Sueños apocalípticos.

Es extraño…

Tras una siesta en el sillón he despertado con la tv encendida emitiendo una película, Nicolas Cage, astrofísico, una lengua de fuego solar nos freía irremediablemente (por fin).
Como me parecía un tema manido me he puesto a mirar Facebook y leo:
Una noticia, desde los USA, con el aval de Obama, que hace referencia al mismo tema, una posible no muy futura radiación solar que achicharraba satélites y GPS’s de toda la tierra y que nos lleva a un caos total durante unos años.

Podéis imaginar la casualidad?

Y con el beneplácito de, nada menos, que el presidente de los USA (aunque le quede poco).
Me vuelvo a quedar frito en el sofá.
Me despierto con The Mexican. Aquel filme donde James Gandolfini actuaba como sicario homosexual acompañado por Julia Roberts por las carreteras mientras Brad Pitt…
(en fin, a quién le importa…)
El caso es que en mi sueño era el fin del mundo de verdad.
Ojo!! Y sólo yo lo sabia -como si hubiera recibido una revelación a modo de epifanía-, entendéis?
Que gran actor fue Gandolfini. Ya casi sólo lo relacionaba con Los Soprano.
En fin, que me pierdo…
El caso es que el fin del mundo me pillaba en Figueras. Dejando a mi madre con mi hermana, tras haberla llevado al médico en Bcn.
Estar en Figueras, no tengo nada en contra de esa ciudad, no la conozco, se me antojaba un insulto. Entonces, me bajaba del tren (mi madre desaparecía en el sueño) e iba corriendo hasta Palafrugell.

Corriendo. Con la cojera!! Os imagináis?

Yo que no corro ni para buscar dinero!!
No he contado nunca esto?
Todo el mundo sueña que alguna vez se topa con que se caen las sacas de dinero de un furgón blindado, se abren y la gente se vuelve loca recogiendo billetes a manos llenas. Mi mujer, seria como el Tío Gilito, me la imagino, desbocada, cogiendo billetes con un innato criterio selectivo para coger primero y más rápido, los de más valor, sabéis?

Pues yo, fiel a mi frase, si que cogería alguno, -pero sin matarme, para qué-, entendéis??
Bueno, al lío, que me extiendo mucho si no, el caso es que corría y corría porque quería morir abrazado a mi mujer.
También me hubiera gustado abrazar a mi hija, pero está en Portugal y, ya seria la hostia correr hasta allí…
En fin. Si al final en la administración de Obama tienen razón y, resulta que en breves días todo se va a la mierda, procurad que os pille abrazadxs a las personas a las que más queráis.
Y, si luego… No hay fin del mundo, cuando me veáis recogiendo billetes del suelo, recordad que gracias a personas como yo podéis pillar más pasta.

Recuerdos padre.

Creo que ya lo expliqué una vez. Aunque igual fue en otro sitio, en otro soporte. Se escriben tantas cosas a lo largo de una vida…

Imaginad: Vacaciones de Navidad. Toda la familia junta. Frente al televisor. Debía rondar yo los nueve años, siete mi hermana, casi dos la siguiente, la pequeña no andaba en proyecto..

En el sofá, de derecha a izquierda: Mi padre, mi madre con la bebé al pecho, mi abuela con la segunda sobre el regazo. Yo?

Yo jugueteando sobre la alfombra a los pies de todos..
De repente, ingenuo, pregunto:

 

  • Papá, es verdad que los Reyes son los padres?
  • Pues a ti te iban a traer mierda.

 

Silencio. Silencio ¿glacial?

Comprendo que el exabrupto fue su manera de hacerme comprender que le iba a fastidiar la ilusión a mis hermanas pequeñas. Aunque con los años fui acariciando la idea de que en realidad era a él a quien le rompía la ilusión de poder seguir manteniéndolas pequeñas de inopia, pequeñas (sus nenas), aun faltaba otra por llegar -ya dije-.

Ninguna pareció coscarse. Eran muy pequeñas aun. Tal vez fuera yo más mayor y ellas en la cuidada progresión numérica citada ya supieran -mejor que yo- hablar cuando tocaba. No se… Importa?

El caso es que no recuerdo mucho más de aquella intervención.

