POR FAVOR.. Pasen, por orden de fila, por la otra caja……

Ayer me crucé con uno de esos tipos a los que tanto apetece decirles..
– Perdone..
– Si..? Es a mi??

… Y cruzarle la cara dos veces PIM PAM.

Os cuento.

Me llamaron para una reunión (no programada) del curre a media mañana. Aún andaba metido en la cama cuando contestaba al teléfono. Como sé cuánto tienden a dilatarse estas desorganizadas historias, me zambullí en la misma ropa del día anterior y antes de bajar a la baticueva a buscar la moto, accedí por la puerta adjunta al ascensor del centro comercial con el que compartimos aparcamientos, para adquirir algo que me sirviera de almuerzo improvisado.

Tras comprar rápido me puse en la cola más cercana al ascensor, la cajera, muy amable ella, sonreía entre dientes con cara de circunstancias ante las repetidas negaciones del datáfono con la tarjeta del individuo de delante..
El sujeto repetía sin cesar, cada vez con un volumen de voz más audible aquello de:
– Cada vez que cruzo la frontera me pasa lo mismo.
– Cada vez que cruzo la frontera me pasa lo mismo.
Y un servidor, con la prisa por no llegar tarde al curre, mordiéndome el culo..
– Cada vez que cruzo la frontera me pasa lo mismo..!!
– CADA VEZ QUE CRUZO LA FRONTERA ME PASA LO MISMO.. -seguía repitiendo el cliente-, cuando los ojos de la simpática cajera me devolvieron a la realidad de que mis pensamientos debían haber dejado de serlo para convertirse en un más que audible:

  • Pues no la cruces hijo de puuuta.

A pesar del régimen, mis ciento siete kg obraron milagro porque cambió por otra tarjeta que si funcionó.

  • POR FAVOR.. Pasen, por orden de fila, por la otra caja……

Un carro en mi ascensor (2)

Hace unos días, contaba lo de mi aventura con el carrito de compra en el ascensor:

https://montxomon61.com/2016/11/25/un-carro-en-el-ascensor/

He de aclarar, que en realidad, esta historia ya la gesté hace unos años. Creo que comenzó con algo así:

