actitud ¿Nos vamos? ¿Ya has hecho bastante el ridículo hoy?

Una de hacer deporte!!

¿Buenos? días otra vez…
hace una semana, -tras cagar-, pesaba 105,6 kg.
(un kilo doscientos gramos menos que el día anterior… subidón, subidón)
Y, sin correr ni nada.
Así y todo, me planteo empezar el día con mi recién inaugurada tendencia suicida en pro del ejercicio y la vida sana.
Ayer cené con un poco más seny (que decimos los catalanes)
Sin polvorones.
Sin diclofenaco.
Sin mucho interés me calcé los espaguetis sobrantes del medio día, con la mirada absorta en cómo dormía mi mujer en el sofá (mucho más interesante que el Especial Elecciones USA que se disputaban las tv·s del país)
Tras cenar, me dediqué a revisar los casi trescientos wassaps que mi family había cruzado a lo largo de la tarde..
Y, me volví a despertar a las dos de la mañana con la meta semiconseguida (ayer eran las tres y media cuando Morfeo me devolvió a la vida..),
me fuí a dormir.
A las ocho más menos he comenzado mi andadura..
Pantalón corto, noviembre y los seis grados en la calle me devolvían a la realidad de qué tal vez empiece a comprender por qué los deportistas se depilan las piernas, oye..!!
He conseguido correr hasta el contenedor de la basura con los pelos de las piernas como escarpias.
(sin comentarios)
Ya sentía la comezón del flato (casi me ha gustado el recuerdo), cuando colocaba la bolsa de los envases en el contenedor amarillo.
Y con más pena que gloria, he comenzado a dar zancadas más o menos sincronizadas mientras tarareaba los acordes aquellos del ta tá. tatatá, tatatá ta..
ta tá. tatatá, tatatá ta.. de la tercera entrega de Rocky, la de los “eyes of the tiger” o algo así… o de cuando Sly subía por las escaleras aquellas de Philadelfia.
No se lo que habré corrido, tropezado.. pero he conseguido volver a casa (que no es poco para el primer día)
A favor:
– No me siento mal.
– Aprovecho para afeitarme tras la ducha.
– Y, no se me ocurre nada más de positivo por el momento.
En contra:
– Tengo más hambre que el perro del afilador, que se comía las chispas para pillar algo caliente.
– Correr con el lastre de la perra, ya dije ayer que era como pasear con un ladrillo. El husky, cuando me vio con el calzón corto ni se movió de la colchoneta..
– Tengo unas agujetas, que si no me echan del curre.. Tendré que pedir la cuenta.
Moral alta.
(si mi primo dijo que todos llevamos un athleta.. seguiré buscandolo en mi interior)

Sobre mis canes. Libertad?

A veces veo a mis perros con ojos distintos.
Es entonces cuando lo asocio a la mala vida que les doy.
Quién soy yo para permitirles vivir recostados la mayor parte del día en su sofá?
No serían más felices -seguramente con vida más corta- si la vivieran al trote libre por los campos?
Que puta manía, la del hombre, de amaestrar en su beneficio

Placeres voyeur.

Me encuentro sentado en la terraza de una cafetería.

Los perros a los píes.

  •  Los perros?
  • Pero.. Dejame en paz. Te digo yo cómo has de contar tú tus cosas?
  • Les engañas, pues?
  • No. Bueno, es que es irrelevante tanto detalle. Eres un purista absurdo.
  • …?

El perro a los pies. Estamos esperando mientras la perra está en la peluquería. Siempre la traigo en julio. Por el calor.

  • Porque es una guarra…
  • Eh! Es una perra de caza. Por instinto no les gusta su olor. Se revuelca para camuflarse.
  • En estiércol?
  • En lo que pilla. Hablamos de ti? Les contamos tus obsesiones?
  • No viene a cuento.
  • Seguro? Iba a contar sobre el sentirse voyeur.
  • Eres un borde.
  • Que sea la última vez que le faltas el respeto a los perros. Son tan parte de ésta familia como puedas serlo tú.

Os hablaba de cómo desde sentado en una terraza -tenemos una alpargateria a la derecha-. Podemos”disfrutar” de cómo las turistas hacen equilibrios para probarse calzado. Y, desde mi posición, el sobrevuelo de faldas al viento, permite ensoñaciones más venéreas que castas.

  • Corre. Mira. La mora esa tan tapada, casi se cae sobre la mesa.
  • Te das cuenta de que determinados comentarios pueden caer en lo xenófobo?
  • Ve a cagar. Los dos sabemos que no lo somos. Importa, -además-, la religión en esto? Te recuerdo que estás mirando bragas robadas al descuido mientras se prueban sandalias..
  • Tienes razón. Debe de ser la influencia mediática.Igual vas pidiendo la cuenta y tal..
  • Tienes prisa? No nos han llamado aún de la peluquería.
  • Ya. Pero.. vas por la tercera birra y son las once de la mañana.
  • Hemos comido!
  • Ya. Diselo al perro, que se ha inflado de pan untado en huevo. Igual te crees que no te he visto.
  • Le gusta..