Lola.

Lola (Comentando a Valeria…)

A veces, los recuerdos -insanos o no- aparecen sin más.

  • Insanos?
  • Vaa… No asomes, precisamente hoy, con el calor que hace, no estabas pintando?
  • Por qué insanos?
  • Ya sabes por qué. Y a ésta gente que nos lee -ese dato- no les interesa.
  • Tu crees? Fue tu hemisferio el que se encoñó con Lola. Cuando fuimos a su casa, fue para colocar aquellos enlucidos de madera para proteger de la humedad.
  • Vivía en un bajo.
  • Ya se que vivía en un bajo. Lola estaba loca, como una cabra. Aun recuerdo aquella noche de la lluvia de estrellas que casi acaba en lluvia dorada. Se meo encima. Mientras estaba sentada en un sillón de una terraza. Que guarra!!
  • No se meo. Se c… descubrimos con ella el punto G. Tu le hablabas de arreglarle los bajos (de su casa) a su subconsciente. Yo hablaba con ella. Bajo la mesa nuestras manos jugaban. Fue algo incómodo (para que no nos vieran).
  • Que te crees tu eso. Da gracias que era de noche..
  • …!
  • Siempre nos han atraído las descerebradas, recuerdas?
  • Claro. Así nos fue durante tanto tiempo.
  • Lola fue especial. Fue la primera, la que nos sacó del tedio del matrimonio con..
  • Chist!! Los nombres chitón. O te encierro.
  • No te atreverás! La última vez ya sabes que estuvimos sin hablarnos un mes.
  • (que descanso)
  • Eh!! Que te he oído. Estoy en tu cabeza. Lo recuerdas?
  • Pues claro…No te dará una apoplejía un día, no…
  • …!!
  • Un ictus? Cortito?
  • Eres un imbécil. Me voy. Voy a seguir pintando. Me hubiese gustado ofrecer mi visión de la relación con Lola. Después de todo YO soy el artista, tu sólo eres el sieso que escribe… Qué ibas a escribir si no? De qué experiencias contarías? Ya me llamarás, ya.
  • Si. Para comer. Recuerda que un artista es un payaso. (también)
  • Imbécil…

(¡¡Portazo!!)

En fin, perdonad -una vez más- el inciso. Estaba en que tras comentar en el Blog http://loslabiosdevaleria.wordpress.com/ ha surgido un fantasma del pasado.

  • Otro. Otro fantasma!!
  • Te juro que un día….

Tras comentar -repito-, he sentido la necesidad de recordar el episodio con Lola.

Una vez, salí con una pintora, (eso decía ella) pusimos una gran sábana a modo de improvisado lienzo, sobre un sofá. Para protegerlo del polvo.

  • Qué polvo? Quién es el fantasma ahora? Eh!!
  • El de la sierra. Fuimos a lo de las maderas. Ves como no pillas?

Le gustaban los colores morados, pintar atardeceres.
Disfruté al principio, -para qué negarlo, por la novedad- perfilando con un pincel las aureolas de sus pechos. Ella hizo lo propio conmigo. La pericia de mis trazos degeneró bastante.
Las risas, los besos, los escarceos íntimos, las mezclas de óleos y acrílicos, la técnica de empastar…
Nos reímos mucho. Menos después, a la hora de lavarse.

No la volví a ver durante años.
Dos décadas después, tras una breve visita a su ciudad -fui a un entierro acompañado de mi hermana pequeña-, nos cruzamos por la calle. Ella iba con marido. Dos niños pequeños.
Saludos, efusivas muestras de cariño, ¿De nostalgia? Nos invitaron a su casa. A tomar café, charlar. Una visita cordial.

Entrando en la casa. Pasillo al fondo. Cuando crucé el comedor y vi la gran sábana extendida en una pared, el corazón me dio un vuelco.
Vi las huellas de los excesos de hace años sobre una pared.
Instintivamente bajé la mirada al suelo, saludé a los niños y cuando la volví a levantar, el tal Javier le preguntaba a mi hermana si le gustaba el cuadro.

Lola, -la amiga pintora-, me lanzó un imperceptible guiño que no pasó desapercibido por mi hermana, que después, ya en la calle, me increpó:

– Ésta tía te ha guiñado un ojo con su marido al lado? Anda.. Vamos, que estamos de entierro!!

Nadar y guardar la ropa.

Hoy me he comido una Gallega.

(tampoco flipéis)

La tortilla de papas -prefabricada- … como las casas ídem.

