El éxtasis y la valenciana.

Hace unos años, ya hice un borrador sobre este particular capítulo de mi vida, es posible que algún@s ya hayáis leído parte de esta historia.

Mis disculpas.

 

Ojalá pudiera con este escrito hacer desaparecer el fantasma del horror que me persiguió aquella Semana Santa.

En Semana Santa, bajaban turistas del Levante español al pueblecito de costa donde tenía el bar. Supongo que la alternativa de cercanía territorial tenía mucho que ver -pocos días, mínimo trayecto-

Por aquellas fechas tenía como clientes fijos a un grupo valenciano. Estaba compuesto por media docena larga.. de personas. -Siete, eran siete. Tres parejas estables y una loca-. Me vais a perdonar lo de “loca”, pero es por reducir el contexto en una palabra amable. No demasiado ofensiva. Ya si eso, conforme vayáis conociéndome, ya le daréis más o menos fuerza a las palabras que utilizo cuando relato.

Como os digo, eran tres parejas estables con edades entre ventimás y treinta y pocos, con la familiaridad que da serlo desde críos, todos se apoyaban y cabreaban entre ellos, todos conocían los valores y puntos débiles de los demás, todos ellos y ellas, habían compartido parejas del grupo entre ellos y ellas, quien era el más ligón, el más borracho, el más pendenciero, el generoso, la tonta, el guapo.. vamos, se conocían bien. Luego estaba “ella”. Ella era zafia, patosa, mal-encarada, borde, hosca, y además bebía cerveza a una velocidad fantástica -esto último lo aporto por la parte mercantil que me tocaba-. Una verdadera valkiria, exenta de glamour, en toda regla

Como yo en esa época también tenía un pronto “borde” que utilizaba para conferir cierto aire malévolo para con el público de mi garito -un porcentaje muy alto lo era de politoxicómanos blandos, a los que había que domar- no tardé mucho en confraternizar al principio y enzarzarnos después en puyas con la susodicha criatura valenciana.

Eran cuatro días intensos. Cada Semana Santa las mismas borracheras, las mismas pugnas, los mismos desafíos. Por supuesto, la última noche nos acostamos. No recuerdo ni el antes ni el después. No recuerdo palabras amables, ni cariñosas, ni nada. Solo se que follamos. Luego se fue de vuelta a su Levante hasta el año siguiente.

Fue uno de esos malos polvos, que siempre pensamos es mejor olvidar. Que triste es cuando no quieren moverse -ojo! ellos o ellas, en esto no hay distinción, si tu pareja de un día es aburrida…-

La olvidé.

Ahora tengo que hablaros del éxtasis. Trabajo duro. Pues debo abrir el baúl de la locura y no todos los días me encuentro con ganas. Hace meses (años en realidad, como decía al principio) que tengo -entre otros- un borrador con este  escrito. Hoy me encuentro con fuerza.

El éxtasis es, lejos de referirme al enaltecimiento de un placer moral, mental, o carnal, -por ejemplo- el nombre popular de esa droga psicoactiva sintética, que es el MDMA. No haré yo aquí, ni ahora, apología sobre ninguna droga, menos de ésta -a pesar que algunas eminencias médicas de los 80´s reconocían públicamente su puntual ayuda sobre sus propiedades para hacer aflorar pensamientos y recuerdos reprimidos. No. Yo no pretendo si no hablaros de la crudeza de la misma como tal.

Aparte los discutibles placeres que puntualmente produce el MDMA, la realidad es que su uso continuado puede ocasionar muchos problemas al consumidor frecuente.

Físicamente, aporta energía, alta sensibilidad y reducción de la ansiedad al contacto físico, mayor tolerancia a la fatiga, taquicardias, arritmias, pérdida del apetito, sequedad de boca, sudoración, deshidratación, aumenta el estado de alerta, insomnio. Psicológicamente, produce ansiedad, irritabilidad, sensación de euforia, estado de placer, sensación de empatía con los demás, locuacidad. En dosis elevadas puede producir ansiedad, pánico, confusión, insomnio, náuseas, vómitos, temblores, escalofríos y deshidratación severa, pueden experimentarse problemas cardiacos o una insuficiencia renal aguda. Vamos.. una fiesta!! Cuando estas sensaciones decaen, sobreviene agotamiento, fatiga, inquietud y depresión, estados que pueden durar varios días.

