Quiebros!!

Es curioso cómo las mismas cosas que odiabas de una persona, te hacen sentirte -cada vez-, más enamorado de otra (s). Tal vez sea porque aquellas “cosas” que odiabas, tan sólo eran la excusa para que la otra persona dejara de gustarte.

También he trabajado durante años la idea.

Recuerdo relaciones, en las que una vez finalizada la magia, al llegar a casa, cualquier detalle era motivo para actuar con un:

  • Pues yo pienso lo contrario.

Y, acto seguido, montarla, para descansar aunque fueran unas horas o unos días con “los morros”.

Madurar lo suficiente como para darse cuenta de lo ruin de la situación era ardua tarea.

Salir del bache…

Hasta darte cuenta del daño ocasionado entre ambos, sin optar a reconciliación o separación definitiva, meciéndote en el oleaje tibio de la calma chicha del no compromiso.

… Una hazaña.

Lola.

Lola (Comentando a Valeria…)

A veces, los recuerdos -insanos o no- aparecen sin más.

  • Insanos?
  • Vaa… No asomes, precisamente hoy, con el calor que hace, no estabas pintando?
  • Por qué insanos?
  • Ya sabes por qué. Y a ésta gente que nos lee -ese dato- no les interesa.
  • Tu crees? Fue tu hemisferio el que se encoñó con Lola. Cuando fuimos a su casa, fue para colocar aquellos enlucidos de madera para proteger de la humedad.
  • Vivía en un bajo.
  • Ya se que vivía en un bajo. Lola estaba loca, como una cabra. Aun recuerdo aquella noche de la lluvia de estrellas que casi acaba en lluvia dorada. Se meo encima. Mientras estaba sentada en un sillón de una terraza. Que guarra!!
  • No se meo. Se c… descubrimos con ella el punto G. Tu le hablabas de arreglarle los bajos (de su casa) a su subconsciente. Yo hablaba con ella. Bajo la mesa nuestras manos jugaban. Fue algo incómodo (para que no nos vieran).
  • Que te crees tu eso. Da gracias que era de noche..
  • …!
  • Siempre nos han atraído las descerebradas, recuerdas?
  • Claro. Así nos fue durante tanto tiempo.
  • Lola fue especial. Fue la primera, la que nos sacó del tedio del matrimonio con..
  • Chist!! Los nombres chitón. O te encierro.
  • No te atreverás! La última vez ya sabes que estuvimos sin hablarnos un mes.
  • (que descanso)
  • Eh!! Que te he oído. Estoy en tu cabeza. Lo recuerdas?
  • Pues claro…No te dará una apoplejía un día, no…
  • …!!
  • Un ictus? Cortito?
  • Eres un imbécil. Me voy. Voy a seguir pintando. Me hubiese gustado ofrecer mi visión de la relación con Lola. Después de todo YO soy el artista, tu sólo eres el sieso que escribe… Qué ibas a escribir si no? De qué experiencias contarías? Ya me llamarás, ya.
  • Si. Para comer. Recuerda que un artista es un payaso. (también)
  • Imbécil…

(¡¡Portazo!!)

En fin, perdonad -una vez más- el inciso. Estaba en que tras comentar en el Blog http://loslabiosdevaleria.wordpress.com/ ha surgido un fantasma del pasado.

  • Otro. Otro fantasma!!
  • Te juro que un día….

Tras comentar -repito-, he sentido la necesidad de recordar el episodio con Lola.

Una vez, salí con una pintora, (eso decía ella) pusimos una gran sábana a modo de improvisado lienzo, sobre un sofá. Para protegerlo del polvo.

  • Qué polvo? Quién es el fantasma ahora? Eh!!
  • El de la sierra. Fuimos a lo de las maderas. Ves como no pillas?

Le gustaban los colores morados, pintar atardeceres.
Disfruté al principio, -para qué negarlo, por la novedad- perfilando con un pincel las aureolas de sus pechos. Ella hizo lo propio conmigo. La pericia de mis trazos degeneró bastante.
Las risas, los besos, los escarceos íntimos, las mezclas de óleos y acrílicos, la técnica de empastar…
Nos reímos mucho. Menos después, a la hora de lavarse.

No la volví a ver durante años.
Dos décadas después, tras una breve visita a su ciudad -fui a un entierro acompañado de mi hermana pequeña-, nos cruzamos por la calle. Ella iba con marido. Dos niños pequeños.
Saludos, efusivas muestras de cariño, ¿De nostalgia? Nos invitaron a su casa. A tomar café, charlar. Una visita cordial.

Entrando en la casa. Pasillo al fondo. Cuando crucé el comedor y vi la gran sábana extendida en una pared, el corazón me dio un vuelco.
Vi las huellas de los excesos de hace años sobre una pared.
Instintivamente bajé la mirada al suelo, saludé a los niños y cuando la volví a levantar, el tal Javier le preguntaba a mi hermana si le gustaba el cuadro.

Lola, -la amiga pintora-, me lanzó un imperceptible guiño que no pasó desapercibido por mi hermana, que después, ya en la calle, me increpó:

– Ésta tía te ha guiñado un ojo con su marido al lado? Anda.. Vamos, que estamos de entierro!!

Días de introspección.

  • Hace días que te veo algo perdido, hermano.
  • Pues mira.. como ando algo ¿introspectivo? Se me ocurría pensar que tal vez quizá me gustaría vivir en un convento. -Eso sí, si no hubiera que creer en un Dios-. Lo del sexo (no practicarlo) también me supone un problema. Yo, (mi hemisferio) es que acostumbro a ser consecuente conmigo mismo.    (una práctica no precisamente muy extendida) En eso pensaba…

Estaba visionando un capítulo de PAN-AM

Simultáneamente a éstas lineas..