El viento de Tramontana permitió que el pan permaneciera crujiente.

Morder la corteza y observar el deambular de las migas -Muchas, y que limpie otro..- por la mesa del comedor del curre, me inspiró este artículo.

Dicho esto… me lo guardaré para mi.

Saboreando la nostalgia.

De las tres moscas que jodían mi gastronómico receso, tan sólo una consiguió remontar vuelo.

Que se jodan!

Haber sido más hábiles…

Pan y tortilla

Vida de perros..

Sábado (4:23h.)

Los campos cubiertos del reflejo de la luna en los destellos húmedos del bajo bosque.

El chapoteante camino -drenado con redonda piedra de río tras las últimas lluvias que lo ha embarrado todo sin piedad-, cruje bajo el paso cansino de un servidor..

Mis chuchos corriendo felices -en apariencia-, por lejanos recuerdos generacionales.

El sordo rumor de los autos por las carreteras colindantes, nos devuelve a la realidad de re-ubicarlos y atarlos para cruzarlas..

Los Mossos, con sus cucuruchos naranjo-reflectantes, -atéridos- tras una noche en blanco en el cruce de los borrachos, nos devuelven el sereno saludo semanal aprendido.
Los parpadeos rojo rojo, blanco blanco, rojo rojo, blanco blanco de las grupas de mis canes nunca dejan de ser observados con la atención prestada por los que ocasionalmente han parado para soplar y aflojar la cartera.. tras una noche de excesos.

Llegar a la carrera hasta la oficina penumbrosa tras franquear la barrera de entrada, es un ritual aprendido semana tras semana, que parece ser suficiente para el reclamo de un premio. Tumbarse en lo alto de la escalera. Presidiendo.

Luego, a lo largo del día, llegará la rutina de correr y ladrar a todo lo que se mueva tras la metafórica barrera de sus dominios.

Vida de perros?

La clienta del piso dieciocho

Os dejo un relato en primera persona, absolutamente verídico, y con final como tenía que ser: real.

LA CLIENTA DEL PISO DIECIOCHO

Este episodio, cómico, por definirlo de alguna manera, transcurrió hace años.
Si no recuerdo mal sería a mediados de los noventa, recuerdo la fecha pues estaba recién separado de mi primera esposa, mi peque contaba entonces ocho años, me encontraba de nuevo viviendo en la casa de mis progenitores. Con ellos.
Todos los que por alguna razón volvemos a la casa paterna,  con la cola entre las piernas, orejas gachas, sueños rotos.. comprendemos perfectamente esa sensación.

Vuelta a las normas de convivencia. Falta de intimidad, resignación.
Mis padres me acogieron. Me volvieron a acoger. Hasta en alguna ocasión,  me encontré con el trago de coger de manos de mi padre alguna ayuda económica -como si a mis treinta y tantos años volviera a recibir la “semanada”-
Vergüenza se siente. Por mucha buena voluntad con que ellos te obsequien, se siente vergüenza.

{Aquí hay mucho tema que tratar. Como no es el momento,  lo pospondré para otra ocasión,  más no quiero dejarlo, quiero abrir la caja de los sentimientos frustrados también..}

En fin, he hecho este prólogo,  porque quiero dejar constancia de que comencé a tirar de todos los hilos que se me ocurrieron a la hora de buscarme la vida. Tenía una pensión que pagar cada mes y cual Ave Fénix, renacer.

Comencé a trabajar en un supermercado,  ya tenía experiencia, una década antes había estado de encargado en uno.. en esta ocasión mis opciones eran mucho más humildes, me encargaba de cargar, montar, desmontar una frutería y de llevar las compras de las clientas a sus casas Ataviado con una bata color crema, empujaba un carro hora tras hora.

Ya os he contado lo de que el hombre es el único animal que tira de un carro desde atrás? En fin.. que me pierdo.

Tras años de arduos y duros trabajos, volvía a sentirme un mozo. A veces las curas de humildad te ayudan a poner las cosas en su sitio, sin embargo,  cuesta. Cuesta mucho.
Ojo! Que no es mi intención despreciar el honrado trabajo en si mismo, sólo que me sentía frustrado.

El trabajo, pésimamente pagado para las obligaciones contraídas, tenía,  además,  el contratiempo del horario partido. Lo cual me impedía conseguir otro empleo con el que incrementar mi pecunio..