A mi me daba por la depresión.

Oye!! Unas lloreras. Un arrepentimiento tras los conatos de nostalgia. Unos actos de contrición.. me asustaba de veras. Motivo por el que sin querer pero queriendo, volvía a tomar otra “rula”, y mi estado de ánimo resucitaba.

A ver, cuando durante años no has sido más que un mindundi, separado prontamente, con hijos, buscando desesperadamente trabajos con los que cumplir con pensiones y malvivir, desarraigado de amistades y regiones, desamparado en suma.. Y, de repente te metes en una etapa de tu vida en que tocas dinero, regentas un garito de copas, la gente disfruta de tu compañía!!

Y entras en un bucle donde alguien te besa en la boca y con la lengua te pasa un cuartillo de pastilla, los ojos locos ya no miran hacia ningún sitio, corría el ron, la música, el baile, el sensual movimiento de caderas ajenas, explícitas, sensuales, cadenciosas, el sudor se tornaba un vapor húmedo y denso que destilaba sexo.. Otra boca ajena, otra saliva distinta, y ahora eres tu el que comparte un trozo de rula.. has vuelto a empezar el bucle -como si circularas por una Cinta de Tornasol- Has cambiado sin entender.  Es muy difícil volver a razonar y comprender que eso era lo malo.

Durante unos años viví una realidad paralela. Mucho de lo que escribo es de esa época, creo que es el momento de lastrar unos pesos oscuros que han permanecido en algún lugar blindado de mi cerebro.

Lo dicho. Unos años de locura.

Al siguiente año volvieron los levantinos, puntuales en Semana Santa. Me pilló en el ecuador del descerebre más acuciado. Por supuesto volvió la bestia. Volvimos, sin casi saludarnos, a discutir, con una saña renovada. Con odio. Por supuesto continuó vaciando rauda las neveras, -cosa que agradecí, yo cobraba a tanto por ciento de caja, no tenía sueldo fijo-.

Pero había cambiado. Mucho. Su semblante.. parecía.. una endemoniada. Sonreía de forma maléfica, como una pepona de feria. Ya sabéis.. esas muñecas de trapo mofletudas con enaguas rayadas- Su larga melena se había tornado dos grasientas trenzas enormes y tiesas, como si de un unicornio bicéfalo se tratara. Estaba más gruesa, pero ya la recordaba así de mi pesadilla del año anterior con menos ropa..  Lo dicho:

Un horror.

Tras mucho discutir, y en un aparte, le pregunté a una de sus íntimas, si tan mal recuerdo tenía de mi? Su respuesta me petrificó. Algunos habían, ese año, apostado por ir a las fiestas de otra ciudad más al norte, pero nuestra “común” amiga había insistido mucho en volver a donde todos los años. A pesar de sus intentos por convencerla nada había surtido efecto. Ahí estaban. -exacto, pensé yo, AQUÍ están- Luego, me contó que les había explicado a todos, más o menos.. que en la Semana Santa pasada había tenido un orgasmo de órdago!! y que este año iba a repetirlo.

Aunque me crecí, -faltaría más- y me puse a discutir de nuevo con fuerzas renovadas, he de reconocer que se me quitó el colocón de golpe. Vamos, como cuando estás en un bar del Pirineo y, cuando sales a la calle a mear a doce bajo cero, se te va la borrachera ZAS. De golpe.