– Era una apacible mañanica, antes de darle a los vidrios, (no recuerdo ahora si ya comenté sobre la indirecta ofrecida por mi esposa, acerca de un extraño juego de palabras formado por :”limpiar cristales”, “cena de navidad” y “familia”, que bien conjugado, me ofrecía con claridad meridiana, sobre quién iba a recaer el esfuerzo en la tarea), en la que imaginé mi aportación al amigo invisible comunitario. Una experiencia lúdica, solidaria y barata, de echarme unas risas en estas fechas navideñas.
Os explico:
Yo vivo en un edificio con múltiples escaleras, creo que nueve, de entre cinco y ocho pisos de altura y seis puertas por rellano. Todas ellas comunicadas por los parkings. Además, tenemos la suerte de compartir también, el parking de un supermercado.
El caos de un sábado por la mañana es espectacular para los sentidos. Todas las hormigas se mueven al unísono en perfecta armonía..
Pues el año pasado, un día de los pocos que bajé por las escaleras (yo vivo en un 5º), pude constatar una queja de la que sabía por mi mujer.
– El encargado dice que nos roban los carritos de la compra.
Yo no dije nada. Generalmente, en nuestro rellano siempre hay alguno, en ocasiones he contado hasta tres. Bajando tan ricamente por las escaleras, pude comprobar cómo había uno en el quinto, dos en el tercero, otro en el segundo, etc.. etc..
(Si sumamos las dos hileras que hay en la calle y las tres que hay en el subterráneo del parking, se pueden contar doscientos carros rápidamente), si le restas una media de ocho, por nueve escaleras, el resultado es espectacular.
Generalmente, en cada entrada de portería se forman corrillos de vecinos que se saludan, hablan, insultan o flirtean continua y simultáneamente. Comentando los chismes del entorno: “Que si le ha crecido el culo a la rubia de la peluquería de la escalera dos… “, “Que si el vecino del 3º C de la escalera siete se orinó en el rellano cuando subió borracho cuando su mujer lo echó de casa..”,  “Que si la vecina de debajo mío le cuelga la ropa mojada chorreando al marroquí del primero”, “El mismo que degüella al cordero en el patio de su casa cuando están de Ramadán…”
En fin…
Bueno, al lío.
El año pasado subía yo con mi barra de pan -mirándome sin ver en el espejo del ascensor-, (un día de esos en que el bizcocho me había salido fetén) y se me ocurrió:
– Joder!!   Y qué pasa si coges un carro (de esos vacíos que hay en cada rellano), y lo metes en el ascensor a su suerte..??
(aquí recomiendo leer el enlace anterior)
Y no pasó nada. Nadie respiró ni por el culo.
En eso, dándole una vuelta de tuerca más al asunto, se me ocurrió un día, forzar un poco más la historia.
– Qué pasa si dejas el carro en el ascensor con la barra de pan dentro..??
(Total.. Qué pierdes..?? Los cincuenta céntimos del carro y los treinta y cinco de la baguette..??)
El experimento te sale barato. Amen de los cincuenta minutos que espías por la mirilla -que incluso si te da hambre, puedes hacerte un bocadillo y beber unas birras-, (Desde la mía, se ve la puerta del ascensor al abrirse), y vamos, para la mierda que dan por tv… Mucho mejor este experimento voyeur.
Como ya dije:
Un éxito. La barra desapareció. El carro (con su moneda) al segundo viaje, también.
Durante un par de días.. Alguno comentó la jugada.
Este año, me apostaré en distintas escaleras, tal vez desde el parking, con paquetes de arroz, alubias, galletas…
Solidaridad…?
Se aceptan apuestas.

Un carro en mi ascensor.

Veréis..
En donde yo vivo… El parking del edificio es compartido con un Supermercado, de modo que desde mi ascensor, se llega a través del parking, al Super.
Lo normal, por consiguiente, es coger el carrito con la compra, cruzar por el sótano y con el ascensor… Llevarlo hasta la cocina.
Hasta aquí, fácil…

(Otras veces se te cae la cara de vergüenza, cuando los lunes, sales corriendo a las cinco de la mañana para ir al curro y te topas con que además “del tuyo”, hay hasta otros dos en el rellano).
Eso sí, todos bien aparcados delante de su correspondiente puerta.
Como somos cinco vecinos por rellano, a veces, éllos (los carros), parecen jugar al escondite.
Por no hablar de la cara de haba que se te queda… Cuando oyes hablar al Segurata del comercio.. renegando sobre: ¿donde estarán los carritos?
Porque claro, mientras haces cola para coger la barra del pan, te haces las cuentas… Seis escaleras de cinco plantas más dos escaleras de ocho plantas… A cinco vecinos por planta… Aprietas el culo.. Y te vas.
Desapareces por la puerta que baja al parking (y sueñas para recordar si pusíste una moneda de Euro o una de 50 cts), y bajas a devolverlo..

Es entonces, cuando se me ocurrió la siguiente idéa:
– Por 50 cts, que lo devuelva su puta madre..!!
Lo metes en el ascensor, miras alrededor, y te metes en casa.. (A esperar).

Pasan los minutos, pero curiosamente no se oye nada..
Cuando ya no puedes más de imaginar situaciones, coges las llaves, te pones la chaqueta y sales a ver qué pasó.
Llamas al ascensor.. -por supuesto al “tuyo”-. Y los segundos que tarda en aparecer son sublimes para la curiosidad..
Se abren las puertas y.. puf… Vacío. Miras y remiras, como si Houdini te hubiera explicado el truco más famoso de su carrera, entras, pones cara de poker.. y, bajas.
Nadie protesta…
Nadie comenta, nadie sabe nada (tampoco preguntas, para qué..??)
Se lo iba a comentar a mi esposa (con otro argumento), cuando caí en la cuenta de que tenía entre manos un juego sobre el que escribir por poco dinero..

