Recordando a Javier.

Javier cayó el primero.
Era el más débil.. Su hermana se comió el marrón, dudo se haya recuperado.
Murió de SIDA, (primeros tiempos). nadie comprendía..
Nadie sabía..
Fue una bomba.
Los que no se pinchaban, nunca más lo harían.
Ni lo contarían…
Años terribles, puertas con cadenas, dormir con el monedero agarrado, comisarías, denuncias…
“…desde que llevo tricornio..
no se,
me siento poderoso.”
Debió de ser muy duro Javier.
(y nosotros “tus amigos” solo reíamos cuando contabas cómo salías del cuartelillo, sin que tu padre te viera..)
Sólo tu hermana (ya no tu) recordaréis sus palizas.
A tu hermana la vi en 2010.
Mi primera novia.

Miseria en las calles.

Ahora que ya parece que la economía se mueve (un poco al menos), recuerdo una conversación que mantuve con mi esposa, ahora hace ya tres o cuatro años, cuando el principio de La Crisis.

La Crisis. Terribles palabras que ya denotan por si solas toda una etapa. Por eso las escribo -ambas palabras-, con mayúsculas.

  • MISERIA EN LAS CALLES.

(un breve, aunque agrio, ejemplo sobre una conversación con mi esposa)

 

La mujer volvía a quejarse,  su jefe le había vuelto a ponerle inventario de noche -ella tenía turno de mañanas-.
– Cómo es posible, que si el sábado salgo de trabajar a las 14h. hasta el lunes, tenga que ir el mismo sábado a las 21:30h. para hacer inventario? -Se lamentaba al marido!!-.
El marido, la contempla.. “distraído”.
– Todos los finales de mes son iguales, siempre te toca a ti ir a inventariar? Tu jefa no se da cuenta..? No es posible que el inventario lo haga la que salga del turno de tarde? -añade-.
La mujer renegaba un mes tras otro.
– He de ir a hablar con el encargado.. Estoy harta. Me faltan horas.. He de hablar con Recursos Humanos..
El marido, -divertido-, continuaba observándola.
– Si quieres voy yo.. le invito a un café y le pregunto: ¿Cómo “organizas” un fin de semana si cada fin de mes me haces la misma historia?
La mujer reía (sin ganas), la ocurrencia, mientras le decía:
– Calla, calla. Hoy he ido a hablar con él. Me lo encontré en el pasillo de perfumería. Sostenía entre las manos un cartón vacío. Le hablaba a un señor mayor -un viejito, que hubiéramos dicho en otras circunstancias-. El encargado, con su traje bien planchado, la corbata con el logotipo de la empresa bordado, los ojos serios, la mirada baja.. le decía:
– Por favor, entrégueme la colonia y váyase. No comprende que si no me la da, tengo que llamar a la policía. ?
La mujer, avergonzada, giraba por otro pasillo.
– (Mañana le reclamaré mis horas), total, yo si tengo trabajo.
El viejito serio, mudo, cabizbajo.. -seguro recordaba mejores tiempos, plenitud, energía, guerra civil, nietos..- En silencio lloraba.
El marido ya no ríe las injusticias para con su mujer..

(el marido sólo deja constancia escrita de estos tiempos de miseria en las calles)
– Y más que vendrían, (pienso en voz alta)

Violado. (reflexión)

Ante todo, mis respetos y comprensión hacia cualquier persona que, -con independencia de su género-, haya sufrido cualquier tipo de violencia, abuso y/o violación. Este escrito no lleva la dirección que apunta el título.

En alguna ocasión ya he comentado que me dedico a la seguridad. Soy el guarda de una empresa. No diré más. Ya se entienden las responsabilidades.

La semana pasada (el fin de semana pasado), sufrimos una intrusión. No me pilló. Estaba en casa. Me avisaron, pasada la una de la madrugada, a través de la Empresa de Central de Alarmas. Generalmente, cuando se me avisa, acudo primero a echar un vistazo, ante la posibilidad de falsas alarmas. Son más frecuentes de lo que cabe suponer. Puertas que se abren o se desajustan  por el fuerte viento de Tramontana, picos o caídas de energía eléctrica que producen avisos en las centralitas, retenciones de humos en sala de calderas, obstrucción en hornos, y un largo etc, de posibles errores que se suceden en fábricas, que como la nuestra, sufren el paso de los años sin una puesta a punto tan exhaustiva como debieran.