(Je, je, je… hablar a fecha de hoy, con la crisis que arrastramos, de pluriempleos, casi suena a chiste. Sin embargo, aunque no lo creáis, hubo un tiempo en que algunos trabajábamos en más de un sitio a la vez)

Al grano. Aparte de las propinas que las clientas me daban, por acarrear carros escaleras arriba, meterlos en ascensores o, subir bolsas por infinitos tramos de escaleras, comencé a repartir unas tarjetas que me hice. En ellas, me ofrecía sobre una variada suerte de oficios que podía desempeñar.  Desde arreglar una persiana, cambiar el bombín de una cerradura o pintar una casa.
Yo siempre he sido mañoso, con buena planta y mi casi metro noventa de simpatía. -Que bien me vendo? Eh?-
En fin, que lo que no sabía hacer, lo aprendía mientras lo hacía.  Luego, el buen hacer y la comprensión de “mis clientas” me iban permitiendo ir tirando. Si calculaba que lo que hacía en cuatro horas, se hubiera podido hacer en hora y media, les cobraba dos. El resultado fue que a los pocos meses me iba mejor por mi cuenta que en el supermercado. Ahora bien, no podía dejarlo, pues era la base de captación de clientela.. empecé a hacer más horas que un pirulo. Todo parecía funcionar bien, de hecho, fue así.

Mucho trabajo, pensiones cubiertas, mi hija contenta, dinerito en el bolsillo, Qué más se puede pedir?
Lo único que fallaba eran las relaciones personales. A los treinta y tantos, viviendo en casa de tus padres -los que hayáis vivido una situación similar me entenderéis-, lo jodido es echar un polvo. Ese asunto era un desastre.

En estas estaba yo, cuando apareció por el supermercado una señora de la que rápidamente me enamoré.  Me enamoré en el sentido figurado. Ni por asomo se me ocurrió nunca decirle nada. Estaba casada, con una hija pequeña bebé y, bastantes problemas tenía yo en mi cabeza, como para complicarme la vida más. Sin embargo, no os engañaré, me hacía gracia.
Como de antemano ya sabía yo que nunca cruzaríamos ese punto de no retorno, me consolaba permitiéndome convertirla en la reina de la tienda. Cada vez que empujando el cochecito de su hija, franqueaba el umbral de la tienda, el brillo de mis ojos iluminaba sus pasos hacia lo que fuera que necesitase.
No os he hablado de ella, ya no recuerdo como se llamaba -mientras escribo estas líneas, su nombre vuelve a resonar en mi memoria, no os lo diré,  no se hacen esas cosas-, en fin.. era muy menuda, chiquitita sin ser bajita, manejarla en mis sueños hubiera sido un placer, acostumbraba a vestir con vaporosos vestidos que poco dejaban intuir a la imaginación y.. ya os podéis imaginar el resto.
Nunca compraba lo suficiente como para necesitar una ayuda extra por mi parte, hasta que un día y, sólo una vez, pidió de ser acompañada para que la ayudasen a subir su compra a casa. Ni que decir tiene que solícito, acudí raudo al menester. La conversación hacia su casa fue frugal. Ambos empujábamos un carro, ella, el de su niña, yo, el de su compra. No cabíamos en el ascensor. Subió ella primero, con su carro, y me indicó que luego lo hiciera yo con el mío,  que subiese hasta el piso dieciocho. Y allí me planté, me hizo pasar hasta la cocina con las bolsas de viandas y, ante mi curiosidad por la altura, me ofreció pasar al salón para que pudiera disfrutar de la espectacular vista de una Barcelona en un día soleado y sin nubes. Hasta el mar se veía desde allí. Una gran vista.

Quiso el azar,  que mientras la señora rebuscaba en su bolso, para darme una propina, su propio gesto al inclinarse hacia adelante y, dada mi altura con respecto de ella, me permitiera observar, unos pechos pequeños pero preciosos, al ahuecársele el escote del vestido, en el gesto mencionado. Como ella miraba hacia abajo, no pudo ver mi cara de grata sorpresa, y al seguir rebuscando en el monedero, el instante se ralentizó algún segundo de más.
Al tiempo, de sus labios surgió la siguiente frase:

– Te gusta lo que ves?

Qué queréis que os cuente? Contesté que por supuesto. Que la maravillosa vista, bien hubiera valido la pena, incluso habiendo subido por la escalera. Recogí las monedas sintiendo el cosquilleo eléctrico del leve contacto de nuestros dedos al rozarse y.. contento, volví con mi carro vacío y el corazón pugnando por reventar en mi tórax.