Ahora ya lo he hecho desde el parking directamente, menos control, perfeccionando la técnica permitiendo “abandonar” a su suerte objetos de mínimo coste… Con un bote de Nocilla dentro, o un barra de pan, o un paquete de compresas…
Nunca pasa nada.
Hace ya unos días empecé a “chismorrear”, cuando, ocasionalmente, coincido con algún empático vecino, con frases tipo:
– El otro día, mientras subía del Super.. Sin querer se me fué el ascensor con el carro dentro…
– Ah.. si..ii..?? Y.. lo cogíste.. te lo devolvieron..??
– No.. Por eso te lo comento.

Al día siguiente o al próximo.. De nuevo en el rellano, cuando me cruzo con el mismo vecino que va a pasear al perro, tras saludarnos, me comenta:
– Sabes aquello.. ? Que me comentaste el otro día..??
– No, (miento como un bellaco, esperando su respuesta) A qué te refieres..??
– Si hombre.. Lo del carrito del Super.. Creo que fué la vecina del… Me lo ha dicho mi mujer.. No te han devuelto la barra de pan..??

Entendeís..??
Esto me lo acabo de inventar, todo..
Pero creo sinceramente que crear una leyenda urbana es facilísimo…
Sólo tienes que tener un poco de imaginación.

Miseria en las calles.

Ahora que ya parece que la economía se mueve (un poco al menos), recuerdo una conversación que mantuve con mi esposa, ahora hace ya tres o cuatro años, cuando el principio de La Crisis.

La Crisis. Terribles palabras que ya denotan por si solas toda una etapa. Por eso las escribo -ambas palabras-, con mayúsculas.

  • MISERIA EN LAS CALLES.

(un breve, aunque agrio, ejemplo sobre una conversación con mi esposa)

 

La mujer volvía a quejarse,  su jefe le había vuelto a ponerle inventario de noche -ella tenía turno de mañanas-.
– Cómo es posible, que si el sábado salgo de trabajar a las 14h. hasta el lunes, tenga que ir el mismo sábado a las 21:30h. para hacer inventario? -Se lamentaba al marido!!-.
El marido, la contempla.. “distraído”.
– Todos los finales de mes son iguales, siempre te toca a ti ir a inventariar? Tu jefa no se da cuenta..? No es posible que el inventario lo haga la que salga del turno de tarde? -añade-.
La mujer renegaba un mes tras otro.
– He de ir a hablar con el encargado.. Estoy harta. Me faltan horas.. He de hablar con Recursos Humanos..
El marido, -divertido-, continuaba observándola.
– Si quieres voy yo.. le invito a un café y le pregunto: ¿Cómo “organizas” un fin de semana si cada fin de mes me haces la misma historia?
La mujer reía (sin ganas), la ocurrencia, mientras le decía:
– Calla, calla. Hoy he ido a hablar con él. Me lo encontré en el pasillo de perfumería. Sostenía entre las manos un cartón vacío. Le hablaba a un señor mayor -un viejito, que hubiéramos dicho en otras circunstancias-. El encargado, con su traje bien planchado, la corbata con el logotipo de la empresa bordado, los ojos serios, la mirada baja.. le decía:
– Por favor, entrégueme la colonia y váyase. No comprende que si no me la da, tengo que llamar a la policía. ?
La mujer, avergonzada, giraba por otro pasillo.
– (Mañana le reclamaré mis horas), total, yo si tengo trabajo.
El viejito serio, mudo, cabizbajo.. -seguro recordaba mejores tiempos, plenitud, energía, guerra civil, nietos..- En silencio lloraba.
El marido ya no ríe las injusticias para con su mujer..