En esta ocasión iba en serio. Habían saltado varios detectores y volumétricos de intrusión. Ante la sorpresa y mientras intentaba quitarme las legañas, escuchaba cómo se me apremiaba para que acudiera con la brevedad que los acontecimientos requerían. El protocolo de actuación en éstos casos, obliga a la Central de Alarmas a avisar a las Fuerzas Vivas del Estado (dependiendo de la Comunidad en que se encuentren), para que se personen. Mientras me subía los pantalones y cordaba las botas, escuchaba en la lejanía del teléfono palpitando sobre la mesa, los consabidos mensajes -mil veces repetidos, asumidos y recordados-, sobre lo de:

  • No entre en las dependencias hasta que la policía le flanquee el paso.

“… como que se van a poner delante mientras voy abriendo puertas cerradas con llave…”

  • Reniego para mis adentros, mientras me despido con un beso en la frente de mi mujer (intentando no despertarla, aunque sé que bajo la sábana tiene los oídos y los ojos abiertos como platos, como cada vez que suena el maldito teléfono de guardia)
  • Ten cuidado…

Escucho desde la puerta mientras me despido de mi perro con un:

  • Cuida la casa. Cúidalas. A la gata, a la perra y sobre todo a la mamá.
  • Mhhhnnnngrrrr….

Parece contestar, mientras vuelve a tumbarse tras la puerta de entrada, en innato gesto.

En el ascensor, como cada vez que ocurren estas cuitas, me miro en el espejo -tal vez intentando recordar cada arruga por si vuelvo con la cara desfigurada como antaño, cuando hacía conciertos-.

  • Eso no ocurrirá.

Me repito mentalmente varias veces mientras, a lomos de la moto, cruzo la ciudad de noche. El viento en la cara, (llevo la visera del casco abierta pues todavía permanece empañada), contrasta con la humedad reinante de la noche más corta del año. Desde la autovía, aun puedo intuir el fulgor de los rescoldos que las hogueras de San Juan han dejado por ahí.

Cuando llego, los Mossos de Escuadra (nuestra policía autonómica), ya están en la puerta. Esta vez de paisano. El coche blanco “camuflado”, está aparcado tras el almacén de bebidas. Tras las mútuas identificaciones, y permitirles acceso al recinto, procedemos a acometer el edificio de oficinas. La alarma acústica sigue molestando mientras las visuales emiten destellos intermitentes iluminando los almacenes y el edificio de producción. Uno de ellos comenta:

  • Si que es grande ésto. Nunca había entrado…

Yo suspiro, tardaremos tres horas, mínimo, en comprobar todas las dependencias. Si todo va bien y, de nuevo, ha sido una falsa alarma, con suerte volveré a estar en la cama no antes de las seis. Otra noche perdida. Mierda.

Tras desarmar alarma y sirenas y al revisar las cámaras, comprobamos cómo unas siluetas han estado en el mismo sitio desde dónde hacemos las comprobaciones, apenas media hora antes.

Cambio de protocolo. Ellos avisan a su Central. Piden se presente su “CSI”. Yo me pongo en contacto con los responsables de mi empresa. Las dos de la mañana. Ya no salimos de aquí. Mierda. Otra vez mierda…


Y, hasta aquí lo que puedo explicar.

  • Ahora, sobre lo que realmente quiero reflexionar.

No podéis imaginar la sensación de impotencia que se sufre cuando uno ve con sus propios ojos como el espacio que cada cual considera como “suyo propio” ha sido violado, ultrajado por unos estraños. No es lo mismo, pienso, cuando te cuentan que hubo un robo, se llevaron tal o cual cosa, produjeron destrozos, etc, que verlo en directo. Observar las dos, tres sombras que se movían frente a mi escritorio. Se sentaban en el sillón desde el que -ahora mismo-, escribo estas letras, qué pensaban en aquellos momentos?

No soy un ingenuo, tampoco he sido un santo. Antes que cura, hice mucho de monaguillo. Se lo que es vivir en la calle y, aprovecharme de las flaquezas del sistema.