Ando contestando sobre diversas cuestiones, ora fruslerías sobre Marlboro y su nueva linea de producto (con yerba) vendible,.

Por fin..

… en algunos Estados Americanos, ora sobre una “adivinanza” pseudo matemática (de esas que últimamente abundan en Facebook), supongo que es una forma de mediatizar hacia la cultura..-.

En fin.
No me pondré muy borde..

Lo que me lleva a ésta reflexión es:
Estaba viendo una Serie.
De estas de tv de última generación.
Conforme avanzaban capítulos, la nostalgia me catapultó a “conversar”.
(fruto de ello son las citadas tertulias anteriormente citadas)

En un momento dado, un antigüo actor (secundario de leyenda), que actuaba en la actual Serie.
Coño!! Parecía haber resucitado del olvido de Hollywood.
(como nuestro Rigoli, cuando lo re-descubrió Segura para un cameo en Torrente)
Y.. claro, le da un infarto en un avión.

Efecto nostalgia (no te enfades Juan).

No he acabado de ver el capítulo.
He perdido el interés.
Si se salva…? La Serie será una mierda.
Si no se salva..? La paradoja sobre los tiempos vivídos hará mella ahondando en la nostalgia.

Cuántas vidas podemos vivir?

____

El final (del capítulo), menos dramático (a pesar de que el susodicho muere) -lo siento.. Juan*-.
Algo melodramático -ha conseguido arrancarme alguna lágrima-.(qué buenos son éstos putos guionístas norte-americanos para dejarnos con el moco colgando…)
Ahora, sólo… -tan sólo- me queda reflexionar..

– Rapidito!!
– También estás tú en ésto?
– Ya ves.. Tenemos que publicarlo.

 

  • JUAN, es un amigo al que hace años le dio un infarto (yo no tuve esa suerte aun).
  • Él era el “que ponía la música” en mi bar.

 

Una más sobre entierros…

Hace un par de días ha fallecido Juan. (86) Metástasis…

Juan es, -era- el abuelo materno de mi hija.

Con diferencia, Juan fue su familiar predilecto. También el mío. Aunque como me separé de su hija cundo la mía contaba ocho años (ahora ya es treintañera),lo de la empatía por los sentimientos me queda ya lejana.

(he de volver sobre esto de los muertos y enterrados, no lo hice -aun- con el mío, tengo pendiente también el de, “también Juan” -el padre de mi esposa actual-, y me parece injusto hablar sobre unos, sin el debido respeto sobre cierta cronología…)

Aun así. Quiero dejar constancia sobre este episodio en particular.

Mi hija, firme a sus ideologías, bregada de sus propias convicciones…

(me deja fuera de lugar ahora que yo ya me he aburguesado -la edad, que no perdona-.)

… respecto de lo de mantener los ideales y las posturas con respecto de las creencias -o la carencia de las mismas-, no ha entrado a la iglesia. Me lo ha explicado vía Whatssap. Yo no he asistido. Dos provincias y un trabajo me lo impiden.
– Y los perros!!

– No te metas en esto. Por favor. Si. Y los perros.. todos los que poseemos mascotas sabemos sobre la incomodidad que promueven para la “vida social”, pero ahora eso es irrelevante..

– Vale.. vale.

La verdad es que no pintaba nada allí.

El entierro de mi primer suegro!!

Ex-suegro? Qué más da.. lo cierto es que salvo en unas esporádicas cuatro o siete fotos no volví a verle nunca más.
Estaba. Si. Juan siempre estuvo ahí. Padre, madre, tío, tía, abuelo, amigo y compañero de mi hija. Un lazo difícil de deshacer (ni intención de hacerlo). Un lazo sólido. Aportó (le aportó) unos consolidados valores que todavía eran quimeras en mi interior. Cuánta envidia sana le he profesado a ese hombre..

Esta mañana mi hija me ha llamado. He entendido que debía de ser, ese, el momento elegido para poder comentar conmigo a espaldas de su madre. Hay cicatrices que siempre permanecen enquistadas.. me contaba entre hipadas risas histéricas y frustrados lloros (hasta me he asustado por el cariz que la conversación iba tomando. Las emanaciones de la tensión que producen los sentimientos a veces conducen a males mayores… luego, poco a poco, se ha ido tranquilizando), de cómo desde su posición – a las puertas del templo- ha asistido a la incongruencia de los tiempos.

El coche fúnebre ha llegado tarde. El tráfico. Estamos en Carnaval. El estacionamiento del mismo se ha convertido en un periplo dado que la estrecha calle entre la Iglesia y el Mercado Municipal no permitía demasiadas maniobras un sábado al medio día. Cuando las torpes zarpas del pobre chófer iban a dar al traste con un olivo cercano, mi hija a intervenido en socorridas indicaciones.

Dentro, la ignorancia sobre los acontecimientos exteriores, -imagino- transformaba la espera en tedio nostálgico. Tampoco la educada espera ha requerido protestar la tardanza. Los acontecimientos han permanecido inadvertidos…

  • Hasta un vídeo he grabado papá. -Me ha comentado entre hipos-.

Supongo, que en los tiempos que corren, el recuerdo -sea cual sea- nos ayuda en posteriores purgas nostálgicas.

Horas más tarde he recibido una muestra del vídeo referido. Junto a él, una breve y significativa palabra: Kafkiano.

En el vídeo -que no os mostraré- se veían las fachadas enfrentadas del Mercado y la Iglesia. El olivo indultado junto al negro monovolumen. Y una algarabía de músicas y coloridas comparsas desfilando por la estrecha calle.

Se diría que no pudo elegir mejor desfile para partir.