-Cómo iba a tener a una tipa, cuatro noches seguidas acosándome para llevarme a la cama! Vamos hombre! No me jodas!! Con toda la gente enpastillá, dándose morreos y sobándose, cruzando pastillas y babas de boca en boca, respirando la humedad del mar mezclada con el aroma salitre de decenas de sexos en llama viva! Con María al lado todo el día, amarrándome. Ya el otro día, cuando os hablé de Janis,

https://montxomon61.wordpress.com/2015/02/21/janis/

hablé de María. María fue un salvavidas sexual en una etapa de mi vida. Ella siempre quería ir a follar, ni cine, ni tv, ni comer, ni nada de nada. Solo follar, daba miedo, os lo juro. Me quería con locura, eso lo sabía. En cuanto acabábamos, se levantaba y se iba a currar -como resucitada- limpiaba apartamentos de turistas, para turistas, quiero decir. Más casas, más dinero, Me llamaba y ¿dondeestásss? Ven a casa de tal o de cual.. y allí, sobre una mesa, en la cocina, daba igual. En fin, ya tocará hablar de María un día. Lo dicho, y a la loca allí. En mitad de la fiesta, mirándome como al futuro polluelo al que hay que… bebiendo como un cosaco y envalentonándose con los vítores de su cuadrilla..

A la segunda noche caí. No recuerdo nada, bueno si, el final, luego os cuento…

El resto de la semana ¿Santa? fue un calvario. Un Real calvario, -no como de los de Semana Santa- un verdadero calvario. Toda las bromas de sus amigos versaban sobre que la traerían todos los años. Para calmarla. Un horror.

Cómo?? Que queréis saber más? No fastidiéis!!

Bueno, lo prometí antes. Ahí va.

Desperté con la cabeza sobre dos de los muchos grandes cojines que tenía en el sofá. Con la cabeza torcida e inclinada hacia adelante. Al abrir los ojos pude verme -con horror- desnudo de cintura para abajo con aquella jabata cabalgándome con saña. Sus coletas brincaban arriba y abajo con frenesí. Su cara denostaba la de una posesa de Satán, pómulos perlados en rojo sudor. Las aletas de la nariz ventilando a marchas forzadas, acumulando aire para resoplar. Los ojos mirando hacia el infinito de atrás. Su “entrepierna” muy poblada, se movía arriba  abajo convulsamente.

La visión duró un instante. Tuve la lucidez de cerrar los ojos de nuevo. Intenté pensar, sentir qué había pasado? Cómo había vuelto a caer? Y, tan pronto… Me centré en lo obvio. No sentía nada. Podía percibir mi sexo, arrugado, muerto, allá abajo. Los bajones de las droga eran terribles. Entonces? No me atreví a volver a mirar. Me hice el dormido y cuando volví a “despertar” ya no estaba. Ahora volver a leer el párrafo donde sus amigos brindaban por mi. Qué les contaría?

Un horror!!

EL SUSTO

Esta historieta la escribí al poco de comenzar en WordPress, entonces no me enteraba mucho de cómo subir fotos y no lo hice, el relato creo que mejora con su foto correspondiente. Ahí lo dejo..

Os voy a contar una cosa que me ocurrió un sábado del invierno de 2014. -Es una situación que a toro pasado da mucha risa-, pero que en aquel momento casi me cago del susto!!

Os cuento..
Los sábados, con el horario nuevo, entro a las cinco de la mañana, como me llevo los perros, voy andando, tengo unos cinco km, salgo entre una hora, hora y media antes..no siempre tardo lo mismo. Depende de las ganas que tengan de caminar, los árboles que huelan, lo que meen, esas cosas que hacen los canes..

Total, que generalmente salgo a las tres y poco de la mañana.
El camino hacia la fabrica, justo hasta mitad del mismo, es todo cuesta arriba. Hasta que salgo del pueblo más o menos. Luego, conforme voy atravesando campos, es cuesta abajo.
Ojo, no es una ascensión,  pero..es ese punto, en el que se va forzando un poco el paso todo el rato. A mi, con la artrosis de rodilla, me cuesta más caminar hacia arriba, que en plano o cuesta abajo.
Yo siempre voy con los cascos de la radio puestos. No de esos que van dentro del oido que me hacen daño, no. Yo llevo unos cacofónicos bien grandes. De propaganda de la Heineken. -Mientras re-escribo este post, los recuerdo con nostalgia, que bien sonaban-. Todos ellos de color verde y rojas las estrellas de la marca. Como un disc-jockey urbano.
(y a quien no le gusten, que no mire)