Los recuerdos de infancia son como flashes de luz. Iluminan un segundo, dentro del cual percibimos multitud de detalles -como cuando entramos a oscuras en una habitación, encendemos una cerilla-,  y para cuando los ojos ya se han aclimatado a la penumbra, el fuego nos quema las yemas de los dedos y soltamos la misma sumiéndonos en un negror.

Recuerdo un sueño en el que en una de estas entradas a la habitación, me doy cuenta de que tan sólo poseo una cerilla, justo cuando me quemo los dedos una figura familiar se aparece en un rincón de la sala. Imposible volver a escudriñar…

Hoy he soñado con cuando mi padre llegaba del trabajo y le daba el beso de saludo de rigor.
Al recuerdo, amable, he despertado tras derramar alguna lágrima.

 

A través del muro.

La pared. Ese frío muro que separa nuestras vidas… Nos separa.
Nos separa?

Recuerdo (te recuerdo), apoyada en la pared, permanecías quieta, a la espera de que tu desnudez…

Un momento ! Empezaré por el principio:

Recuerdo un poema que le dediqué a una… ¿amiga? hace años. La conocí en un hotel. Bueno, a decir verdad, conocerla es mucho decir, dudo que ni tan siquiera se percatase de mi existencia.

Cuando salí del ascensor la vi salir, de un pasillo mal iluminado. No me pareció particularmente atractiva. Unos tejanos de cintura baja permitían la breve contemplación de un tatuaje tribal. Sin más ambición que la de encontrar el número de mi habitación, seguí mi camino tras el tatuaje. Con la mirada clavada en él -quiero decir-.

El azar me gratificaba con un regalo inesperado. Habitaciones contiguas. Nos saludamos sin mirarnos y cada cual desapareció tras su puerta.

Hacía calor. Mucho calor… (ese calor pegajoso de los agostos mediterráneos que apelmaza los sentidos pero que permite gozar del sudor ajeno).
Ojo! No hablo de malos olores. Nada zafio. Tan sólo como cuando los hilillos de humedad discurren escote abajo. Como cuando la melena permanece húmeda hasta gotear. O como cuando los muslos interiores se deslizan con esa deliciosa fricción en los andares… ya sabéis de lo que hablo.

El hotel era barato. No había aire acondicionado. Descorrí una tupida cortina y abrí ambas puertas del balcón. La visión de los tejados de aquella pequeña ciudad me confirió cierta relajación sin llegar a satisfacerme. Inspeccioné el baño, me desnudé, me di una ducha fría y, tras secarme con una toalla que apenas albergaba toda mi cintura decidí tumbarme en la cama.

En la habitación contigua, una suerte de ruidos me hicieron pensar que mi “amiga” estaba repitiendo los mismos recorridos que yo. Imaginé hasta dónde llegaría el tribal y la erección fue inminente. Me levanté. Con sigilo, me asomé al balcón y fue cuando la vi.

La vi, (a través del doble espejo que formaban ambas puertas de nuestros balcones abiertos), apoyada en la pared contigua a la mía. Permanecía quieta y desnuda con los hombros y el culo pegados a la pared, -era como si pretendiera absorber la frialdad del muro para refrescar su cuerpo.

La luna de cristal de la puerta semi-abierta no me permitía ver mucho más -y tampoco estaba yo por la labor de dar un espectáculo con mi miembro erecto, desde aquel segundo piso-. Me concentré en lo que veía.

No pude por menos que calcular para ponerme detrás de ella (con el muro en medio) e intentar abrazarla, sentir la humedad a través del muro, restregar mi sexo, hablarle, convertirme en un depredador de la noche…

Y como decía al principio, le dediqué unos versos:
Deslizo mi ávida lengua
sobre tus negras orejas.
Deslizo mis cálidas manos
sobre tus viscosas alas.
Deslizo mis largos colmillos
sobre tu pálido cuello.

Luego te muerdo..

Entre suspiros,  profundos jadeos,
entre azufre y brillo de luna,
entre muertos y enfermos,
entre dolor y placer.

De nuevo te amo..

Ahora que la sangre tiñe tus pálidos pechos,
ahora que tu sonrisa es mueca de dolor,
ahora que tus ojos estallan,
ahora que tus manos se crispan,
ahora que tu eres mía.

