Estilos de Vida.

ESTILOS DE VIDA.
(breve reflexión mientras empujaba la silla de ruedas de mi madre)

Una tarde cualquiera.
Creo aprovechábamos para ir al cine, o al médico, o a… importa el destino?

En un cruce nos tropezamos con gente bien vestida.
Ellas sus vestidos (bien planchados, almidonados incluso), ellos de traje.

Mi madre -desde su asiento itinerante-, como sin venir a cuento, apunta:

– A mi me gusta.

Sé de qué habla. La pugna lleva años fraguándose entre nuestras dispares personalidades.

– Pues a mi no. -Contesto- lacónico, sin girar la vista ni pretender desairar el comentario materno.

Por mi cabeza discurren -como munición en ametralladora- las disculpas que siempre contemplé (y que rara vez conseguí que entendiera)

Planchar obliga a una serie de segregación de clases, mamá.
Mayordomos.
Planchadoras.
… Gente a la que -aunque se les pagase en condiciones-, siempre permanecerían sometidos a…

Mientras valoro si conseguiría hacerle entender la idea embrión de mis pensamientos, una nueva sugerencia me llega desde su parloteo continuo:

– Podemos tomar un helado en la plaza…

Y aquí, es cuando me doy cuenta de que el momento ha pasado. Ya nunca nos reconciliaremos con respecto de lo perdido a través de los años.
Ya no habrá trajes-chaqueta, ni cortes de pelo, ni camisas planchadas… Tal vez entre chupada y chupada al cucurucho de turno, alargue su artrítica mano para quitarme pelos de gato de la camiseta sin planchar.

El recuerdo de aquellas putas monjas que maltrataron su infancia de posguerra, concediendo bandas a las niñas peor vestidas, lacera mi corazón -aunque siga sin hacer nada-.