Pues imaginaos la situación:
La noche cerrada.
Sin luna.
El arf, arf, arf, arf…de ir tironeando de los perros..
Los cascos sonando a todo guiñapo para concentrarme en mi mundo..
Cabizbajo, mirando todo el rato al suelo..
No vaya a ser que pise alguna hierba mojada, me resbale y me esmorroñe por ahi..

No se si os pasa a vosotros..pero cuando vas solo, a oscuras, con la mente perdida y concentrado, a veces oigo algo parecido a voces..o creo que alguien saluda..o alguien me mira. -Puede también que sea la psicosis perceptiva que nos acompaña a los vigilantes de noche-.

Como a esas horas, rara vez me topo con nadie, y además llevo los perros, que dan seguridad y avisan, voy concentrado en mirar lo que piso, y a tajo, para que los chuchos no se paren.
Lo demás no existe.

Y de repente, sabeis esa sensación de que hay alguien alrededor…  levanto la cabeza..

Y me encuentro con esto..

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Una furgoneta, aparcada al final de la cuesta. Donde se acaban las casas..

El gracioso del dueño le ha puesto al sillón del copiloto una chaqueta tipo militar, chaleco reflectante y esa máscara al reposa cabezas..

Mira… al levantar los ojos del suelo, di un respingo, que los cacofónicos salieron volando..sólo sujetos por el cable… dando vueltas alrededor mio..
Hasta las gafas, generalmente sujetas con una goma de esas al cogote.. se me movieron.

Los perros se pusieron a ladrar.. nerviosos, porque miraban alrededor y tras no percibir ningún peligro, me miraban con esa cara de tontos que ponen los perros cuando no entienden nada..
Me entró la risa.. una risa floja y nerviosa, una vez pasado el susto inicial. Los perros percibieron el cambio de ánimo y se pusieron a jugar, correr, morderse.., esas cosas que hacen los chuchos, vamos.
(todo sobre las cuatro de la mañana. .)

En fin, que susto el hijo puta.

Llega un día en el que…

Llega un día en el que sin darte cuenta, empiezas a tener un rinconcito por casa, donde se acumulan diversos tipos de tamaños,  formas y colores, de pastillas.

Esos mismos rincones de casa ajena, de los que uno se burlaba no hace tantos años.

Y.. no se sabe por qué enajenación mental o falta de visión de futuro,  pensábamos que nunca pasaríamos por ello.

Es como cuando abres un armario lleno de trastos y piensas:

– Horror..!! Recuerdo que mis tíos tenian uno igual.

Es entonces cuando caes en la cuenta de que aquella frase que dijo el abuelo, tan divertida que te ha parecido durante toda tu vida, comienza a coger forma.
Se sedimenta un poco más entre los estrechos márgenes que el colesterol a ido formando por dentro de las venas.

Debía de ser al final de Semana Santa de 1985. Camino de la estación de San Vicente de Calders (Tarragona), acompañábamos a los abuelos al tren que los llevaría de vuelta a Zaragoza. Mi madre, su madre y su padre detrás. Mi padre al volante y yo con mis patas largas, a su lado.

Mi padre, tan torpe como de costumbre a la hora de parir chistes, se había descolgado con un:

– Bueno abuelo, ya estamos en la estación. Las vacaciones han tocado a su fin. (como si a mi abuelo le pudiera importar un espacio de tiempo tras veinte años jubilado yá)

Y, de repente ocurrió. Mi abuelo rompió a reir como si Charly Rivel hubiera sido quien le hubiera hablado en aquella ocasión.
Sus carcajadas sueltas, sus mofletes sabios en esta virtud, temblando sin cesar.. su mujer, mi abuela, mirandoselo como antaño. Con el verbo fácil preparado por la costumbre para el calificativo despectivo cariñoso,

– De qué te ríes melón? Será posible! Este hombre cada vez está más pallá..

