Pelusa.

PELUSA

Me gusta jugar con Pelusa,

porque es mi otro lado en el espejo.

Me relamo imaginando que ella, es la sana, la humana, la coherente…

Sus desaires de gata, sus silencios, sus esperas..

La convierten en sabia, en prudente…

Curiosa pero dulce

se deja hacer,

y gana.

 

Al otro lado del espejo,

la que inexorablemente da forma, a la jaula de mi vida..

 

Se encuentra la bestia.

 

Como un huevo a una castaña.

Se acerca un/él/ese, vendedor de cupones que siempre llega tropezando…

(no hay mala leche, le conocemos, es el marido de la maña)

Le pregunto, mientras le cojo del brazo para que no rebote por cuarta vez por entre las mesas…

  •  Qué salió el viernes?
  •  Perdona… Gracias, acabó en catorce…

Y desaparece dentro del local.
Glorioso, me repito catorce, catorce. Acabó en catorc… Mientras rebusco en la cartera, asoman los números:  9 Millones de euros, el tiempo justo para bajar el souflé del hijo de puta de número que acaba en 37.

Mientras mastico otra vez la cruel realidad de cada semana, sale el susodicho arramblando con todas las sillas de la terraza.

Una vieja sale a su encuentro, lo toma del brazo y lo encauza en la dirección correcta..

Mientras , la clientela de la terraza, hace apuestas sobre si bajará el escalón de la acera de bruces, se gira (horror), y me pregunta al viento..

  • Hubo suerte?
  • Casi. casi.  -Contesto, cortés-, Por uno… Se parece…


Se aleja directo a la papelera cuando otras manos amigas le vuelven a encauzar… Mientras me quedo pensativo y maldigo:

  • Si. se parece como un huevo a una castaña.

El Secreto de la Modelo Extraviada (Eduardo Mendoza)

EL SECRETO DE LA MODELO EXTRAVIADA (Eduardo Mendoza)

Hace poco más de medio año, escuché una entrevista radiada…

(Hago incapié en “radiada”, -porque es importante para mi- resaltar que la gran cantidad de sucesos que alientan mi día a día, vienen de la mano de la radio. La tv… es “eso” que ¿entretiene? pero no culturiza, no sé si me explico?)

… Bien, en la entrevista, un tal Eduardo Mendoza (autor desconocido para mi hasta ese momento) a pesar de haber conseguido importantes premios (El Planeta), entre otros.., hacía gala de su quinta novela. Explicaba, que no se prodigaba en escribir (como hacen otros), que había escrito cinco novelas sobre el investigador anónimo, más o menos enraizadas entre ellas, geográfícamente en su/mi Barcelona natal, temática, personajes, evolución de los mismos..

Pero que tardaba entre diez y quince años en escribir cada una.

Aquello me subyugó.

Por qué un escritor -de cierto reconocimiento- no quería explotar el filón?

A mi me gusta escribir. Ojalá lo hiciera bien como para que me leyera más gente. Por qué un tipo no hace más por lo que gana pasta?

Me interesé por él. Comprendí que su biografía y obra iban más allá de escribir buenas novelas.

Lo compré.

Como tengo una hermana -devoradora de libros- a la que me tocaba regalar en el “Amigo invisible” de la próxima Navidad, y eso era un regalo recurrente… Pensé para mí que igual (pardillo de mi) me daba tiempo a leerlo antes de regalárselo.

– Pero, mira que eres roñoso!

– Calla cabrón. Creo que la idea fue de tu hemisferio.

– Esas cosas, uno las piensa sin querer. No con esa intención. No le escuches Nena. Te lo compramos con todo el cariño del mundo!

-Lo has leído, por cierto-?

– Calla. Ve a currar por ahí.

– Ve tu. Estoy escribiendo yo.

Bueno. El caso es que se quedó en el montón de los libros en espera… Llegó Navidad, como me dio mal rollo lo de la idea anterior, compré también una bufanda, preciosa. Envolví el libro con ella. Luego, un paquete mono y quedé como dios. Dos regalos en lugar de uno.

Dos meses después lo busqué en la biblioteca pública. No lo tenían. Me lo encontraron en otro pueblo. lo solicité. Lo trajeron. Comencé a leerlo. Guapo. Muy guapo. De lectura fácil y amena. El protagonista es una mezcla de paria y resolutivo personaje que de manara su-realista interviene/resuelve un crimen.