Gozo asesinando tu pudor
satisfecho mi sobrehumano apetito…

Deslizo mi ávida lengua,
dentro de mi ensangrentada boca,
deslizo mis cálidas manos
dentro de mi sucia piel,
deslizo mis largos colmillos,
dentro de mi blasfema boca.

Y luego parto…

Entre nubes y blasfemias,
entre brisas y sonrisas,
entre humanas podedumbres,
entre dios y demonio.

De nuevo te he asesinado…

Ahora que la sangre ha teñido tus pálidos pechos,
ahora que he roto tu sonrisa,
ahora que he bañado tus ojos,
ahora que he crispado tus manos,
ahora que de nuevo te he hecho mía.

Ahora parto…
soplo asesino sin cuerpo, hacia mi diabólica morada.

No recuerdo (muy bien) que tamañas barbaridades se me ocurrieron en aquel ¿íntimo? momento, lo que si sé es que escuché los gemidos de su propio placer a través de aquella pared.

No me hago ilusiones.
Tal vez ella misma se los provocaba? Tal vez me escuchase, Tal vez un acompañante la hacía gozar? …

(la sugerente fantasía de tal vez hacer un sanwith con ella -con la pared de por medio para preservar mi intimidad-, aporta un extraño morbo al asunto)

Eso nunca lo sabré.

 

El Coño de la mujer sin cabeza

El Coño de la mujer sin cabeza. (sueño de corte erótico?)

El susodicho -suertudo él-,  protagonista de éste relato se demoraba libando el placer que emanaba de la rosada y abierta grieta.

Para ser exacto, he de decir que desde mi posición privilegiada, podía discernir con claridad cómo aquel sujeto mantenía atenazada a su compañera de juegos eróticos.

Con la cabeza sumergida sobre su pubis y los brazos por debajo de los muslos de ella, la mantenía con las piernas obligatoriamente abiertas, expuesta.

Tampoco recibía queja alguna, -entendedme-.

Las manos de él -hábiles-, permanecían, acariciadoras, sobre el vientre de la mujer. Controlando al tacto, los estertores de su respiración desacompasada por los espasmos de placer proferidos.

En un momento dado, aun sabiendo que se iba a arrepentir del gesto, nuestro protagonista se permitió alzar la vista más allá del breve penacho que coronaba el Monte de Venus de su compañera. Fue entonces cuando se dio cuenta de que la dueña de aquel jugoso manjar carecía de cabeza.

Más allá de los pechos -harto conocidos, dicho sea de paso-. El pezón izquierdo ligeramente hendido,  como si aparentemente hubiera sido mordido por alguna ulterior criatura hambrienta.. No había nada.
Levantó algo más la mirada, perdiendo con ello succión en su tarea -lo cual provocó a su vez, que las manos de ella se crisparan sobre su cabeza para aferrarlo con fuerza-, y al comprobar que, evidentemente, la aulladora carecía de cabeza…

Me vais a perdonar que os corte el rollo. Justo aquí desperté de mi sueño.

Estuve un rato -para qué negarlo- intentando, a fuerza de cerrar los ojos, que continuase mi sueño. No hubo manera. El sentimiento de culpa parecía imperar sobre todo lo demás. Aquí he de explicarme…

(no sin antes admitir que estuve dos horas largas tumbado en la cama, con los ojos como platos, hasta conseguir “comprender” los porqués y consecuencias de mi sueño)

El protagonista del sueño era yo. Obvio, no? La protagonista de los gemidos no era otra que mi anterior ex-mujer, (de ahí el conocimiento pormenorizado de su anatomía).

El hecho de que estuviera desposeída de cabeza, supongo que es algún recurso de mi cerebro para, -aun estando dormido-, proteger, -si cabe-, el hecho de no vulnerar la fidelidad hacia mi actual esposa.

Aquí, -a partir de ahora-, he de abrir (una vez habiéndome disculpado) un paréntesis en mi relato.

Sobre mis prácticas sexuales preferidas, siempre destacó, -por amplio margen-, el cunnilingus. No me importó mucho nunca, no recibir en reciproca excitación el mismo trato. Si les apetecía, bien, y si no.. yo a lo mío.

