Nadar y guardar la ropa.

Hoy me he comido una Gallega.

(tampoco flipéis)

La tortilla de papas -prefabricada- … como las casas ídem.

El viento de Tramontana permitió que el pan permaneciera crujiente.

Morder la corteza y observar el deambular de las migas -Muchas, y que limpie otro..- por la mesa del comedor del curre, me inspiró este artículo.

Dicho esto… me lo guardaré para mi.

Saboreando la nostalgia.

De las tres moscas que jodían mi gastronómico receso, tan sólo una consiguió remontar vuelo.

Que se jodan!

Haber sido más hábiles…

Pan y tortilla

Obras, jubilados y actos de amor.

El otro día subí -tironeando los perros de mi- hasta la parte más alta del pueblo. Allá en dónde está el Depósito Municipal de Aguas. Generalmente, por estas zonas costeras de pueblos llanos, estos depósitos se encuentran en las cimas de los montes aledaños al municipio. Como el pueblo en dónde vivo está construido en diagonal con respecto al terreno en pendientes de hasta el dieciocho por ciento, tenemos, en lo alto del pueblo un depósito de agua.

(tenemos otro, de estilo modernista, en mitad de la plaza, un antiguo depósito que suministraba agua para -por gravedad- activar los juegos de poleas que hacían funcionar la maquinaria de la industria corchera de principios del siglo pasado. Ahora sólo sirve como atalaya de interés turístico, para ver -y chafardear- los tejados del pueblo hasta el mar. Otro día os pongo una foto)

En fin.. tras mucho resoplar, llegué a la cima del pueblo, me senté en el primer banco -desfallecido- sin atender siquiera a buscar el que tuviera mejor sombra. Así andaba de derrengado.

Andaba yo en mis tareas de sacar la botella y el bebedero plegable para mis chuchos, cuando se me acercó un viejito. Ya sabéis.. uno de esos que, con bastón en mano y paso corto, van colonizando todas las obras en construcción de cada pueblo o ciudad, para comprender los entresijos de su embrionaria cimentación hasta felicitarse por llegar a ver -una vez más- como se consigue tejar y “poner la bandera”.

Amable, se me plantó delante. Corrigió su gesto ante los ladridos territoriales de mi perro -no consigo quitarle la manía de pretender el terreno conquistado cada vez que me siento a leer en un banco- y tras permitirse avanzar una mano para que el chucho le huela y se tranquilice, comenzó su perorata hablando de mil cosas al tiempo. Que subía allí todos los días .. Que había cumplido ya los ochenta y dos años. Que cuánto calor. Que qué bien se estaba en ese lugar. Que qué me parecía la vista sobre el pueblo. Que si tal.. cuál o Pascual..

Generalmente les permito hablar, igual sin prestarles atención infinita, pero les escucho -conversando pero sin pretender interrumpir mucho-. Hace ya años que comprendo que permitirles hablar les hace bien. Vivimos en un mundo de prisas y el frenesí diario a que nos obligamos no siempre nos permite ser amables con las personas mayores. Como ya mi padre falleció hace diez años y nunca nos comunicamos mucho, y a mi madre la veo poco.. hago una especie de terapia. Si yo me permito escuchar a estos ancianos, seguro que otras personas como yo, igual escuchan lo que digan mis familiares mayores por ahí repartidos.. es como lo de La Cadena de Favores. Para mis ojos es nivelar el karma. Y me siento bien.

La conversación con el viejito se tornó más interesante. Primero me explicó que había trabajado en la construcción. Luego que había sido taxista un par de décadas. En algún momento sufrió una hernia discal que le operaron con éxito. Luego se lió con las fechas, si bien me contó lo que había sufrido al poner baldosas de suelo tras salir del hospital.. se dio cuenta de que la hernia la padeció con el taxi. lo recordaba porque el médico -muy amable- le metió un chute para que pudiera volver para aparcar el taxi en lugar de olvidarlo en la ciudad donde le iban a operar. En cualquier caso, no importaba mucho. Él, aunque contrariado, se sentía feliz de ser escuchado y yo, por ende, satisfecho de que sintiera así.

De repente, aparece una joven, que llega corriendo, chándal, treintañera, de buen ver, enseñando… y el viejito me mira con gesto inquisitivo y me pregunta:

– Qué te parece?

Antes de que yo llegue a articular palabras me suelta:

– Es hermosa, verdad? A mi ya no se me endereza. Pero sigo disfrutando de la vista de una mujer hermosa.

Mientras, le dejo seguir explayándose sobre que todo llega con la edad.. que unas cosas funcionan y otras no. Que es una lotería -la lotería de la vida, me dice-, sobre que órganos se marchitan antes que otros. A unos nos falla el corazón, a otros las articulaciones, a otros el cerebro, alzheimer, la próstata… una lotería.

Mientras barrunta sobre que a todos nos llega el día de.. seas pobre o rico, la muchacha se larga tan rápida como llegó y yo me que hipnotizado con las palabras de un hombre que casi me dobla la edad, al que acabo de conocer y que con toda soltura es capaz de confiarme que ya no se le “endereza”.

Escapando? de la lluvia

Escapando de la fina lluvia hemos recabado a refugiarnos bajo un gran algarrobo que hay frente al tanatorio municipal. La caminata matutina se ha truncado ante esta vicisitud.
Hábilmente, el ayuntamiento, ha tenido a bien colocar un par de bancos a su cobijo. Es de esperar que -por el rastro de colillas reinante- este espacio albergue una sensibilidad especial.
(no es el momento de quejarme ahora sobre lo guarra que es la gente, aunque.. -aun tratándose de dolosos momentos- podría hacerlo)
Hemos coincidido con el cortejo fúnebre mientras bajábamos el puente de la autovía. Desde lejos todas las viudas parecen iguales. Da igual altas que gordas, rubias, morenas, sexys.. El semblante afligido se impone.
He reconocido a Eva. Hacía mucho que no la veía, ya no trabajaba en el bar de su hermano. La crisis..
Me ha reconocido y agradecido mi presencia. Yo, sin comprender en principio y cauto, he conseguido dilucidar que había sido su hermano el que ayer era noticia en el pueblo. Se había pegado un tiro con su escopeta de caza. Tras mediar breves e inútiles palabras de cortesía.. he permanecido bajo el algarrobo hasta que la lluvia a dejado de caer.
Los perros han agradecido el descanso.

No he podido dejar de pensar..
Que bien se está bajo este árbol. Volveremos.
Más tarde en sentido literal.