(el marido sólo deja constancia escrita de estos tiempos de miseria en las calles)
– Y más que vendrían, (pienso en voz alta)

En la cola del supermercado.

En la cola del supermercado.

Mientras espero en la cola del supermercado, observo en silencio cómo un disciplinado y atento empleado, le aconseja a una señora mayor, que debería traer su propia bolsa, ya que las bolsas de plástico son malas para el medio ambiente.

La señora pide disculpas y explica:

“Es que en mis tiempos, no había esta “moda verde” que tienen ustedes, los jóvenes de ahora”.

El empleado, perdiendo parte de su cortesía, –que entiendo debería mantener,  por lo menos por tratarse de una anciana-, (Impertinente seguramente -también yo lo fui-, porque su suficiencia de pretender decir todo lo que se piensa, es lo que se llama libertad de expresión), insiste:

“Ese es ahora nuestro problema, que su generación no puso suficiente cuidado en conservar el medio ambiente.”

Tiene razón: Nuestra generación, la de mis mayores, no tenía esa “moda verde” en esos tiempos. Sin embargo, no puedo dejar de reflexionar sobre lo que aún yo conocí de los tiempos en que compartí con la generación de mis abuelos.

En aquellos tiempos, los sifones, las botellas de leche, las de vino o las de gaseosa y las de cerveza se devolvían a la tienda.

La tienda las enviaba de nuevo a la fábrica para ser lavadas y esterilizadas antes de llenarlas de nuevo, de manera que se podían usar las mismas botellas una y otra vez. Así, realmente, entiendo, se reciclaban.

Subíamos las escaleras, porque no había ni escaleras mecánicas ni ascensores en cada comercio. Íbamos andando a las tiendas en lugar de coger el 4×4 para recorrer los doscientos que dista de su casa en vacaciones para ir a comprar la barra de pan para el desayuno.

Recuerdo haber visto a mí abuela, incluso a mi madre, lavar los pañales de los bebés porque no los había de contaminante celulosa. Se secaba la ropa en tendederos al sol, en las azoteas, no en secadoras que funcionan con 220 voltios emitiendo aire caliente a la calle. Era la energía solar y la eólica las que secaban verdaderamente nuestra ropa. Los chicos usaban la ropa de sus hermanos mayores, no siempre prendas nuevas.

Entonces teníamos en casa, una radio, algunos, con suerte, una televisión, no un tele en cada habitación. Y la TV tenía una pantallita del tamaño de un cuadro, no una del tamaño de un ventanal. En la cocina, -recuerdo-, se molía y batía a mano, porque no había máquinas eléctricas que lo hiciesen por nosotros.

Describir la sensación del aroma del café, tras verlo caer en aquel pequeño cajoncillo de madera triturado irregularmente, era un privilegio no menor al hecho de que mi abuela me permitiera accionar la manivela del molinillo.

Recuerdo que para empaquetar un regalo o para hacer un envío por correo con algo frágil, usábamos periódicos arrugados para protegerlo, no cartones preformados o gusanitos de porexpán. En esos tiempos no arrancábamos un motor y quemábamos gasolina sólo para cortar el césped; usábamos una podadora que funcionaba por tracción a músculo. Hacíamos ejercicio trabajando, y no necesitábamos ir a un gimnasio para correr sobre cintas mecánicas que funcionan con electricidad.

Bebíamos del grifo cuando teníamos sed, en lugar de usar vasitos o botellas de plástico cada vez que teníamos que tomar agua. Y cambiábamos las cuchillas de afeitar en vez de tirar a la basura toda la maquina afeitadora sólo porque la hoja perdió su filo.

En aquellos tiempos, la gente tomaba el tranvía o el autobús y los chicos iban en sus bicicletas a la escuela o andando, en lugar de usar a su mamá como taxista las 24 horas. Teníamos un enchufe en cada habitación, no una regleta de enchufes para alimentar una docena de artefactos. Y no necesitábamos, aparatos electrónicos para recibir señales desde satélites situados a miles de kilómetros de distancia en el espacio, para encontrar la pizzería más cercana.