Durante muchos años, mis devaneos -muchas veces extra-conyugales-, me permitieron buscar, comprobar, disfrutar, observar, degustar… Qué voy a contaros que no sepáis? Incluso en los momentos menos álgidos de la excitación lujuriosa he bromeado con sus respectivas dueñas sobre el PH de cada cual. Como una íntima y secreta manera de hablar a nivel de pareja.

Con las experiencias recabadas se podría decir que podría escribir un libro. No lo haré. Faltaría más. Pero si podría hacer gala de escabrosas experiencias sobre conductas, estilos, usos -y abusos- de drogas, estimulantes, díldos y demás algarabías, fruto de la puntual búsqueda de un placer no tan secreto como extendido.

Qué mueve a nuestro cerebro a solapar recuerdos en pos de una decencia harto trasnochada?
Hace diez años -el próximo junio los hará-, que dejé de buscar el sabor sublime. Por razones obvias, claro está.

Sin embargo… Que peligroso es nuestro subconsciente cuando el instinto, la actitud, comportamiento o deseo, subyace bajo la frágil intención de unos ojos dormidos.

Perros y pataletas.

Esta noche soñé y en sueños me recriminaba sobre cuán machista sonaban mis palabras.

En mis sueños, mientras fregaba los platos, les gritaba a mis seres queridos:

  •  …pues podíais fregar vosotros y yo haría lo mismo que tu o tu hermana. Joder!

Desde su sofá me devolvian la mirada, incrédula, bobalicona..

  •  … que estamos hasta las narices de recoger vuestras mierdas y vuestros juguetes de debajo de los sofás.

Boquiabiertos, atentos, serviles, fieles.. mis perros no dejaban de observar mi ir y venir por la casa..

Sobre viajes astrales.

Últimamente, al despertar, siento como si me hubiera desprendido de mi cuerpo hacia algún viaje astral.

Y necesito algunos instantes de más para volver a reunirnos -mi cuerpo conmigo- y conseguir levantarme.

Es una sensación parecida a como si le costase volver… -aun no comprendo si lo hace a conciencia, como si (mi mente) prefiriera permanecer desligada al cuerpo- …para reanudar el cambio de karma.

Cuando me drogaba.. -los estimulantes que mecían mi cerebro- me permitían comprender con más facilidad las distintas órbitas que conformaban las norias.

Qué placer cuando chocaban dos norias!!

…sin embargo.. ahora es como si se hubieran vuelto perezosas por volver.

(lo cual me permite, espacios inconexos de realidad. Espacios en los que mi pensamiento dormido, mi cerebro, en suma, aun no ha llegado cuando mi cuerpo ya parece haber despertado)

Envejecer. (el abuelo del Maravillas)

He estado alejado de esto unos días. No por ello he dejado de reflexionar, claro.

Mis disculpas.

Vamos con la primera:

He querido titularla OBSESIÓN. Aunque no se si es exactamente eso?

En los últimos meses, aprecio cómo encuentro “parecidos” con personas conocidas en otras vidas.

-Y no me refiero a haberme reencarnado, con otras vidas siempre me refiero a los años vividos, a mi pasado. El cuál está bien diferenciado con mi ristra de relaciones-. A lo que iba..

En los últimos meses, tal vez un par de años, el deterioro físico que siento, me hace recapacitar mucho en la observación de personas de más edad. Espiándolos. Observando sus gestos. Escuchándoles hablar -si tengo ocasión-, encontrando asombrosos parecidos en el recuerdo de otros que conocí en mis vidas pasadas. Generalmente -curioso, o no tanto-, son personas mayores.

En el barrio veo a un abuelo que es idéntico al abuelo del Maravillas. Un restaurante que frecuenté en otra provincia a mediados de los años noventa.

Está idéntico a la imagen que, en mi cerebro, guardo de él. Sin embargo han transcurrido treinta años. Aquel debió fallecer hace ya, mientras a este le debe quedar una década?

Lo de “obsesión”, -a veces me paro a pensar- es sin duda porque observo cómo me encuentro más cerca de ellos ahora, que de los recuerdos que de ellos tengo.

Me fastidia no recordar su nombre.