Sin embargo, durante estos días de reflexión, lo que peor me hace sentir, es el recuerdo de las camas ajenas que conquisté. Pensar en esos cuerpos cálidos que se acostaron en los lechos que yo profané con sus novias o esposas. Esa inopia que permite seguir siendo ¿feliz? mientras careces de pruebas que confirmen lo contrario. Es una sensación muy rara.

Por otra parte, nunca pensé en el detalle de haber sufrido lo mismo. Esto es… Nunca pensé en cómo me hubiera afectado si hubiera visto con mis propios ojos a los individuos, con los que alguna de mis anteriores parejas, -sin duda-, culminaron entresijos sexuales en mi cama.


 

Jajaja!! me han robado el pan. (escrito hace un año)

ME HAN ROBADO EL PAN

Salgo del Super. En la bolsa llevo una barra de pan y dos blisters de briks.
(para ser sincero, he de sostener la barra de pan por la punta para que no se salga por su longitud frente al peso que imponen los zumos)
Cojo los perros, previamente atados a la farola de turno. Olisquean la compra y los aparto.
(Prueba inequivoca de que aunque solté la bolsa un instante para desatarlos, ésta permanecía entre mis piernas)
Abro la puerta del portal, franqueando la salida a una vecina (esa a la que pillaron robando hace unos meses en el Super.. pienso para mi),entro. Entramos..

Pulso el interruptor de llamada al ascensor. He de esperar.
(mentalmente deduzco que si la vieja acaba de salir…)
Pulso el interruptor de llamada del ascensor pequeño. Exacto, se abre.
Entramos, pulsamos y tras cerrarse la puerta y comenzar a subir, una bofetada de sudor me golpea sin miramientos provocandome la arcada..
(Dios -en el que no creo- me ha castigado por malpensar de ella)
Rudo, aguanto la respiración mientras la vocecilla del Pepito Grillo empuja a cambiar de ascensor entre el segundo y el tercero..no le hago caso.
Menuda zorra!! Podía robar desodorantes..
Aturdido por mi mala conducta consigo entrar en casa. Los cascos en los oídos repiten sin parar lo de los 299 votos en pro de lo de Felipito el Breve.
Desato a las fieras que galopan hacia el bol de agua, ya os he dicho el calor que hace?
Paso a la cocina, descargo los zumos y pienso:
– Donde coño está la barra de pan?
Cojo las llaves, salgo al descansillo, me asomo al ascensor pequeño..sin entrar. No está. Llamo al otro, miro, me subo, bajo y miro por el portal. Ni rastro de mi barra de pan. Camino hasta el Super.
Solicito, le pregunto a Angie..
– Hola cariño, me he dejado algo?
– No. Algo como qué?
– La barra de pan.
(Mientras, Pepito Grillo repite sin cesar.. – Ya te he dicho que la sacaste. La olisquearon los perros. No lo recuerdas?)
Cabreado con mi dolor de cabeza vuelvo a casa.
Vuelvo a mirar en los dos ascensores. Subo en el grande. Cualquiera repite la experienza de la ladrona!!?

Y aquí estoy, escribiendo. Como un gilipollas.
Sin pan.

Pues empieza bien el reinado de Felipe VI.
Que vida más perra.

Robos extraños

Robos extraños es un compendio de extravagantes relatos que han ido apareciendo durante esta semana.

Vamos por el principio.

El otro día, escuché por radio una noticia ya de por si pintoresca. En Alemania, en la construcción de un nuevo edificio para un Centro de Inteligencia o algo así, había acontecido una inundación que había llevado al traste muchas de sus instalaciones. Esto, lejos de ser un hecho producido por algún fenómeno de la naturaleza, improbable de prevenir, resaltaba sobre otras noticias por que, por lo visto, a las plantas superiores les habían robado las griferías. -Casi parecía el típico robo perpetrado por alguna etnia gitana de la España de mediados del siglo pasado- Y, no se habían dado cuenta hasta que, demasiado tarde, al enchufar el agua al edificio en construcción, se habían dado cuenta de que faltaban las mencionadas griferías de los pisos superiores.

Personalmente, lo primero que se me ocurre es pensar, no ya en los grifos robados, sino en la falta de vigilancia preventiva para acceder a dicho inmueble. Qué hubiera ocurrido si en lugar de un robo de chatarra se hubieran dedicado a poner micros? Y.. precisamente en Alemania. Donde todo es tan cuadriculado!!