Frases célebres? (Rosi, como no te cabe por delante te la meto por detrás!!)

Corría el verano de 1990. Entonces trabajaba en un supermercado de costa. En Miami-playa, Tarragona. (España)

Rosi, mujer menuda, era una treintañera, soltera, muy fiestera, y con mucho carácter. Su hacer y su peso -en el trabajo- le confería cierta autoridad, que le permitía ejercer como jefa de cajas sin que nadie le hubiera otorgado dicho cargo. Por aquel entonces tenía bajo control cuatro cajas con la suya. Allí trabajábamos, contando todas las secciones una veintena de personas que se ampliaba a treinta en el ecuador de la temporada de verano. -se abría desde marzo hasta octubre-

Asumía responsabilidades ajenas, sin que Andrés, el propietario, la contrariara, -para qué, debía pensar él, bastante tenía con discutir con Roberto cada día-

https://montxomon61.wordpress.com/2014/12/03/una-pareja-de-idiotas/

Carmen, mucho más amable y educada, más joven e instruida, con novio formal a la antigua.. estaba a cargo de Recepción. En Recepción, además de gestionar y anunciar por megafonía a vendedores y repartidores, se vendía tabaco, postales y sellos, libros y revistas, etc..

El supermercado, era una tienda grande. Unos mil metros cuadrados de sala, más trescientos de almacén en el sótano. -yo trabajaba entonces como encargado de compras y almacén- aquel sótano era mi reino.. para acceder a él, además de una pequeña e incomoda escalera, se utilizaba un monta-cargas. En pleno verano, prácticamente colapsado todo el día.

Juan, era el repartidor de Cervezas Damm de aquella localidad. Era un buen tipo. Joven, no tendría los ventiocho aun cumplidos. Alto. Recio. No mal parecido. Y.. debido a su trabajo de carga y descarga, muy fibrado, con buenos bíceps y poderosas piernas. Vamos, que se lo rifaban.. todas aquellas gatas, cada vez que asomaba por ahí.

Juan, a pesar de ser Autónomo con sus repartos, era un tipo tosco. Parco en palabras y, desde luego, con pocas luces dada su falta de estudios primarios.

La Sección de bebidas, cercana a la zona de cajas, ocupaba una tercera parte de la tienda, -en aquellos años, los turistas (alemanes en particular), no le hacían ascos a deleitarse en vacaciones con grandes ingestas de alcohol-, de ésta, casi la mitad estaba nutrida por decenas de tipos, clases, marcas y formatos de cervezas. Lager, tostada, pilsen, negra, de trigo, de importación, por países, con y sin alcohol.. de todo.

Por supuesto, las cervezas españolas tiraban más, -por precio, básicamente- motivo por el cual, Juan acostumbraba a venir un par de veces por semana. Nos hacía el favor de recargar de cajas de sus cervezas, el espacio adjudicado a su marca, prácticamente a su libre albedrío. Luego contábamos y hacíamos números.

En julio y agosto, debido principalmente a la aglomeración de clientes, no se permitía la entrada de mercancías por la puerta principal, en temporada baja, las normas eran mucho más laxas. Sin embargo, dada la ayuda que Juan nos proporcionaba, con él hacíamos excepción, siempre y cuando lo comunicara previamente en recepción o a la jefa de cajas y, tuviera el buen tino de no atropellar a nadie con su carro..

El día de autos, -poneos en situación- Un lunes de resaca, se encontraba Rosi contando monedas de cambio, absorta de cualquier comentario ajeno para no descontarse. Un servidor, hablando con un proveedor por fuera del mostrador de Recepción. Carmen, colocando cajetillas de tabaco en sus mínimos departamentos, de espaldas al público.

De repente, raudo y con prisa, tirando de un carro vacío, recién descargado, aparece Juan. Con la mano libre acciona el micrófono de Recepción y dice:

– ROSI, COMO NO TE CABE POR DELANTE, TE LA METO POR DETRÁS!!

Y, continúa su camino, desapareciendo por la puerta principal en dirección a su camión.

Os juro que el momento de silencio que se formó en la tienda se podía cortar con un cuchillo.

Mi proveedor calló, abrió mucho los ojos y murmuró:

– Qué ha dicho este tío?

Carmen, se arrugó tras el mostrador, muerta de risa. Mientras las cajetillas de tabaco se deslizaban desde sus manos al suelo.

Loli, -una de las eventuales de temporada alta y, la cajera más cercana a la salida- comenzó a atragantarse y a toser tras sus joviales carcajadas.