Como ando en una etapa … gandula (tengo varios libros (recomendados) empezados y atascados. He decidido devolverlo sin acabar de leerlo.

Hasta hace bien poco pensaba que las cosas que hacía merecían ser terminadas. Un libro. Un escrito. Colgar un cuadro en la pared…

A veces, la falta de ganas, la pérdida del entusiasmo inicial, me encauzaban en una somnolienta catarsis que me producía mal rollo. Desde hace unas semanas he decidido imprimir un poco de resolución a lo que sea que me proponga.

Que me aburre un libro? A tomar por culo!! Sin sentimientos de frustración.

Tal vez, en un futuro, le de otra oportunidad y lo lea.

Ya me contarás Nusky , si valió la pena?

En cualquier caso, agradecer al autor -Eduardo Mendoza- un breve diálogo de una de las páginas del libro. El mismo (el diálogo) es el que me ha permitido, no se bien bajo qué mecanismo, dar este productivo paso. Luego, -al final- os ofrezco la página que me ha hecho abrir los ojos.

Tres, dos, uno.. BOOM!!

Ayer estaba viendo un trozo de una película en tv.

(ya he comentado hasta la saciedad, que las extensas interrupciones anunciantes, me obligan a perder cualquier interés por los contenidos. Cosa que me permite ver sólo algunas partes de lo emitido)

No tenía mucha importancia. Era una reposición. La mil veces recurrente “La jungla de cristal III”, filme de acción y lucimiento del -ya hoy- acartonado Bruce Willis.

Os cuento:

Justo cuando iba a explotar la bomba de turno, una previsible explosión que daría al traste con media humanidad.. justo en el momento en que en la no tan “pequeña pantalla” de mi casa, una plana de 34″. La visión de un primer plano, donde los números descendentes del temporizador cambiaban del dos al uno, justo en ese preciso momento, el zumbido de mi teléfono móvil, dentro del bolsillo delantero del pantalón, muy muy cerca de las pelotas, se pone a sonar como un loco.

Casi me cago del susto.

Hasta mi mujer, que dormía en el sofá de al lado, ha dado un respingo y ha articulado algo parecido a:

– Joder. Qué te pasa? No puedo dormir ni un momento en esta casa!! Vete a dormir a la cama!

Tengo un dolor en el corazón

Tengo un dolor en el corazón que ojalá me curara un médico.

Cumplir años no está mal, maduras.
Lo jodido es que al madurar, puedes sentir el dolor en el corazón.
El dolor de la resignación.

Levantarte a las cinco de la mañana cada día de tu vida para proteger a los tuyos,
darte cuenta de cómo y de qué manera pierdes aptitudes, reflejos, energía..
Eres parte del tiempo,  lo cual,  te hace espectador de lo que acontece a tu alrededor..
A lo largo de estos años te das cuenta de qué has hecho de bueno o no tanto,
si censuraste conductas o alentado envidias.
Si permaneciste impasible ante las injusticias.

Te das cuenta de en que punto dejas a tus hijos para que se enfrenten al mundo. Incluso te das cuenta que valores influenciaron en ti de tus mayores y cuales otros passron inadvertidos.

En los tiempos en que vivimos,  valoramos el aprendizaje, la lealtad, la sumisión,  la incertidumbre.. con el mismo arrojo que antes lo sustituiamos por inexperiencia,  infidelidad,  exaltación o el entusiasmo de saber que el futuro ya pondría las cosas en su sitio.

No quiero extenderme mucho más..
Lo que quiero explicar es que los años vividos se encargan de ensancharnos el corazón a la vez que nos lo endurece.
En mi caso, me fuerzo a intentar no sentir desprecio por mi consuegro (perdoname yerno), más no lo consigo.
Tal como van las cosas, vd sabrá sus porqués?
Pero me gustaría poder mirarle a los ojos tan sólo un instante, para ver si tenía cojones a aguantarme la mirada.
Nosotros, los pobres, todavía podemos sentir que matariamos por nuestros hijos.

Aunque claro..También he visto hoy en tv, como los japoneses de a pie, apenas pocas horas tras el tsunami, se comportaban como auténticos jaunaks (señores, en euskera), haciendo colas para comprar alimentos.
Una verdadera lección de civismo para occidente.

Escrito el 12-junio-2012
(coincidió con el desahucio a mi hija y su pareja de su casa por parte del padre de él)