Así que me parece lógico que la actual generación se queje continuamente de lo irresponsables que eran, los ahora viejos,  por no tener esta maravillosa “moda verde” en sus tiempos.

Segnor, Rebajo?

Ayer quería contaros otra de esas historias de verano que me gusta recordar. Lo haré hoy…

Esta es de cuando curraba en un supermercado de Miami Playa, Tarragona. 1992.

Entonces (supongo que ahora también), los supermercados vendían tabaco a precio de bar. Llegaban los guiris, principalmente alemanes, y se les engañaba como a chinos (pues nunca se les explicaba que en los Estancos el precio era inferior.

Recuerdo cierta venta con “cariño” y la conversación al respecto.

LA ESCENA:

Matrimonio alemán.

  • Sra. alemana: Bite (por favor), esvansi (20), cagtones Marlboro und esvansi Fortuna… Bite.

Mi jefe, -con los ojos como los de Manolito, el tendero de Mafalda de Quino-, se los despachaba, colocándolos en recias bolsas cedidas por el Estanco donde él se aprovisionaba y les obsequiaba con algún encendedor o bolígrafo o cualquier regalo cedido por el anterior.

Y les cobraba, con su perfecto alemán (del que siempre que tenia ocasión hacia gala, para pasárselo por las narices al resto de comerciantes con los que acostumbraba a almorzar).

LA CONVERSACIÓN:

 

  • Sra. alemana: Bite segñor, rebajo?

 

  • Mi jefe: Buff, si. Mucho. Mucho trabajo.

 

  • Sra. alemana: No segñor, rebajo?

 

  • Mi jefe: Si, si, mucho. Mucho trabajo y mucho calor también. Quiere que le ayude a llevar la compra al coche? Tú, (a mi), ayuda a este matrimonio a llevarle la compra hasta el coche que te indiquen..

 

Rosi, una de las cajeras le interrumpe: De Rosi ya os hablé una vez:

(https://montxomon61.com/2015/03/15/frases-celebres-rosi-como-no-te-cabe-por-delante-te-la-meto-por-detras/)

  • Jejeje.. Andrés. Lo que estos señores quieren decir es si les vas a hacer un…

 

  • Mi jefe: YA SE LO QUE QUIEREN DECIR. Haz el favor de meterte en tus asuntos y recuerda para quién trabajas. Bastante tengo con que no te cuadre la caja nunca…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comienza la temporada de verano…

Bajo al Super.
Cojo la barra de pan. Doy un rulo por las neveras de Ofertas (mi mujer me tiene enseñadísimo), y tras no ver nada apetecible, me pongo en una cola para pagar.

Me atiende un chico nuevo. De esos que contratan para el verano. Más simpático él…
Veintinueve -me dice-.
Tiene tarjeta cliente? -continúa como un autómata..
– Si. Toma, -y tras la tarjeta le ofrezco dos monedas de veinte y una de uno..
Me mira. Y me dice:
– No. No señor, (primera puñalada), con el descuento son veintiséis.
Sin abrir mi boca de los truenos, insisto con mis cuarenta y un céntimos tendidos y, susurro:
– Así me devuelves quince, mejor. No?
Me mira. Insiste..
– Se equivoca señor, (segunda puñalada) son veintiséis. Le sobra.
Sonríe con su ortodoncia perfecta y le muerdo la yugular con un:
– Dale, dale a la maquinita. Marca lo que te doy según el protocolo.. ya verás, ya.

Coge mis tres monedas y me devuelve otras dos.
– Gracias señor. (última puñalada)

 

Me alejo de allí pensando (renegando que diría mi mujer), en que claro, como les obligan a tener estudios, experiencia, etc, etc..

 

Los perros, formales, se levantan al unísono al verme salir con la barra de pan.