Yo, desviando la mirada de mi contertulio, en dirección a Rosi, pude comprobar cómo un rubor perlado, cálido y fulgurante subía por sus mejillas, mientras una lúbrica y muy breve sonrisa surcaba sus labios. Se puso seria un momento. Dejó de contar, cerró de un golpe el cajón de su registradora y, veloz, desapareció en dirección al office.

Cuando volvió a salir Juan con su carro vacío, repitiendo la operación de descarga, Carmen ya había escondido el micrófono bajo el mostrador, Loli seguía hipando de risa, con sus húmedos ojos brillantes..

ESADE

Hace un par de semanas, en el curre, me ocurrieron un par de episodios seguidos, que me hicieron pensar en la cruel coincidencia de que ambas personas se habían formado en esta carismática escuela de empresarios..

Estaba yo cortando el césped,  concentrado y absorto con mis protectores auditivos, cuando no vi que un coche de trabajadores externos quería entrar al recinto de fábrica.
Al parecer, uno de sus empleados,  fue reclamado vía móvil,  para que acudiera a abrirle ya que el guarda no daba señales de vida.
(decir que mis funciones como “guarda” se han relajado mucho con la “crisis”, siempre he de estar en otros muchos sitios, haciendo otras muchas cosas, que no me permiten realizar mi trabajo original)

En cuanto me di cuenta de las maniobras de los coches, los de dentro operaban para que se abriera la barrera de salida, permitiendo que el coche del exterior entrara por la misma en dirección contraria, acudí,  solicito,  para facilitarles una tarjeta de visitante por si necesitaban volver a salir, y para indicarles que si nadie les contesta (al interfono), su obligación pasa por avisarme a mi en lugar de abrir ellos, despues de todo, no son quienes para realizar dicha labor.
En un aparte, me dirigí a su jefe, para disculpandome, preguntarle si había estado mucho tiempo esperando fuera?

– Apenas diez minutos.

Le comenté que lo lamentaba, que al estar con los cascos protectores y la máquina de cortar el césped,  no había oído el móvil a donde se redirigen las llamadas, además de presentarle de nuevo mis excusas por la acritud de mis palabras anteriores a sus empleados.
Su contestación,  tan agria como su semblante..

– No te preocupes, la próxima vez que hable con tu jefe, ya le recomendaré que te quite la próxima paga de Navidad.

.. no evitó la pataleta de la mía.

– No hay problema,  en cuanto os largueis, me lio a patadas con lo que sea que hayais estado haciendo. A ver cómo justificais luego las horas..

– Joder Ramón. Que es una broma!

– Ya. Lo mío también. Sin embargo no se qué os enseñan en esas escuelas para empresarios donde os forman?  Ya que siempre que hacéis una broma para confraternizar con los empleados, tiene que ser a costa de rebajarles el sueldo. De verdad no tienen allí algún protocolo de este tipo?

Mientras sus trabajadores, a su espalda, me dirigian sendos gestos con el pulgar hacia arriba, apareció una jefa mía que, tras saludar, reclamó mi atención a otro asunto.

Miedo me da. Cada vez que aparece en festivo, es para proponerme otra nueva actividad,  por supuesto tampoco remunerada.
La semana pasada me indicó que  como andaban cortos de personal en Logistica, este año tendría que hacer yo los envíos de las nuevas tarifas de precios. Trabajo consistente en realizar los cerca de quinientos paquetes de pesados libretos de tarifas, con sus respectivos albaranes, antes de acabar el año.

Me lleva a su despacho y me informa de que a conseguido que contraten a una persona de ETT para que sea ella quien realice los albaranes de lo que me explicó la semana pasada.

Ante mi mudo semblante, me dirige una amplia e iluminada sonrisa acompañada de un:

– No estás contento?

– Perdón?

Consigo articular mientras aun siento el temblor del corta-césped en mis brazos..

– Que si no estás contento por la noticia? Ya no tendrás que realizar la parte de oficina de los envíos.

– Mira, no te ofendas.. pero siempre es mejor, recibir, aunque sólo sea una palmada en la espalda, que tener que deber un favor por un trabajo que no era de mi competencia. Nunca  nadie se planteó, tal vez, darme un extra, en lugar de contratar a otro?

(que además de hacer la parte sencilla del marrón,  sin duda tendré que ser yo quien le explique el qué,  pero esto ya sólo lo mascullo escaleras abajo tras salir de su despacho…)