No le di mucha más importancia al asunto, pero, me fui con la idea de aprovechar la noticia para que me sirviera de excusa en mi particular grupo de escritura creativa del que ya os he hablado alguna vez. Recordáis lo de https://montxomon61.wordpress.com/2015/03/06/imaginacion/ Les pondría deberes.

Lo dicho. Tendréis que realizar un post donde el tema principal fuese un robo. -tampoco les induje a que relataran un robo verídico, simplemente les acucié a que se dejaran llevar.

El resultado me ha tenido atado a la cama durante varios días de tanto reir.

No los publicaré todos.. pero os dejo algunas ideas de lo que la imaginación ha despertado.

Robo 1.

Señora mayor que permaneciendo sola en su casa decide aplicarse una mascarilla rejuvenecedora. Al rato de estar atareada en el baño de su casa, escucha un ruido y, armándose de valor decide salir del cuarto para ver qué ocurre. Al llegar al comedor, se topa con un ladrón con el rostro cubierto con una media. Con el susto, se pone a gritar. El sujeto de la media en la cara al ver que se abre una puerta y aparece una abuela con la cara completamente embadurnada de una crema verde pepino se asusta y también se pone a gritar. Resultado: Le da un infarto y cae muerto al instante. Robo frustrado.

Robo 2.

En unos grandes almacenes. Una pareja de novios veinteañeros, para celebrar el aniversario la lleva de compras. El le compra unos zapatos. Al rato, a la chica le da un apretón, buscan los lavabos de las tiendas, la chica se mete a lo suyo mientras el novio permanece fuera esperándola. Mientras, aprovecha la espera para ir también a evacuar.. de repente, a mitad de meada, oye los gritos de su novia. Acaba todo lo rápido que puede y cuando sale al hall, tropieza con un individuo que sale corriendo de los lavabos de mujeres. Sin prestarle atención entra a para ver cómo está su novia. Se la encuentra gritando pero ilesa, motivo por el cual decide salir detrás del hombre con el que tropezó anteriormente. Detrás de él, sale su chica corriendo y gritando para decirle que da igual. Que lo deje irse.

Pasado el susto y la sorpresa inicial, la chica se pone a reir a carcajadas. Resulta que cuando entró en los servicios observó un cartel junto al wc, donde explicaba que éstos se encontraban fuera de servicio, pero que era tanta la urgencia que decidió utilizar la caja de cartón de los zapatos como improvisado recipiente para después, desecharlo de manera discreta. Mientras realizaba su posterior aseo íntimo un ladrón le había sustraído, por debajo de la puerta, su regalo.

Robo 3.

Otra anciana que sale de su casa, con el bolso fuertemente agarrado bajo el brazo. Al rato sale un ladrón, tironea del bolso y consigue arrancárselo. Con el tira y afloja la anciana cae al suelo y se desvanece. Bullicio, transeúntes, policía, ambulancia, etc..

Al final la mujer explica mientras hacía el atestado con los policías, entre hipos y sollozos,que se le había muerto el gato, lo había metido en un bolso viejo y lo llevaba al contenedor de la basura para tirarlo todo junto en improvisada mortaja.

Robo 4.

Un conductor se va de fiesta a los San Fermines. Sale de Madrid hacia Pamplona. Va tan contento que hasta para a un autoestopista, al rato, los para una patrulla de policía de tráfico. Multa por exceso de velocidad.

– JODER!!

-Se lamenta el conductor, pues le ha arruinado el fin de semana-

Mientras, el acompañante le dice que no se preocupe, que va a pasárselo bien y que no es necesario quejarse por tan mala suerte. Sin embargo, nuestro protagonista ha perdido el interés por el viaje y sigue quejándose. Tanta es la pena que muestra que al final el acompañante le confiesa que él es un carterista profesional que se dirige a los San Fermines a “trabajar” y para demostrárselo, se saca de un bolsillo el cuaderno con la matriz de las multas que los policías habían hecho ese día. Y le explica que mientras él gimoteaba con lo de no me multen, él se había dedicado a quitarles de sus alforjas a los motoristas su preciado tesoro. La aventura acababa cuando el susodicho se alejaba raudo del círculo de acción del carterista cada vez que lo veía por las calles  de Pamplona.

En fin.. hay más ejemplos, pero me los guardo para otra ocasión.