Morimos sin aviso.

Yo vivo en un núcleo de población de costa que no excede los veinte mil habitantes en invierno. Estamos , además, a escasa hora y media de la segunda gran ciudad española, motivo por el cual cuando llega el verano triplica, incluso cuadruplica, sus habitantes.

Un infierno.

Junto a mi casa, hay un polideportivo. En él, el único helipuerto de una amplia zona. En el pueblo de al lado -apenas a doce kms- está el hospital comarcal de referencia.

En invierno, apenas nos damos cuenta del paso de una ambulancia. Incluso, cuando excepcionalmente, se utiliza el helipuerto, la algarabía que se forma es comentada por los vecinos durante días.

Dicho esto..

Tumbado en la cama. Apurando los minutos antes de levantarme, durante los intempestivos horarios a los que mi trabajo me obliga, escucho:

NI-na ni-na ni-na!!

– Ahí va de nuevo otra ambulancia. -medito en voz alta-. luego callo.

Se darán cuenta, -pienso- todas estas gentes que vienen y van, con sus prisas, con la ilusión del merecido descanso, con la alegría de poder ofrecer a sus hijos unas vacaciones, que muchos no volverán? Se darán cuenta, de que, -aunque tal vez ellos estén acostumbrados al ruido de ciudad, a ese guirigay de sonidos que comprenden, entre otros, todos los que conllevan la muerte asociada a sus sirenas..-, que nosotros no lo escuchamos en nuestro día a día?

Qué duro es saber, incluso reconocer qué actitudes adopta el gentío que perderá su vida o la de algún miembro de sus familias por conducirse bajo criterios que también se traen de vacaciones..!!

Sobre el poder de la sumisión.

Recuerdo..

Paulatinamente, cada x años, el recuerdo de una escena de la película “Historia de O”, una pseudo entrega sobre el sado-maso que hizo furor en los 80´s, impulsando -a mi juicio encasillando- a la actriz Corín Cleri en ese género, vuelve a mi memoria como el fantasma de algo comprendido, asimilado.. pero completamente inaceptable para mi forma de comprender la vida.

La escena en cuestión es la que se da cuando la protagonista se encuentra con uno de sus amos/carceleros/instructores en las enseñanzas masoquistas para doblegar la voluntad de la instruida, casualmente durante un paseo. El encuentro entre ellos denota el cariño que entre esas personas se había llegado a forjar a través de la dominación y el sexo.

Ante las insinuaciones “veladas” de él, ella le dice que espere. Ha de pedir permiso a su dueño/marido.

Le llama por teléfono. Le explica. El interlocutor tan sólo le pregunta si a ella le apetece? Ella contesta que si. Él le niega y la hace volver a casa de inmediato. Ella le dice al carcelero que no puede ser y se marcha hacia casa, donde sabe de antemano que será fustigada como castigo, que aceptará voluntariamente.

Ese poder!!

Esa sumisión aprendida, aceptada. Incluso convertida en orgullo para ella.

Posiblemente una de las situaciones que estando hábilmente relatadas en el film, despierta periódicamente sentimientos dolorosos en mi cerebro.

Metas de vida.

A veces sueño con que ya he vivido bastante.

Por lo tanto, me recreo pensando en otra vida. Después. Lejos de ésta.

El miedo a nacer o a morir.. es debido al camino pendiente por recorrer?

Es por eso, que aun comprendiendo que sólo tenemos la vida que vivimos, a menudo pienso en volver a empezar. No tras ésta. No otra. Es como lo de repetir Casas del Karma. Una vez conseguida una etapa.. hay que lanzarse a por otra.

Energía para crecer.

He estado leyendo La casa de los Espíritus, de Isabel Allende, hace pocas semanas.

Clara, una de los personajes protagonistas, hace gala de unos extraños poderes paranormales a lo largo de toda su vida en la novela. En vísperas a su muerte, hace la siguiente reflexión:

– Me he dado cuenta de que el hecho de comprender cómo comunicarme con las almas del Más Allá me facilitará, luego, poder comunicarme con las del Más Acá.

Lejos de parecer una perogrullada, la frase me ha hecho reflexionar mucho estos días.

Evidentemente, hay que sentar la premisa de creer.

(Creer con mayúsculas)

Bien creer en la resurrección de los muertos. De que haya otra vida, llamémosla Cielo o Infierno, tanto da. Creer que cuando morimos, aunque dejemos el cuerpo,  éste no es más que el envoltorio de algo llamado “Alma” que permanece -o no?- en algún sitio.. Creer, ya digo, en el Más Allá.

Yo personalmente no creo en nada que no vea. Aunque hoy en día, -tomemos los ejemplos de medicina o magos, por ejemplo- incluso en lo que no vea o no entienda. (aunque esto son cosas distintas). Yo siempre me quedé con la banal y sencilla idea de que somos energía. Ya sabéis..

– La Energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma.

Con esta frase, resumo yo todas mis preguntas sobre el tema religioso.

Supongo que cada cual puede ponerle un nombre a la Energía.

Hormigas.

Me fascina ver trabajar a las hormigas en verano.

Mientras recorro campos con mis perros.

Observar las idas y venidas de hileras de hormigas portando sin descanso semillas de trigo es un pasatiempo para mi.

Me paro a cada paso -para desesperación de mis canes, que no comprenden mis retrasos y tienen que volver a buscarme una y otra vez- y me entretengo en observar a las hormigas en su ir y venir. Nada las detiene.

Me fascina comprobar -sin poder ver- cómo nunca se estorban en la entrada al hormiguero. Unas entran cargadas, otras salen de vacío, sin dilación. Nunca sufren atascos.

A veces, -cual crío mal-intencionado- les pongo trabas. Una piedrecita taponando la abertura del hormiguero. Un palo cruzado en su interminable convoy. El mínimo atasco es acometido por unas cuantas que parecen organizar rutas alternativas sin permitir descanso a las demás.

Y nosotros, con todo ese derroche de tecnologías no somos capaces de salir de vacaciones de una ciudad.