Y mi abuelo, mi padrino nacido en 1902 venga a reir..
– Jajajajajajajajajaja… Jajajajajajajajajaja…Jajajajajajajajajaja!!

Por fin, cuando ya las lágrimas que no de llanto apuntaban dolor de tripas, mi padre, tosco como de costumbre acertó a preguntar:

– Joder, Pepe. Se puede saber de qué te ries?

Y mi abuelo, entre hipos y mocos, lágrimas y toses.. acertó a contestar..

– Pues que estaba pensando, que ahora el abuelo soy yo, pero cuando vuelva en verano, el abuelo serás tu.

Tanto mi madre como un servidor reimos la infantil ocurrencia mientras mi abuela negaba con la cabeza sin haber llegado a comprender.

Mi padre, volante en mano, cerró el pico. De todos los sermones que me ofertó sobre mi acelerada proxima paternidad, aquel jarro de agua fría lo dejó helado.
Creo que por más partidos de tenis que continuó jugando, aquel día las rodillas comenzaron a dolerle sin más.
Un nuevo peso no planificado revoloteó con furia sobre sus hombros.
En tres meses, tal vez cuatro, el abuelo sería él.

Macarrones con tomate.

Macarrones. Con tomate.

Como mientras miro el Facebook.

Un macarrón cae al suelo.
(mis perros dan un brinco desde su sofá)

Con la velocidad del rayo, me agacho y lo recojo.
(mis perros, sorprendidos, me obsequian con una mirada de respeto, admiración y odio)

En el monitor aprecio mi semblante risueño, divertido y con el flequillo rojo.
(mis perros sonríen enseñando sus colmillos)

Que indignación.
(lo saben, seguro)

Blues de la escalera.

BLUES DE LA ESCALERA.

– Hace una hora el interfono ha sonado.
(parapapapá)
– Los perros, como locos, han saltado
de su sofá,
– tan sociables como siempreee
(paparapapá)

– Una amable señora
por una vecina preguntó
(paparapapá)
– La no tan amable vecina
que hace mes y medio.. falleció
(parapapapá)

– Y, como le digo..?
Señora, la señora que busca? no hace mucho nos dejó.
(parapapapá)

Un inciso: toda esta conversación transcurría en catalán. Mi catalán, no siendo mi lengua madre, es como todo lo que hago… bienintencionado. Tanto.. que no recordaba la traducción en ese momento para la palabra “fallecida”? Mientras pensaba.. el largo y espeso silencio que separa los cinco pisos de hilo telefónico se iba alargando… hasta el punto de olvidar que igual, mientras pensaba la traducción, se me moría otra vieja de la impresión. De repente, como de ultratumba surge una vocecilla desde el auricular, que me pide subir? Por supuesto le digo que si, que soy el vecino de la puerta de enfrente a la muerta. Mis sociables cuadrúpedos se ponen a ladrar, nerviosos, mientras corro por la casa buscando unos pantalones y una camiseta limpia (la anterior estaba chorreada del desayuno con krispies). Cuando salgo, me había dejado la puerta abierta, me encuentro a kas, mi perro, confraternizan con una muy arrugada señora (debe de ser verdad el dicho de que con la edad “o te amojamas o te ajamonas”, de edad indeterminada.. más cercana a ser una hermana mayor de la difunta vecina. Fin del inciso.

– Una vieja en mi puertaaaa
(parapapápa)
una tarjeta me dio.
– Para la hija de la muertaaa,
por si acaso,
la veía yo.
(parapapapá, parapapapá…)

COROS
Una vieja a mi puerta ha llamadooooo
(parapapapá)

– Cuando consigo incrédulo, articular palabraaaa
La tarjeta reza: inmobiliaria tal tal.

COROS
Una vieja a tu puerta ha llamadooo
(en racha estás)

En fin, que la amojamá venia a buscar a la ajamoná para decirle que unos clientes franceses su casa querían comprar.